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Musicalizando de The War Of The Worlds. Cuando Jeff Wayne miró a los ojos de H.G. Wells

 “Una onda de histeria masiva se apoderó anoche de miles de oyentes radiofónicos entre las 8:15 y las 9:30 cuando la dramatización de la obra de fantasía de H.G. Wells, La Guerra De Los Mundos, hizo que esos miles creyesen que un conflicto interplanetario había comenzado con la destructiva y mortal invasión por parte de los marcianos de localizaciones como Nueva Jersey y Nueva York. El programa estaba producido por el Sr. Welles y el Mercury Theatre en la estación WABC y la red de costas de la Columbia Broadcasting System”. Con estas frases y otras similares se despertaban los tabloides americanos un frío 31 de octubre de 1938. Algunas horas antes Orson Welles aterrorizaba a los radioyentes norteamericanos con su adaptación del libro The War Of The Worlds al hacerla pasar como una noticia oficial de última hora. En 1978 otro visionario, Jeff Wayne, se apoyaría en la adaptación del cineasta para las ondas hercianas, al igual que en la versión cinematográfica de 1953, para conformar con una seudo ópera rock experimental y sinfónica la que sería considerada por muchos como mejor representación en audio de la novela de H.G. Wells. 



Pero qué hay tras la figura de aquel novelista nacido en el pequeño pueblo de Bromley (Kent), el visionario Herbert George Wells cuya obra ayudó a definir, al igual que harían los mayores exponentes editados por el francés Julio Verne, lo que en la actualidad conocemos como literatura de ciencia-ficción. Este escritor destacó a lo largo de su vida profesional como diestro ensayista y periodista avispado, base que le fue esencial para enfrentarse a sus retos novelados con un peso esencial para llevar a puerto conocido tan dispares historias. Sus obras en este campo siguen tres caminos claramente diferenciados: libros científicos, libros de la vida y novelas ideológicas. En este artículo abordo la primera de las clasificaciones, ya que en ella se enmarcan trabajos como La Máquina Del Tiempo y La Guerra De Los Mundos. Este segundo sueño futurista y que pretende figurar el posible Apocalipsis llegado de la mano de seres de otros planetas, se edita en 1989 en Inglaterra. Dice la leyenda que fue el hermano de Herbert George, Frank Wells, el que planteó un acertijo sobre las oportunidades que podrían encontrar habitantes extraterrestres de conquistar el planeta Tierra. Asiéndose a tal cuestión, el autor plasma a lo largo de su obra un mañana en el ahora inmediato, al mismo tiempo que no duda en marcar una tupida crítica a la sociedad imperante. 



Utilizando inteligentemente dos técnicas de escritura, Wells zigzaguea por los textos en primera persona y los que están tratados desde la visión de una tercera. A ello hay que sumarle un milimétrico rigor científico que procura dar sentido y explicación a todo lo desconocido por el hombre de a pie. No hay que olvidar que una de sus etapas de mayor crecimiento cultural fue durante sus estudios en la Escuela Normal De Ciencias londinense, clases que en muchas ocasiones recibió del imperturbable defensor de Darwin T.H. Huxley. Su valor histórico, más allá de su carácter como docente y eminente fisiólogo, radica en ser el abuelo de Aldous Huxley, autor de uno de los libros con mayor valor dentro del estudio de la masa oprimida por un gran ojo manipulador, la indispensable novela Un Mundo Feliz (Brave New World). Todo esto hace que Wells imagine futuribles no tan descabellados (o al menos eso ha seguido pensando el Séptimo Arte) y, como decía en 1982 Constatino Bértolo Cadenas, conocer mejor la condición humana mirando a las estrellas. Esto tiene bastante sentido si repasamos los pensamientos de Isaac Asimov sobre la obra. Pareciese que Herbert George luchara por alzar un pendón de crítica a ese colonialismo que durante años abanderó Inglaterra. Su mirada inquisitiva pudiera estar recordando el daño inflingido a otros pueblos a base de una política de constantes conquistas y expansiones.



