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Peter Mergener & Michael Weisser – Beam-Scape (1984/IC)

 Ya hemos traído en alguna ocasión al dúo Mergener & Weisser. Por alguna razón, algunos de sus discos van a sus nombres, (6, del 84 al 86), y una treintena firmados como Software, a partir del 87. Bien es cierto que bajo éste apelativo también contribuyeron Billy Byte (90-93), el mismísimo Klaus Schulze (90-92) o Georg Stettner (90-92).



"Beam-Scape" fue el debut del dúo de Bremen,  aparecido en el sello de Schulze, Innovative Communications. Un estreno que tenía como objetivo prioritario no dejar morir la Berlin School, en aquellos farragosos años 80. Vaya si lo consiguieron. La mística relajante que dibuja la misteriosa pieza "Rainbow" (9'40), recuerda a los grandes de la electrónica Soviética con el sintetizador de cristales, ANS, como Sofiya Gubaidulina. Etérea atmósfera que toma vuelo con un calmado secuenciador rítmico y solistas devaneos de moog, esto ya en plena forma alemana. Preservando el sonido 70s que se escapaba en esa nueva década,  "Sunbeam" (10'37) es un claro intento de mantener viva la llama kosmische. La sombra de Schulze es evidente, similar a la del primer Kitaro, otro influido por el dios teutón.  Aquí el bello juego secuencial se hace primordial y delicioso. Sin necesidad de más. 

Cósmica onírica nos trae "Shooting Star" (15'47), en otra regresión al pasado inmediato que sin embargo, se veía ya como muy lejano en el tiempo. Repito que Mergener & Weisser hacían de magníficos restauradores de algo que se negaban a ver morir, como era la corriente berlinesa.



Prodigiosamente inspirados, ni el propio Schulze estaba sonando  ya así por ésas fechas. Como prueba la sensacional "Small Spark" (5'24) y su honrado homenaje a Tangerine Dream. "Timber Wave Reflections" (8'53) es una perfecta simbiosis de prog y electrónica con una lírica melodía,  casi pastoral, y acertados trazos percusivos. Edgar Froese es representado en la melódica sintetizada de "Roots in Abeyance" (5'21), que bien podría estar en "Ages" o "Stuntman". Está claro que para "Double Binded Sax" (6'23) se procuraron un frasco de esencias Vangelis. Con ése disimulado saxo  que retrata paisaje urbano nocturno. Terminaban éste inicio de carrera con "Power of Independence" (3'00) en un intento de demostrar que el synthwave del momento tampoco les era ajeno. Aunque es el tema más corto y lo dejaron para el final. Síntoma de que Mergener & Weisser estaban más por otros mambos electrónicos de definitiva raigambre cósmico - purista. Y "Beam-Scape" les quedó redondo.

J.J. IGLESIAS


 
Temas
1 RainBow 9:40
2 SunBeam 10:37
3 Shooting-Star 15:47
4 Small-Spark 5:24
5 Timber-Wave-Reflections 8:53
6 Roots-In-Abeyance 5:21
7 Double-Binded-Sax 6:23
8 Power-Of-Independence 3:00

 








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Albert Castiglia – Wild And Free (2020)

 Este guitarrista neoyorquino fue nombrado como "mejor guitarrista de blues al sur de Florida" por el  New Times de Miami. La presagiosa revista USA Today comentaba: "Es una revelación descubrir el emocionante blues retro-eléctrico de este asombroso joven guitarrista". Con estas credenciales entra por la puerta de honor en Rockliquias.


Albert Castiglia nace en Nueva York en 1969. A los cinco años se traslada con su familia a Miami y a los siete comienza su formación musical con la guitarra. Con 21 años entra a formar parte de Miami Blues Authority. Al finalizar sus estudios universitarios trabaja durante cuatro años como investigador de los servicios sociales. En una de sus actuaciones en 1996 es descubierto por el "bluesman" Junior Wells  que lo invita a su banda donde permanece hasta la muerte de Wells. Su siguiente singladura la localizamos en Chicago acompañando a la cantante de blues Sandra Hall. Su primer trabajo en solitario , "Burn", ve la luz en 2004. Dos años mas tarde graba un disco en directo, "The Bittersweet Sessions", junto al guitarrista Graham Wood Drout y publica su segundo disco "A Stone's Throw". En 2008 llega su tercera producción, "These Are the Days", con el que es  nominado para un premio Blues Music por su canción , "Bad Year Blues". Su discografía se completa con ocho grabaciones mas, de momento.


