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LA ESCENA DE CANTERBURY 8: Matching Mole - Robert Wyatt

 Tras la grabación del volumen four la máquina reblandecida optó por expulsar imagino que de manera poco agradable a su batería y voz Robert Wyatt lo que restó originalidad y lo apartó de la esencia pop bizarra típica del estilo. Los Soft sin Wyatt se convertirían en una cámara frigorífica de jazz-rock intelectualoide como ya os comenté con anterioridad.



 El deambular de músicos por esa zona geográfica era la norma habitual y prácticamente se extendió toda la década y la infidelidad incestuosa entre bandas, una constante. Como ya expliqué raro era llegar a grabar más de dos discos en estudio por parte de cada formación de la escena. A veces uno y otras ni siquiera eso. La impresión que siempre he tenido sobre este movimiento surgido en el este de Inglaterra es la falta de seriedad y desdén por parte de todos los músicos implicados. Vivían sobre la marcha y sobre planteamientos de inmediatez del día a día sin preocuparse del mañana. Cuando se es joven es normal “tener pajaritos en la cabeza” sin embargo seguir teniéndolos ya pasada una edad ya entra en terrenos de la patología o la estupidez. Es terrorífico oír decir eso de “yo no me arrepiento de nada” o peor todavía “volvería a hacer lo mismo” una vez ya has entrado en una edad madura y responsable cuando en realidad debería caérsete la cara de vergüenza. 

Los de Canterbury simplemente hicieron lo que les dio la gana en el momento que quisieron. Lejos de que considere esto poco serio y con una actitud de cierta indiferencia, lo veo hasta cierto punto como algo saludable. Dicho lo anterior puede parecer contradictorio y de hecho lo es, decir que no hay nada más patético y ridículo que tomarte en serio la vida y convertir cualquier actividad en una disciplina insoportable. Todo dentro de un equilibrio razonable desde luego. Es algo contradictorio lo que digo, es cierto. Si pensamos de forma pragmática sin disciplina, estudio, esfuerzo y sentido común no se consigue la excelencia o un resultado óptimo en cualquier aspecto de la vida. 

Pero esto siempre es una trampa y me viene a la mente el famoso hijo de puta y psicópata profesor Fletcher de la película Whiplash donde tortura física y psicológicamente al joven batería Neiman de su exigente orquesta de jazz. Todo por conseguir una perfección imposible y caprichosa. Los aficionados y melómanos a la música no son conscientes de que la mayoría de las veces detrás de esos fantásticos discos y maravillosas músicas, hay un infierno y pesadilla de exigencias y de humillación. Podría hacer una lista interminable de grandes nombres y leyendas encumbradas del mundo de la música a los que absurdamente veneramos que fueron y son auténticos demonios y tiranos. Unos auténticos hijos de puta en toda su extensión. Naturalmente lo puedes aplicar al resto de actividades y profesiones en la vida ya sea empresas, deportes y sobre todo política donde el mal y lo delirante campa a sus anchas y lo vemos a diario. 

En lo que respecta a la música todo lo serio y excelso es un camino de insoportable sufrimiento y de gente mezquina. Detrás de lo que nos gusta hay un mundo de exigencias e intereses para nada agradables. Dedicarse a la música a cierto nivel es en el fondo una auténtica pesadilla. La lista de músicos amargados e infelices suele ser mayor que lo contrario. Esto es importante tenerlo en cuenta para entender cómo funcionan en realidad las cosas en todos los aspectos de la vida.

Por tanto, creo que la llamada escena de Canterbury la tomaron más como una forma de evasión y entretenimiento de ocio que como una odiosa actividad profesional seria exigente y responsable. Naturalmente hablo generalizando. Seguro que había algún personaje contrario a lo que digo. Sin duda.

En 1971 y ya fuera de los machineros Robert Wyatt decide montar su propia banda Matching Mole donde las referencias irónicas del nombre a sus antiguos compañeros es más que evidente. Si alguien pensaba que Robert iba a realizar una música más pop psicodélica que se desengañe por completo. En la banda entran personajes como Phil Miller, guitarrista ex Delivery que fue otra banda seminal de un solo disco. Bill McCormick el bajista venía de los Quiet Sun de Phil Manzanera (Futuro Roxy Music). También con un solo disco. El retorcido teclista Dave McRae compartiría teclas con el inestable fugado de Caravan Dave Sinclair y este combo grabaría dos álbumes de estudio.