Siguiendo la pista de migas de pan que han dejado tantos y tantos creadores inspirados por la narración de Wells, pienso que vale la pena pararnos en el escritor Garret P. Serviss. Con La Conquista De Marte De Edison navega por la idea de la furiosa revancha humana. Editada para el New York Journal American, la historia nos transporta a una situación de sublevación terráquea en la somos nosotros los que contraatacamos en una misión dirigida por el mismísimo Thomas Alva Edison. Ahí es nada. En fin, una de tantas, ya que hasta Sherlock Holmes y el doctor Watson tendrán la oportunidad de enfrentarse a los marcianos (Sherlock Holmes’ War Of The Worlds, 1975).



Para cuando Jeff Wayne se introduce en el proyecto de una versión musical apoyada en la novela The War Of The Worlds de H.G. Wells, el audaz creativo había estado ofreciéndose de productor en las más variopintas grabaciones. Jeff colaboró en el álbum de David Essex Rock On, chispa que posteriormente hizo que Wayne reclutase a Essex para su proyecto ofreciéndole el papel de The Artilleryman. La idea del compositor era pergeñar algo así como una ópera rock de cadencias futuristas pero que no se separase de la idea original del autor literario. Dotó a su obra sonora de un deliberado deje progresivo en lo estilístico, aunque frente a las voces dio cita a lo más florido del rock y el pop de aquella década. Los papeles se repartieron de la siguiente manera: Julie Covington haría de Beth, David Essex de The Artilleryman, Philip Lynott de Parson Nathaniel, Jo Partridge de The Heat Ray, Chris Thompson de The Voice Of Humanity y Justin Hayward quedó como The Sung Thoughts Of The Journalist. Y en efecto así era, el reconocible componente de The Moody Blues terminó representando en canciones los pensamientos de The Journalist, el narrador periodístico que lleva al oyente a lo largo de toda la historia. Un papel que recaería sobre el galardonado actor cinematográfico y teatral Richard Burton. Otros miembros del equipo, aunque en este caso en el lado creativo, fueron Dorren Wayne, Gary Osborne y Paul Vigrass; este trío se repartiría las labores de guionista (la primera) y de letristas (los dos restantes). En 1978 se presenta al gran público, no tardando en recibir el mayor de los éxitos. Se extraen dos sencillos que marcaran las listas, “The Eve Of War” y la dulce “Forever Autumn”, destacando de esta manera un valor más allá del simple invento experimental para minorías. En poco tiempo Jeff Wayne recibe por su trabajo musical dos premios Ivor Novello junto con otro a la Mejor Grabación En Ciencia Ficción Y Fantasía (este último galardón se lo otorgó un jurado en el que se encontraban cineastas de la talla de George Lucas o Steven Spielberg). 

por Sergio Guillén

sguillenbarrantes.wordpress.com

 







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THE CIRCULAR RUINS & MYSTIFIED - Fantastic Journey (2013/DataObscura)

 Dos seudónimos de dos canadienses sintetistas con carreras separadas, que se unieron en 2013 para homenajear a escritores pioneros de la fantasía científica,  en los primeros días del siglo XX.



 Por una parte Anthony Paul Kerby (The Circular Ruins). Por otra Thomas Park (Mystified). Armados con sintetizadores reales y ficticios, samples y grabaciones de campo, ponen en marcha su proyecto conjunto único. Se trata de ambientar (nunca mejor dicho), literatura muy avanzada para la época en que se escribió. Que inspire escenas y situaciones salidas de la mente de un Julio Verne, H. G. Wells o Edgar Rice Burroughs. 

Y en "Twenty Thousand Leagues" (13'08) las brumas del misterio drónico se convierten en arte.  Como en un comic steampunk musicado a base de estudiados sonidos, filtros reprocesados e intangibles melodías siderales que ofrecen al oyente la oportunidad de fantasear, sin la tiranía de una historia escrita. Densidades kosmische old school para un dark wave ambient intenso, melancólico,  simbolizando otro tiempo. Sin pausas, se entrelaza con "The World Beneath" (12'46), en una experimentación tonal que crea la propia melodía.  Bella fantasmagoría de etéreas líneas místicas, que conforman un espectro ciber-electroacústico alejado de éste plano. Un cruce entre el primer Florian Fricke y el segundo Brian Eno. La ensoñación casi naif e inocente  choca con su oscura tensión retro. Julio Verne con Morton Subotnick. Isaac Asimov con Luciano Berio. Tiene su lógica. Captas la idea?  Ellos sí.  Y la ofrecen en todo su comedido esplendor con "Forbidden Planet" (4'53), sombras indeterminadas, quizá un homenaje a Louis and Bebe Barron, de profesión pioneros electrónicos. 