Este "Wild and Free" hace el numero doce en la carrera del guitarrista Albert Castiglia. Grabado durante dos noches en el Funky Biscuit in Boca Raton en enero de 2020. Sus escuderos son Justine Tompkins (bajo, voz), Lewis Stephens (teclados) y Ephraim Lowell (batería). Como invitados tenemos al guitarrista  Mike Zito en la versión que se marcan de Johnny Winter, "Too Much Seconal", y a John Ginty (teclados)  en  la cover del tejano albino y en "Loving Cup". Con el título de la grabación lo han clavado. Realmente es salvaje y libre. Con un "setlist" de once temas donde combina temas propios con versiones el estilo de Castiglia  realmente incendiarias. Rock blues y rock´n´roll directo al hígado y sin miramientos. Hendrix, SRV y otras hachas guitarreras se ven reflejados en el espíritu musical de Albert. El excelente manejo del "wah wah"y de toda la pirotécnica guitarrea  hacen de este disco un trabajo de alta graduación. Es difícil destacar algún tema pero podemos resaltar el poderoso riff de "Hoodoo on Me", la brutal versión del "Loving Cup" de Paul Butterfield o el instrumental "Boogie Funk", con el que finalizan una noche de infarto.
J.C.Miñana

 








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ENTREVISTA A XAVIER VALIÑO: Las 100 Mejores Películas del Rock

 Desde que, en 1978 y con apenas 13 años, Xavier Valiño se arrancase a hacer radio con Paso A La Juventud (Radio Popular de Lugo), este comunicador no ha parado. Periodista y crítico musical ha trabajado durante todos estos años tanto en radio como en televisión, en prensa escrita o revistas especializadas como en portales musicales de Internet. En su Web Ultrasónica (http://www.ultrasonica.info/) recoge los artículos que ha publicado desde 1983 (en 2010 fue galardona como Mejor Portal Musical por la revista Santiago Siete). Además, Xavier tiene en su haber, ya sea como autor único o coautor, quince libros; por lo que Las 100 Mejores Películas del Rock, obra debido a la cual me entrevisto hoy con Valiño, hace la número dieciséis.


En el texto que introduce este libro hablas de la significativa importancia que tiene en tu vida como cinéfilo la película de 1985 Yesterday del polaco Radosław Piwowarski. ¿Qué recuerdas de aquel momento, de aquel primer visionado del citado largometraje?  

Más que nada, lo que recuerdo es cómo se parecía a mi propia vida. La película cuenta la historia de cuatro chavales que estaban creciendo en una dictadura y que intentaban evadirse de la situación política y social imitando a sus ídolos, The Beatles. Yo empecé cantando en un spanglish ridículo las canciones de The Beatles subido a los carros de vacas de mi aldea, así que me veía en la pantalla. Además, contaba una historia amarga con una relación amorosa frustrada, con la que cualquiera se puede sentir identificado, tal y como me sucedió. Y era cuando comenzaba mi carrera universitaria en una gran ciudad, teniendo al alcance por primera vez películas en versión original subtitulada, algo que me deslumbró y a lo que ya no pude renunciar desde ese momento. Era otra forma de ver cine en la que, además, se unían dos de mis pasiones absolutas: la música y el cine. Si además me permitía viajar a otras latitudes, se le añadía una tercera: los viajes. Imposible mejorarlo. 

  


También en la introducción del libro dices lo siguiente: “pronto acordamos limitar este volumen a películas musicales de ficción…”. Utilizas el plural, haciendo referencia a Juan Puchades, el editor de la obra. ¿La lista de películas la hicisteis entre los dos o él únicamente te aconsejó de lo que sí o no debería aparecer en Las 100 Mejores Películas del Rock una vez hecha tu selección?  

Para bien y para mal, la responsabilidad de la selección es exclusivamente mía. Mi propuesta inicial era incluir todo tipo de películas musicales, pero el editor me propuso dejar los documentales para una segunda entrega, incluyendo ahí los conciertos filmados, que no dejan de ser documentales, algo que inmediatamente acepté porque así me daba la posibilidad de incluir muchos más títulos, el doble exactamente: 200, 100 en cada uno de los dos libros. Por eso este libro recoge las películas de ficción (incluyendo falsos documentales como This Is Spinal Tap o The Rutles, que son, claro está, películas de ficción) y los documentales verán la luz en un segundo volumen próximamente. 