Podría pensarse que Wyatt fue echado de Soft Machine por una inclinación más pop y nada más lejos de la realidad. El problema reside en que Ratledge y compañía solo querían un jazz rock instrumental y la voz de Wyatt y probablemente alguna otra película o bronca interna aceleró la ruptura. Lo cierto es que Matching Mole iba a desarrollar algo incluso más complejo y radical que el sonido jazzy de la máquina blanda. La entrada de Phil Miller y su compleja forma de tocar la guitarra y unas composiciones inclasificables que me atrevería a decir anticiparon el futuro Rock In Oposition (RIO) que los raritos de Henry Cow desarrollarán más adelante.

En el primer disco de Matching Mole encontramos a un Dave Sinclair que nada tiene que ver con su estancia en Caravan pero al menos deja una hermosa canción como “O Caroline” cantada por Robert y casi diría que es lo único de este disco que se queda en la memoria. Posiblemente la única melodía amable entre las marcianadas vocales del resto del álbum. Musicalmente es un trabajo difícil y poco asequible incluso diría que más vanguardista que el sonido de los propios Softs incluso en el siguiente “Little Red Record” con una absurda portada-cartel propaganda del maoísmo comunista chino, supongo que o bien como provocación para tocar los eggs o por pura ignorancia revolucionaria de los “pajaritos en la cabeza” que decía antes. 

La música se vuelve incluso más experimental e inclasificable. No llamaría a esto rock progresivo ya que entra más en la vanguardia caprichosa de ese 1972 donde “todo vale” para ser lo más snob y tocapelotas musical posible. Tanto Robert Wyatt como los Henry Cow de los que hablaré más adelante pertenecían al partido comunista británico. La izquierda radical en los primeros años setenta de forma “naiff” se consideraba, lo que son los tiempos y las tendencias, curiosamente algo “revolucionario y libertario”. Se creía entonces casi diría que de manera infantil y utópica que la “impenetrable” y aislada Unión Soviética era la panacea de la libertad y la vanguardia de clase obrera. Tremendo. La broma pesada es que hoy, esos mismos, pero en otra generación del presente se han pasado al fascismo ultra. La historia interminable. El eterno retorno que decía Nietzsche. Tal para cual. Pero ese es otro tema que no viene al caso. 

En este disco aparecen acreditados tanto Robert Fripp como Brian Eno y sus chaladuras sonoras se dejan notar. No es lo mismo ser joven hoy que lo era en aquella época. Los tiempos son radicalmente distintos. Entonces nos esmeramos por ser muy “cool” e “intelectualmente profundos” proclives a causas imposibles lo cual la mayoría de las veces rozaba lo ridículo. Hoy al contrario se pretende ser lo más solitario superficial, individualista cabronazo evasivo e insolidario posible. La historia acaba por escarmentarnos a todos y el resultado es lamentable y previsible. 

En 1973 y en plena fiesta en Londres un Robert Wyatt en un gran estado de embriaguez y locura psicotrópica se cae desde una ventana de un tercer piso. Se fractura la columna y queda parapléjico en silla de ruedas para el resto de su vida. 



En cualquier otro caso una desgracia así habría acabado con la vida musical de cualquiera y para un baterista de 28 años podéis imaginar lo que supone. Sin embargo, lejos de hundirse, fue una amarga experiencia que le cambió su vida hasta el punto de reinventarse y volver a componer canciones con el piano. El resultado fue “Rock Botton” un año después en 1974. No cabe duda de que la experiencia traumática queda retratada para la posteridad con uno de los discos más depresivos y crudos que ha dado el estilo. Las melodías son lastimeras y tristes, pero reconozco que el álbum tiene una aureola especial y atrayente. Su voz es única. No hay otra igual, ni siquiera aproximada en forma y timbre. La originalidad y fuerza emocional de esta grabación es muy difícil encontrar en otro sitio y por tal motivo pasará a la historia como un referente único casi de culto. Prácticamente gran parte de los músicos de la escena le ayudaron en este proyecto incluso organizaron un concierto benéfico para ayudarlo económicamente con un Mike Oldfield incluido. Tres fueron los discos que grabó en la década de los 70´s. El extraño “The End Of And Ear” de 1970 en el mejor momento de Soft machine y un inclasificable, para variar, “Ruth Is Stranger Than Richard” de 1975 con instrumentos de viento en una especia de jazz rock esquizofrénico en absoluto vendible. Mirándolo bien ninguno de estos tres discos de los 70´s son vendibles y mucho menos fáciles de escuchar. El estilo de Canterbury si exceptuamos a los tranquilones y melódicos Caravan no es en absoluto para oídos poco experimentados o fáciles incluso la mayoría de las veces es exigente con la gente acostumbrada a escuchar músicas complejas y desafiantes. Wyatt a sus ochenta años a día de hoy ha seguido grabando disparidades y caprichos entre lo revolucionario y la canción política protesta que por lógica no entran en este apartado, pero posiblemente en ningún otro. Curioso personaje.

Continuará… 

Alberto Torró


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