"Mysterious Island" (10'24) es como un inmenso hojaldre de síntesis lleno de capas, todas con sabores distintos, pero que crean un hermoso pastel ambient. Vuelvo a recordar al Eno más investigador de los 70, aunque su resultado casi suene cameristico. Como es norma, la línea sonora continuadora nos lleva a "Beyond the Farthest Star" (9'26), en una abstracción cósmica  pura. Casi te sientes flotando en la inmensidad del espacio. Su parte final guarda estrategia similar a Cluster o Roedelius family. Y excita neuronas con intensidad. Cierra este Viaje Fantástico la final "The Voyage Home" (9'10), adornando su retro-homenaje con esencias del Vangelis early 70s de "Earth" o "L'apocalypse des Animaux". También retomando referencias kosmische claras. Y conformando un álbum sin sobresaltos, pero de escucha interior cálida,  cuando no entusiasmante.



El sello Cold Spring acaba de reeditarlo con el bonus track "Centre of the Earth" (10'18). Otra golosina para endulzar una sesión realmente inspirada. 

J.J. IGLESIAS



Temas
1.Twenty Thousand Leagues 00:00
2.The World Beneath 13:08
3.Forbidden Planet 25:55
4.Mysterious Island 30:48
5.Beyond The Farthest Star 41:13
6.The Voyage Home 50:40









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Scotty Bratcher – That Album (2016)

 Una característica común a todos los guitarristas que pasan por esta sección es el amor por la música en el seno familiar. En el caso de Scotty Bratcher comienza a aporrear la guitarra con tan solo dos años, guitarras de su padre naturalmente. A los 11 años toda la familia peregrinaba por los garitos de Cincinnati para presentar a su vástago.


Con una de sus primeras bandas tiene la oportunidad de telonear a Lonnie Mack. El intrépido Scotty, con 13 años, se presenta al concurso Nacional Jam, donde tenía que componer el solo central para el último single de Kenny Wayne Shepherd, llegando a la fase final. En 2004 llega su primer disco, "The Scotty Bratcher Band". Realiza giras por todo el mundo abriendo conciertos para Ted Nugent, Little Texas, Blue Oyster Cult, Buddy Guy, Joe Bonamassa, Chris Duarte, Anthony Gomes, Foghat, Lonnie Brooks, entre otros muchos grupos de renombre. También colabora como músico de estudio en numerosas grabaciones. En 2007 se une a Noah Hunt, cantante principal de la banda de Kenny Wayne Shepherd, como guitarrista y segundo vocalista del grupo The 420 Allstars . En 2010 publica "Put My Mind At Ease" y tres años mas tarde "All and Nothing More". Este último disco llama la atención del armonicista Jimmy Hall que le invita a girar con el. Su cuarto disco, "That Album", se edita en 2016. Actualmente forma parte de la banda de country rock sureño, The Desert City Ramblers.


Este cuarto disco de Scotty Bratcher nos presenta a un músico en plena madurez compositiva e interpretativa aunque solo tenga 29 años. Su forma de tocar la guitarra combina la pirotecnia de un "Hendrix" ,y el sentimiento de un SRV con algún toque a lo Page. Si a eso le unimos una excelente y cautivadora voz, el cóctel es perfecto. Bratcher esta respaldado por "Rotten" Dan Connaughton (bajo) y Shawn Wells (batería), y las colaboraciones de Greg Martin (Slide guitar), Jimmy Hall (armónica, voz) en "That's Alright Mama" y  "As The Years Go Passing By" y Noah Hunt en "Let Your Soul Give Way". En total trece temas donde podemos escuchar verdaderas bombas explosivas como "Ain't No Way I'm Coming Home", "Disappointing Ourselves"o "Hard to Feel". Medios tiempos como "Without Hope", uno de mis temas favoritos, o "All and Nothing More", que poco a poco va subiendo en intensidad. Para culminar el la versión acústica del "Whipping Post". Sin duda trece gemas que todo buen aficionado a la música está obligado a descubrir.
J.C.Miñana

 







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A.L. GUILLÉN - Der Cucamongol Cannibalizes Your Idol - Unmatched Vol. 14 (2013, Hall Of Fame Records)(Rockliquias Bandas)

 A.L. Guillén es y será siempre núcleo, junto a Angelina Olea, del proyecto Sefronia, tan experimental, tan emocionante de principio a fin de sus grabaciones. También se puede desdoblar en loco componente de los Les Rauchen Verboten, inesperados ellos, cambiantes, o en acompañante-camarada musical del poeta Fernando Jaén Águila. Pero Guillén tiene esa necesidad de no pertenecer a nadie y, al mismo tiempo, de mojar el pan en todas las yemas –y lo hace con muchísimo estilo y conocimiento de causa, qué duda cabe–.