  

En tu selección por décadas, las dos cuya representación de películas analizadas es mayor son los años 70 y el decenio que va de 2011 a 2021. La hornada setentera de filmes musicales, óperas rock y demás, es obvia; sin embargo, a muchos les sorprenderá que la de los últimos diez años sea la ganadora en cuanto a películas seleccionadas, ya que nada más mirar el índice del libro uno se percata que pasan de la veintena. ¿Por qué crees que hay una segunda juventud para este tipo de propuestas en la actualidad?  

En cuanto a los años setenta, no hay duda: se trata de una de las eras doradas del cine a nivel mundial y, más concretamente, el norteamericano, y coincidió con una época en la que el rock era la música que escuchaban los directores que empezaban a despuntar. Y en cuanto a la década que acabamos de dejar atrás, creo que se debe a que la música rock ha sido aceptada totalmente y, además, ya no es la predominante –ahí estarían ahora los sonidos latinos o el hip hop–. Sin embargo, tanto los realizadores y guionistas como el público que acude a las salas sí vivió el predominio del rock y por eso siguen prefiriendo que le cuenten esas historias. Además, ya hay la suficiente perspectiva que da el tiempo para valorarlo y representarlo mejor. Veremos si en unos años hay una explosión de filmes sobre el reguetón. 


Una vez analizadas siete décadas por medio de estas películas del rock, ¿crees que hay algún detalle característico que diferencia a unas sobre otras? Es decir, que en una destaque más la factura de biopics y en otra sobresalga más la ficción o el género documental.    

Es algo que también intenté racionalizar yo, pero al final no conseguí extraer datos lo suficientemente contrastados que me permita asegurarlo. Ya en los setenta, por ejemplo, hubo biopics sobre Elvis Presley o Buddy Holly, Billie Holiday, Woody Guthrie o películas que se basaban libremente en la vida de Janis Joplin como La rosa. Eso se ha repetido en las siguientes décadas, ya que en el libro hay al menos un par de biopics en cada una. En cuanto a documentales, puedo adelantar que la década más reciente el número es mucho mayor que en las anteriores, probablemente porque los artistas ya tienen un recorrido que permita hacer películas sobre ellos y porque los responsables –directores y productores– son gente que vivieron la explosión de esos músicos en su momento y ahora quieren transmitirlo a los que lo vivieron tanto como a las nuevas generaciones.  


Al mockumentary This Is Spinal Tap o al filme Quadrophenia, por ejemplo, les dedicas más páginas que al resto de películas, algo normal sabiendo de la mitomanía que hay tras ambas. Hablando del falso documental humorístico de Rob Reiner, ¿qué te pareció cuando lo descubriste? ¿Y ese segundo proyecto, ya en 2003 y dirigido por el mismísimo Christopher Guest –el actor que encarna a uno de los Spinal Tap–, en el que los protagonistas de aquélla se meten en la piel del también falso grupo The Folksmen?  

En cuanto a la extensión, decidí darle más páginas a una película por década para romper un poco con la misma estructura en todos los casos y, también, porque creo que hay algunas que realmente lo merecían. No darle mayor relevancia a Alta fidelidad, la cinta en la que todos los melómanos nos vemos reflejados de una manera u otra, habría sido casi un sacrilegio. This Is Spinal Tap me pareció en su momento uno de los mayores logros del cine musical y la recomiendo fervientemente para quienes no la hayan visto todavía. Conozco a músicos que la ven recurrentemente y, generalmente, cuando están acompañados de sus colegas. Están buena parte de los males, los sacrificios y toda la parte oscura del negocio de la música tratado con humor, pero de forma que hace que pienses en ello, sin duda. En cuanto al segundo proyecto, Un poderoso viento, está, evidentemente, un peldaño por debajo de la anterior, pero también tiene momentos hilarantes tratando la escena folk. Además, quise incluir suficientes comedias, que siempre parece que se las valora menos que a los dramas, y no quería contribuir a ello en el libro. Digamos que hice discriminación positiva en favor de las comedias. 



