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Chris Neal – Winds Of Isis (1974 / M7)

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 Para 1974, la fiebre mooger y el síndrome del teclista alquímico, del multiinstrumentista druida, se había extendido por todo el mundo. El año anterior Rick Wakeman había editado "The Six Wives of Henry VIII", álbum para mí nunca superado. Y Mike Oldfield su "Tubular Bells", al que le pasa lo mismo. Demasiado todo de golpe. Eso creó afición,  lo que es siempre positivo. En Australia, Chris Neal editó su "Winds of Isis". Tan desconocido por éstas latitudes como magnífico trabajo. No todo fueron borrachuzos rockers pendencieros  por aquellas áridas tierras. Neal creaba una mezcla apropiada de los dos "vacos sagrados" referidos. Con omnipotente tecladina a base de sintes, Mellotron generoso ,  Hammond B3 persistente, Celeste, Clavinet, Leslie Wah pedal y demás parafernalia. También le daba muy bien a las guitarras con y sin enchufe, percusiones, batería,  bajo, glockenspiel, bells  (cómo no!), mandolina, bottleneck o armónica. Invitados había en do

Scott McGill Michael Manring Vic Stevens – Addition By Subtraction (2001)

 Muchos nostálgicos de Allan Holdsworth aposentados en la  prudencia emergente se regocijan en los efluvios de Scott McGill, uno de los revolucionarios del Jazz de vanguardia más destacados que trajo consigo la dislocada década de los noventa. Otros prog lovers encontrarán en Echolyn respuestas a las preguntas planteadas por Finneus Gauge en aquellos tiempos que portaban en su mochila el eco de UK entre otras socorridas comparativas.



En el año 1997 a Scott McGill se le hubiese asociado perfectamente con Bill Connors rindiendo el mejor de sus tributos a Holdsworth a la hora de sumergirnos en su álbum debut; The Hand Farm que el sello Mellow Records nos puso al alcance de nuestras manos en la hora más bendita. 

La obra, dotada de frases de acordes y estructuras sobre un amplio despliegue de legatos recordaban entre otros al anteriormente mencionado Bill Conors, pero el virtuosismo con el que explotaba las composiciones de álbum el propio McGill nos embauco logrando admirar su concesión espiral y expansión efusiva del Jazz y la Fusión de carácter retro innovador hacia la senda de lo inadvertido por la que como McGill han transitado otros muchos guitarristas que durante la recta final de los años noventa suponían una gran amenaza para la renovación de estridencias omnipresentes en el carácter más tedioso de la vanidad protagonizada por esa otra variante de artistas que por normativa industrial ocuparon como de costumbre el posicionamiento indebido. 

McGIll y su inconfundible quema de trastes en modos Holdsworthianos nunca anteriormente escuchados, había emergido en una escena en las competencias eran sinónimo de respeto y donde cada artista sencillamente manifestaba devota pasión por la el discurso propio, sin renegar de influencias vitales. 

Su forma de interpretar se centraba en alertar los oídos de los curiosos dada su inesperado y original sentido matemático que inclusive fue mucho más allá de Shawn Lane. Pero a pesar de que previamente a la edición de esta obra existen dos trabajos de gran enjundia innovadora, el sello de McGill quedó impreso en el olfato de productores como Neil Kernon, David Torn, el teclista Jordan Rudess y los bajistas Michael Manring o Percy Jones. Su década de estudio con Dennis Sandole, profesor de eminencias como; John Coltrane, James Moody, McCoy Tyner, Jim Hall o Pat Martino trajo sobresalientes frutos de provecho entre los que también destaca su periodo como docente como profesor titular de guitarra en la Universidad de las Artes de Filadelfia y en el Stockton College de Pomona, Nueva Jersey. Ha sido el responsable de la autoría del libro; The Guitar Arpeggio Compendium y entre otras obras discográficas, responsable de un álbum que desgraciadamente no poseo y que lleva por título: Addition By Subtraction. Un disco que cuenta con veintiún años de edad, y que el norteamericano llevo a cabo con el bajista Michael Manring y el formidable baterista Vic Stevens. 



El tiempo seguirá pasando con su inexorable ley de velocidad, pero lo que nunca podrá arrebatarnos son las estampas discográficas de artistas como McGill, que permanecerán invictas ante el avance del reloj de la vida, y aunque se queden descolgadas del cada vez menos alentador relevo generacional, estarán postradas en la vitrina de los escasos cazadores del talento acontecido en la agonía del pasado siglo XX.

Luis Arnaldo Álvarez (Baterista  y Locutor profesional independiente)


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