 


De todo ello, de su imperioso impulso en el querer ir más allá, de conquistar nuevas colinas, sumado a su reverencial admiración por Frank Zappa, nace a la vida este Der Cucamongol Cannibalizes Your Idol - Unmatched Vol. 14. Una digestión –como bien la cataloga el propio intérprete de este homenaje– que atrapa la esencia de las piezas de Zappa pero a la postre les añade jugos gástricos de la cosecha particular de Guillén, que no es precisamente manco a la hora de pergeñar invenciones instrumentales. Es sin duda este disco compacto una obra para adeptos a la labor de Frank, al igual que para aquellos que sientan la experimentación sonora como algo normal, cotidiano, parte de sus vidas.

 


“Eats”, “Meat”, “Camarillos” o “Prunes, por citar cuatro de los cortes de esta grabación, están recreados o reinventados para transitar de la psicodelia rock a las parsimonia industrial, del folk de fuera de nuestro planeta a un jazz de alegre institución frenopática. Con ocho colaboradores que lo ayudan a hacer realidad sus sueños de deliciosamente enajenado tributo, A.L. Guillén recrea un mundo de maravillas y redondea un trabajo fundamental. Pura vanguardia.

por Sergio Guillén

sguillenbarrantes.wordpress.com



 

Contacto

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Rush - Roll The Bones (1991)

 En Roll The Bones el trío apostó con firmeza en una búsqueda menos barroca de lo expuesto en el álbum Presto, refugiándose en el posicionamiento de un concepto de Power Trío como baza de juego favorable en el reencuentro con sus propias raíces, siendo conscientes de que eran los máximos lideres de un sonido de de múltiples virtudes propias. 



Iniciar la década de los noventa dentro de la renovación como básico fundamento en el nuevo reto de generar sencillez armónico melódica sin esquivar la tesitura compleja en sus composiciones, le dieron a Rush el pase hacia un confortable Hall amueblado con vanguardia contemporánea. Y es que la determinación de Roll The Bones es innegable, aunque en el lenguaje y las propias herramientas, se manejan prácticamente los mismos elementos que en Presto. Las canciones inclusive, se alojan con mucha más fuerza en la memoria, quizá debido al amplio cuadro de estribillos contundentes y aún mayor enfoque de persistencia en el cuadro sónico. 

La sospecha nos conduce a la deducción de que Rush merodeaban la manzana del inconformismo en la captura constante de ese ''algo'' que precisaban para la evolución y su consecuente aprendizaje. Como buenos y civilizados rockeros, Rush se tomaron un descanso antes de la planificación integral de este álbum para enclaustrarse en los Chalet Studios de Ontario durante dos intensos meses y medio para componer la obra. El productor Rupert Hine tenía un gran porcentaje del terreno labrado a la espera de una cosecha fructífera que sirviese a los inconformistas de Toronto sobresalientes esperanzas sobre la bandeja de la progresión.

Había que olvidarse de modas y tendencias para sostener inercia y conmoción manteniendo al margen interferencias desbocadas. No podían tenderse puentes entre Roll The Bones y cuanto se estaba fraguando en Seattle, dado que el aislamiento de la banda fue practicado en el hermetismo convexo de las apuestas dobles contra el pronostico de reservada sencillez. Y con toda probabilidad sea éste el hecho por el que Roll The Bones sea una obra discográfica satisfactoria en aspectos como elaboración y escucha, que se manifiesta en formas diversas, cítense como ejemplo temas como Dreamline, donde los versos carentes de rima escritos para la pieza precisaron de una imaginación desbordante, algo que para Geddy Lee supuso toda una liberación porque siempre fue un artista de obsesionado con el perfecto encuadre de los elementos en el desarrollo y uso de una canción. Bravado, es otra de las elaboradas citas de este disco, una de las más destacadas de todo el álbum sin sepultar en el tintero del infortunio otras propuestas como la que le da título a la obra, o inclusive refuerzos de esencia vital como Where´s My Thing, Big Wheel o Ghost Of A Chance entre otras.