Martin Scorsese, Mick Jagger, Rich Cohen y Terence Winter estaban detrás del concepto del serial de 2016 Vinyl, seguramente una de las propuestas más serias y conseguidas en este campo en el que las filmaciones con guion relacionado con la escena musical pasan a conformar los capítulos de una serie. Vinyl quedó inconclusa, cerrada precipitadamente y sin continuaciones que hubiesen tenido su razón y sentido. Todavía se podían contar muchas cosas sobre aquellos días en el show business. ¿Qué piensas sobre su cancelación?  

Por un lado, se trata de una decisión empresarial, así que poco podemos decir los demás. Si acaso, como espectadores, comentar que nos hubiera gustado que tuviera continuidad. Es cierto que tenía elementos mejorables o prescindibles, como la trama mafiosa que desviaba la atención del tema principal o que se le prestase más atención a los ejecutivos discográficos –y sus problemas con las drogas– que a los músicos y la música. Pero incluso así, a mí, particularmente, me hubiese gustado ver más temporadas ya que, como dices, fue una década crucial en la industria musical y se le podría haber extraído mucho más jugo. 

  


Almost Famous y Still Crazy son para mí dos de los retratos más sinceros y emocionales –con un plus de comedia la segunda… o tragicomedia– sobre la vida en la carretera de los grupos que levantaron el rock en los años 70. Tanto Stillwater como Strange Fruit son bandas ficticias –existieron unos Stillwater reales, pero no son ellos y además estaban dentro de la escena southern rock–, pero en sus trayectorias se capturan perfectamente muchas de las anécdotas o de los acaecidos a tantas y tantas agrupaciones de aquella década. Una de ellas está ambientada en aquella misma década, mientras que la segunda retrata a unos Strange Fruit que quieren regresar a la música en unos años 90 adversos para su sonido primigenio. ¿Qué piensas sobre ambos trabajos? ¿Cuáles son las películas que para ti mejor capturan la vida “on the road”?  

Me gusta mucho la parte en la carretera de Nico, 1988, ya que retrata los últimos tiempos de Nico en su gira por la Europa del Este, con conciertos que no salen bien, drogas, cabreos entre los músicos, actuaciones en pequeños locales. Hard Core Logo, sobre una banda de punk canadiense, también es muy certera. Me parece que ambas representan muy bien lo que viven la mayoría de los músicos. Evidentemente, si hablamos de grandes estrellas, lo que retrata Casi famosos parece muy creíble, teniendo en cuenta que allí estaba Cameron Crowe como periodista siguiendo a bandas de aquellos años y que, luego, él dirigió y escribió el guion de su película de acuerdo con lo que había visto y vivido. Imposible superar un testimonio de primera mano. La rosa también es recomendable  



Volviendo a la introducción, explicas las razones de elegir Rocketman (biopic sobre Elton John) en lugar de Bohemian Rhapsody (biopic sobre Freddie Mercury). Háblame un poco más sobre ello.  

Hay dos elementos objetivos que me pueden ayudar a explicarlo. El primero es que el primer director de Bohemian Rhapsody, Bryan Singer, fue despedido en medio del rodaje de la película, siendo sustituido por Dexter Fletcher. Eso nos da una idea de la intromisión de productores y otra serie de intereses para que la cinta fuese apta para todos los públicos. La segunda es que Elton John se negó durante años a dar su visto bueno a que se rodase Rocketman hasta que un director –curiosamente, Dexter Fletcher, entregado desde el primer minuto hasta el final de todo el proceso en este film, a diferencia del otro– le asegurase que no iba a edulcorar ninguno de los elementos controvertidos: las drogas, su homosexualidad (es la primera película de un gran estudio con una escena homosexual), su alcoholismo, su consumismo compulsivo... Y, ahora, mis razones, subjetivas y, por lo tanto, entiendo que discutibles, claro está: creo que la película sobre Queen no se mete en terrenos comprometidos y que recrea algunos momentos muy fidedignamente pero sin demasiada aportación cinematográfica (el concierto de Wembley, por ejemplo). Por el contrario, en Rocketman hay más creatividad, más libertad, y no hay ningún reparo en mostrar a su protagonista tal cual es, en lo bueno y en lo malo. 



Para terminar, me gustaría que escogieras 5 películas del género, sin importar década de estreno, y que me cuentes la razón de su importancia.  

De acuerdo con lo dicho antes, y tal y como está en el libro, pondré las siete destacadas, una por década. En los 50, Semilla de maldad fue la película que lo inició todo, la primera en la que aparece el rock en una gran pantalla y la que inicia la relación cine-rock. En los 60, ¡Qué noche la de aquel día! inventó el concepto de película musical moderna, libre, más de acuerdo con el espíritu de la música que contenía. En los 70, Quadrophenia, un film que marcó a toda una generación por cómo presentaba a los mods de los sesenta y, también, por tener una historia universal, la del chaval que poco a poco lo va perdiendo todo. En los 80, This Is Spinal Tap, ya comentada antes. En los 90, Alta fidelidad, que, como dije, es el libro y la película que mejor representa a los melómanos. En la década de 2001 a 2010, Control, sobre Joy Division, una cinta que me parece de las más conseguidas a la hora de retratar a un grupo y la ciudad en la que surgió (Manchester), dirigida además por un testigo que lo vivió de primera mano, el holandés Anton Corbijn. Y de la década más reciente, la serie Vinyl, también comentada ya.

por Sergio Guillén 

sguillenbarrantes.wordpress.com








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Pulse Times TV – Cuarta edición.

Esta semana ha sido estrenada en el canal de YouTube de Pulse Times TV la cuarta edición de la propuesta televisiva dirigida por Carmen Larralde.



En este nuevo capitulo el programa transcurre entre las localidades de El Coto y la capital del concejo Pola De Somiedo, en el lugar que el presentador del programa Luis Arnaldo define como uno de los templos gastronómicos del concejo, un termino acertado dado que podemos dar plena fe de la extraordinaria oferta gastronómica de este local familiar, donde la cocina tradicional se fundamenta en la elaboración de productos del concejo con predomino de carnes de gran calidad de vacuno y porcino, sumado a otras propuestas procedentes de las costas cantábricas junto con sobresalientes combinaciones de una amplia lista de embutidos y raciones varias que satisfacen con creces los jugos gástricos más exigentes.



En este cuarto episodio, el protagonista invitado es el longevo y reconocido músico Carlos Vázquez Tibu, experimentado músico cuyos servicios como bajista ha destinado a una extensa lista de artistas entre los que destacan bandas como Banzai, Scorpions, La Orquesta Mondragón, Luz Casal o Salvador Domínguez entre otros. A su vez, durante largos años, Carlos Tibu ha sido un manager ejemplar en el que artistas como José Mercé, Hombres G, El Canto Del Loco, Javier Álvarez y muchos más han depositado su confianza durante más de veinte años.

El punto de partida del programa transcurre en la localidad de El Coto, el pueblo de impactantes vistas y encanto vertical acoge a Tibu, Marcos Rodríguez y a Luis Arnaldo para que los tres músicos se desperecen a merced de la improvisación entre algún guiño hacia la banda The Doors, o la fluidez de un perezoso Blues en el que los experimentados Tibu y Luis Arnaldo le ceden el protagonismo al guitarrista natal de este mismo pueblo Marcos Rodríguez, quien expone su buen estado de forma y su concesión de la guitarra como instrumento.



Tras el dialogo instrumental de El Coto se dirigen a Pola De Somiedo donde en la Sidrería Parrilla Carion Luis Arnaldo charla largo y tendido de forma coloquial con Carlos Tibu a cerca de más inminente publicación literaria Memorias De Un Manager, en la que repasa su trayectoria musical tanto como músico como mánager, y donde refleja su momento amargo protagonizado por su entrada injusta entrada en prisión, cuando las adversidades involuntarias de la crisis del año 2008 y la traición se cebaron con el madrileño. Una interesante entrevista que muestra en perfil más conocido, real y admirable de un músico y mánager a la vez, que no tira la toalla y pretende volver a la actividad en ambas facetas.



En resumen una cuarta edición en la que Somiedo nuevamente vuelve a mostrarse ante los ojos del mundo despertando un gran interés en el resto de comunidades españolas y numerosos países de Europa y América.

El próximo ocho de Febrero llegará la quinta edición con el baterista Bjorn Mendizábal como protagonista, en un escenario de atractivo infinito.

Ángel Fernández.