Para el tour de presentación de esta nueva propuesta discográfica, Rush nuevamente pusieron en marcha todo su despliegue escénico yoy su poderosa maquinaria para afrontar ocho largos meses de carretera que dieron inicio el 25 de Octubre de 1991 en Hamilton, la localidad natal del propio y eternamente recordado Neal Peart. Una gira que trajo algún que otro contratiempo y a bandas como Primus en el aperitivo soporting, aunque... Todo quedaba entre primus hermanus finalmente. 

En aquel entonces, Rush se metieron de lleno en el mundo de las imágenes creadas por os avances informáticos llevando al trío a aprender mucho sobre la parcela de la animación.



El acertado inicio de la deleznable década cultural de los años noventa para Rush con un envoltorio de huesos de satisfactorio marfil, les situaba de nuevo en la cabecera de lo más destacado del lenguaje musical progresista.

Luis Arnaldo Álvarez (Baterista  y Locutor profesional independiente)


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AMERICAN TEARS - Powerhouse (Columbia, 1977)

 Hablar de Mark Mangold es hacer un resumen de la historia del rock en USA. Su primer grupo resaltable fue Valhalla, abrazando la tardo-psicodelia de 1971, en línea The Doors o Vanilla Fudge, y registrando un magnífico homónimo álbum inmerso en el género. Ahí ya se podían escuchar sus devaneos al órgano y piano. 



Viendo que el próximo paso lógico estaba siendo el rock progresivo, funda el trío American Tears con Gary Sonny (guitarras y bajo) y Tommy Gunn (batería), encargándose el propio Mangold de teclados y voz. A la manera de unos ELP americanos, (y por lo tanto con paralelismos con Mike Quatro Jam Band), editan los recomendables "Branded Bad" (1974) y "Tear Gas" (1975) en toda una Columbia como amparo artístico. Si bien en éste último Sonny ha sido reemplazado por Greg Baze (bajo, voz). Se podría  decir que la calidad de la banda va in crescendo, por lo que aún sin ser unos megavendedores, Columbia los retiene por lo que pueda pasar. La política de compañías de antaño era un camino de largo recorrido, donde al artista con potencial se le cuidaba y ofrecía la confianza suficiente para sentirse seguro. Por eso no es extraño que casi todos los grandes de los 70 hicieran sus obras maestras, bien entrada su carrera. Por supuesto comparado con la actualidad, estamos hablando de ciencia ficción. Si no hay pelotazo a la primera, estás fuera. 

Así que tras dos buenos discos de prog-hard orientado a canción,  (y cercanías a Stories), llega "Powerhouse" en 1977 con formación de cuarteto. Mark Mangold ha desmantelado la vieja American Tears y llega la nueva con Craig Evan Brooks (guitarras y compartiendo las labores de cantante solista con Mangold), Kirk Powers  (bajo, voces) y Glenn Kithcart (batería). Como de costumbre, todas las canciones han sido compuestas por su teclista líder,  aunque en la producción acreditan a American Tears por primera vez. Y el hard rock entra con pleno derecho en el mundo de la banda. Con nada escondidas referencias a Kiss (que mandaban en USA), en "Slow Train", y aderezo de slide guitar, teclados y coros angelicales. O sea que Kiss sí, pero en el colmo de la sofisticación. El recién estrenado pomp rock se revela en toda su magnitud con "Promise To Be Free", algo así como juntar a Procol Harum, Barclay James Harvest, Styx y Kansas. Equilibrio perfecto. Y canción redonda indiscutible. Donde los teclados y piano tienen su momento de gloria. 

Los casi ocho minutos de "Listen (Can You Feel It)", llevan otra fuerte influencia en ésta naciente etapa del pomp rock, los casi inventores del mismo, Queen. Otra monster - song que irradia magnificencia,  elegancia y fuerza, dentro de una naturaleza compositiva de "sangre real". Mangold imprime su firma claramente, y esto es radiable hasta el tuétano. Perfecta canción para djs con ganas de mear, con sus ocho minutos de esplendor, (by the way, mi copia es la promo USA de la emisora WFDD......por si la han perdido, que no esperen recuperarla). Es una de las dos rescatadas para el próximo  (pero el mismo) proyecto, Touch  (spoiler gordo). Aunque cercenada a la mitad, así que me quedo con ésta,  man. 