 

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LEGS DIAMOND - A Diamond Is A Hard Rock (Mercury, 1977)

 Una banda que pudo ser leyenda. Y su estatus de culto casi lo confirma. Formados en 1974 por el bajista Michael "Diamond" Gargano y el batería Jeff Poole en Los Angeles, fueron conocidos como "the american Deep Purple". Tenían obviamente fuerte influencia de los ingleses, aunque con una recurrente visión made in USA.  Rick Sanford (voz, flauta, percusión), Mike Prince (teclados, guitarra rítmica,  voz) y Roger Romeo (guitarras,  voz), contribuyeron a ése particular sonido, con la personal voz solista de Sanford. 



Un A&R de Mercury, Cliff Burnstein (después manager de Def Leppard, Dokken y Metallica), los descubre, atrayendo la atención de la major. Les edita su homónimo en los primeros días de 1977. Un debut descomunal, lleno de superlativo pomp-proggy-hard producido por Derek Lawrence (Deep Purple, claro, pero también de Angel,  directos rivales). A finales de ese mismo año ponen en circulación "A Diamond Is A Hard Rock", donde no sólo se continúa la línea ascendente del primero, sino que es superada. Considerado como su mejor trabajo,  (y estoy de acuerdo,  aunque el debut y el tercero estén cerca). A pesar de girar con Kiss y Styx, entre otros, las cosas no van bien con su sello. Rompen relaciones con Mercury y editan con la independiente Cream, "Firepower" (1978), un canto del cisne igualmente excelente. La banda cae en un ataque de desilusión y se deshace. Roger Romeo monta la banda de orientación new wave, Romeo, (eran los tiempos), de corta vida, por los clubs angelinos. Rick Sanford se va con Bruce Gary (The Knack) y Mike Pinera (Iron Butterfly, Alice Cooper). El resto continúan con nombres como Belladonna o Rag Doll. En el 82 vuelve Sanford y reúnen de nuevo Legs Diamond, con algún cambio en su formación (Jim May a la guitarra y Michael Christie al bajo). Firman con MFN y lo que era el mini-álbum "Out on Bail", se convierte en LP para Europa con el agregado de material regrabado de la época Rag Doll. Me perdonarán los fans a ultranza de Legs Diamond, pero ésta nueva versión de los 80 no me parece que alcance la gloria que tuvieron en los 70. Se pierde el aspecto pomp y por supuesto prog de antaño. Para continuar en una línea hard & heavy más moderna y afín con los tiempos si se quiere, pero menos inspirada en mi opinión. De todos modos, "Out on Bail" (84), "Land of the Gun" (86) o "Town Bad Girl" (90) son buenos discos de notable bajo,  que no molestan en cualquier colección. 

"A Diamond Is A Hard Rock" fue producido por el infalible Eddie Leonetti (Moxy, Rex y de nuevo tras los pasos de Angel), y es, otra cosa con respecto a los 80. El tema título inaugura la sesión con pura influencia Purple cerca de "Come Taste the Band", con un estribillo imbatible y una guitarra más Bolin que Blackmore. La estela púrpura persiste en la intro Hammond - Jon Lord style de "Waiting". Pomp de más kilates que Fort Knox y una banda en la gloria elevada al cubo, con un Mike Prince a la altura de Gregg Giuffria. "Long Shot" tiene el espíritu del hard melódico USA bien marcado, como unos Grand Funk Railroad del "Good Singing, Good Playing". Incluye un breve fraseo de travesera de Sanford, marca de la casa.

Los casi siete minutos de "Woman" son uno de los grandes momentos del disco. Acústicas, sintes de cuerda, moog solo y gran prog flavour con un sonido teclistico calcado al "Animals"  floydiano de ése mismo año. Su desarrollo llega a una épica pomper hard rock propia de Kansas, Petra o Shooting Star, sin envidiar a éstos. Una maravilla. La cara B se abre con "Jailbait", que junto a "I Think I Got It" van en una línea Uriah Heep cerca de "Fallen Angel" / "Conquest" de eficiencia asegurada. Las teclas son tan protagonistas como la guitarra o el bajo, también en preponderante cometido. Otro de esos ramalazos prog que los hacía diferentes es "Evil". Que recuerdan en su mezcla dura a los primeros Magnum de "Kingdom of Madness", con flauta tulliana incorporada, al igual que ellos. Ahora que lo pienso,  el modelo estilístico de Magnum cara a los 80, hubiera sido mucho más lógico en el proceder de Legs Diamond, de influencias 100% british pero con su innegable sabor americano. Todo ése sello que los hacía distintos al resto, se pierde en posteriores entregas ochenteras, donde un tema como "Evil" sería impensable, y una lástima.  "Live A Little" y "Flyin' Too High" conserva ése alias de "americanos Deep Purple" que nunca debieron despojarse.