"Lookin for Love" tiene un aire al rock de San Francisco, que me recuerda a Jefferson Starship, Spirit  o Jo Jo Gunne, pero convertida al "americantearismo". Y un nuevo sobresaliente. La cara B se abre con "Can't Keep From Crying", que fue la elegida para el celebrado SFK. Una tremenda power ballad con excelso medio tiempo y la desplegable elegancia acostumbrada en los planteamientos instrumentales del grupo. Guitarra con sabor a Schon y Chaquico, (e incluso a Gilmour!), entre moogs y otros sintes propios del momento. Con vocales extraordinarios y ritmos en alza, sujetando los solos de Craig Brooks. Una pasada. El comienzo de "Don't Give It Away" parece los Yes del "Drama", pero unos años antes. Con Terry Luttrell, esto sería Starcastle. Casi rock tejano se antoja el comienzo de "Say You'll Stay", y de hecho, Craig Brooks tiene mucha influencia southern en sus ataques al mástil. Aquello pegaba fuerte, y la endogamia estilística era lógica. Podría formar parte del repertorio de la Atlanta Rhythm Section con facilidad. Por último tenemos "Last Chance For Love", otra repesca para el único de Touch. .....Y es que esto suena ya a Touch. 



Probablemente,  "Powerhouse" podría definirse como el primer álbum real de éstos,  ya que la formación no varía más que en el nuevo bajista, ahora Doug Howard, también cantante solista. Con lo que tres vocalistas se reunieron en la banda que sorprendió en la primera edición del Monsters of Rock de Donnington Park. Siempre me he preguntado cómo consiguieron ése bolo una banda como Touch. ....Tim Friese-Green, luego con Talk Talk, produciría ésa obra maestra que fue su debut, en 1980. Será la década de Mark Mangold, la entrante. Junto a Craig Brooks formarán parte del elenco del primero de Michael Bolton. Y nuestro teclista se convertirá en fuente de canciones para el ex-Blackjack, así como para toda la riada AOR de los 80. Además vendrán Drive She Said, The Sign, Mystic Healer y mil proyectos más. El último,  el llamar American Tears a modo de revival retro, a un disco evidentemente propio que debería haber salido a su nombre, "Hard Core" (2018). Muy bueno, pero de principio a fin obra suya. "Powerhouse" fue la antesala a Touch y eso, mis queridos feligreses, deja huella. Otra joya más para el bien llamado Mangold, el hombre dorado del AOR.

J.J. IGLESIAS


 







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MY BROTHER THE WIND - Once There was a time when time and space were one (2014 / Free Electric Sound)

 Si nos vamos para Suecia y además con músicos de pedigrí,  entonces nada puede salir mal. My Brother the Wind comenzaron hace poco más de 10 años, y éste fue su tercer álbum de estudio, que sigue siendo el último. 



Volvemos a encontrarnos con el gran Nicklas Barker de Anekdoten, a las guitarras y mellotron. A Ronny Eriksson, bajista y líder de Magnolia. A Mathias Danielsson de Makajodama, en más guitarras y flauta. Siendo el batería Daniel Fridlund Brandt el nuevo fichaje por entonces. "Twilight in the Crystal Cabinet" (2010) supuso el comienzo de su carrera. Seguida al siguiente año por "I Wish My Soul in the Stream of Infinity". En aquel 2014 apareció éste tercero que hoy traemos, y el directo "Live at Roadburn 2013". My  Brother the Wind gustan de recrear tiempos inmortales alemanes, sin olvidarse de paisanos como Trad,  Gras & Stenar. A priori todo levitacional y etéreo,  pero con una gran carga rock en su contenido. Su fundamento se basa en la improvisación,  y así requieren sus premisas para grabar los álbumes prácticamente en un día de estudio. Experimentación old style. Puede sonar valiente y arriesgado, en unos tiempos en que todo tiene que estar perfectamente estudiado para el mercado. Lo cierto es que estos tipos han llegado en dos ocasiones a las listas nacionales con música de improvisación. Rompen esquemas a cualquier enterado del business mercadotécnico. Algo harán bien. 

Su prólogo de un minuto sugiere que aquí cuentan una historia, al igual que su epilogo. "Song of Innocence Parts I & II" (11'37) contiene una música llena de imaginación y cambios. Libre. Nada inmóvil,  ni reiterativa, ni algodonosa, new ager, ni coñazo, vaya. Que en plena cabalgada de bajo estilo Canterbury, Barker mete unas sacudidas mellotrónicas a ráfagas,  y lo convierte en progresivo norteño 90s con todas las cartas y los ases. En un puente sagrado hacia el kraut de culto de alumnado Floyd,  tipo Gila, Ash Ra Tempel, Walpurgis o Amon Duul II. Éstos últimos resuenan más en "Into the Cosmic Halo" (6'40), donde los colosales ecos de "Yeti" o "Tanz Der Lemminge" reviven para gozo de tiempos actuales. Con una potencia rítmica equiparable, - o superando-, a una banda de hard rock. 

Las guitarras de "Misty Mountainside" (3'22) nos llevan al Ritual Espacial Máximo del Hawkwind de primeros 70. Con una acidez solista que envidiaria al mismísimo Conny Veit o Ax Genrich. Todo enlazado, la hipnosis colectiva que supone "Garden of Delights" (12'01) se convierte en su propio "Amboss". Donde también caben espirituales mantras acústicos,  percusiones de tablas y flautas de origen indeterminado. La ouija sónica enloquece con la mera invocación de Florian Fricke. La eterna e infalible esencia del misterio. Eso que tan bien funciona el territorios psico-progresivos, ejerce su exitoso influjo en la audición de los tres cortos últimos temas encadenados, (que muy bien suman sus 10 mts).



My  Brother the Wind conocen la materia inestable con la que tratan. Frágil, que puede  estallar en el cerebro a la más mínima.  Lo que hace de ésta escucha una aventura de riesgo deliciosa. Y una retro-recreación absolutamente creíble y disfrutable. Más que suficiente.

J.J. IGLESIAS



Temas
01. Prologue 00:00 - 01:04
02. Song Of Innocence, Part 1 01:05 - 08:40
03. Song Of Innocence, Part 2 08:41 - 12:45
04. Into The Cosmic Halo 12:46 - 18:26
05. Misty Mountainside 18:27 - 21:50
06. Garden Of Delights 21:51 - 33:52
07. Thomas Mera Gartz 33:52 - 35:08
08. Once There Was A Time When Time And Space Were One 35:09 - 38:27
09. Epilogue 38:28 - 42:47









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TOM GILLAM - Last Night On Earth (Live, Acoustic & Relaxed) (2014, Blue Rose Records)

 En 2012, y dentro de su elepé Good For You, Tom Gillam incluía una canción dedicada a su esposa. La pieza, titulada “Last Night On Earth”, decía en su estribillo lo siguiente: «Riámonos hasta llorar, hagamos el amor hasta morir. Olvidemos todas las cosas que nos hacen daño. Hagamos como si esta fuese nuestra última noche en la Tierra». El título de esta composición le sirvió a Gillam en 2014 para dar nombre a un trabajo en directo atípico, un disco que va más allá del simple álbum acústico.

 


«Tras unos meses de gira me pareció una buena idea regresar al lugar del que una vez vine y ofrecer un pequeño concierto acústico para mi familia y amigos. Las bebidas fueron bebidas, las historias contadas y las canciones cantadas», así comienza el escueto texto con el que el propio Gillam nos presenta esta obra tan intimista. Unas teclas, una guitarra acústica y un poco de percusión... Ah, y eso sí, la ayuda de dos amigos insustituibles, sus camaradas en US Rails Matt Muir y Ben Arnold.

 


Es este Last Night On Earth (Live, Acoustic & Relaxed) –nunca un subtítulo describió mejor un LP– una grabación para amantes de la música sentida pero ejecutada sin grandes alharacas, sin demasiados recursos instrumentales, para aquellos que escuchan a un cantante como si de un narrador de cuentos se tratase, pudiendo estar en el Barrington Coffee House o en un bosque de las afueras de Nueva York, calentándose frente a una hoguera.

por Sergio Guillén

sguillenbarrantes.wordpress.com


 







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