Un tremendo "Captured Live" del 92, grabado en una de sus plazas fuertes, San Antonio, Texas, los mantiene con vida en los 90. Al igual que "The Wish" (93) y "Uncut Diamond" (99)... atención a éste que juega "con trampa". En realidad es un inédito grabado en 1980, por tanto, de interés si te interesan los Legs Diamond  old school. Michael Prince siguió también activo desde sus estudios en LA, trabajando para Michael Jackson, Beyoncé o Los Lobos. En la actualidad siguen en la banda Romeo, Prince y Poole de los originales. Adam Kury es el bajista desde el 92, y el nuevo cantante, Keith England, sustituye ahora a John Levesque (Montrose, Wild Horses).



Rock Candy, que sabe lo que es bueno, reedito en 2018 los tres primeros con generosos bonus. También yo pienso que son los indispensables. 

J.J. IGLESIAS










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KADABRA - Ultra (2021/ Heavy Psych)

 En el año en que todo se paró, el reseteo mundial trajo montones de nuevas músicas hechas en soledad, y nuevos grupos como motivo de su encierro. Pienso que la cultura, lejos de perder fuelle se reforzó en todos los ámbitos. Y ahí estaban tres tíos de Washington,  pasando de telediarios y agarrando el pasado por el cuello, que es algo más tangible y seguro.



Garret Zanol (voz solista, guitarra), Ian Nelson (bajo) y Chase Howard (batería) forman el trío Kadabra en un ambiente mundial apocalíptico. Y que sea lo que Satán quiera. Un muy, muy curioso occult rock con total invitación a los 70. Y que además de chafar dientes con patadas rítmicas de mastodonte, y de taladrar con un muro sónico de Trompetas electrificadas de Jericó, conserva un elemento inaudito. Extraño,  inquietante, tétrico.  Es la rara y femenina voz de Garret, y no lo digo en peyorativo. De primeras creí escuchar una frontwoman, y pensé en Coven. Resulta que el ominoso estilo resultante produce estragos en el cerebelo de maravillosas y placenteras consecuencias freak. Nuevo aire para el stoner doom.

Escuchas "Graveyard" (6'34), con ésa cuchilla en feedback que precede a la patada rítmica entre las piernas, y ya has caído rendido y dolorido. Vale, lo has oído mil veces, pero nunca cansa. Lo que no has oído  es ésa voz andrògina  que acojona,  que parece salida directamente de un foso oscuro de "Ultra"-tumba. Suave, melódica, sin estridencias Ozzy. Claro que Black Sabbath pululan por el vicioso ambiente, es casi una necesaria invocación para un buen ritual doom. Pero éstos tíos no  son unos clones,  repito, tienen algo. El óxido instrumental flota, contamina, infecta en lisergia que no olvida sus raíces : Hendrix, Holden, Marino, Cipollina, California, Farner......Destripan con parsimonia y severidad de cirujano experto, "Faded Black" (7'30) es retro-proto de camposanto. Con un bajo que actúa como una maza en resaca. Y ésa fantasmagoria vocal que domina todo, que lo invade en maldad de la de antes. Sudoku de ritmos brutos pero calculadamente matemáticos. Wha wha que arranca vísceras recreándose en la masacre. Cabalgada furiosa final impregnada de furia berzeerker, que de eso también saben un rato. Heavy psych de alto standing es "Eagle 20" (7'47), que te lleva a Clear Blue Sky, Baker Gurvitz Army, High Tide, Budgie o Groundhogs como si no hubiesen pasado, errrrrrr......50 años!! Classic rock. Classic Music.

Chulería de ritual hippie-satanista real, sin tarantinadas, lleva "Bean King" (5'50), en la línea de Church of the  Cosmic Skull,  pero en más correoso y lacerante. A la Bloodrock, CactusRockets, Frost y demás hard blues silvestre entra "Coyote" (4'42). Se atreven  con corales y les queda tan bien. Aunque retumba el búnker rítmico como en "el rojo" de Grand Funk Railroad. Psicodelia de corrosión,  en ácido desgaste de constante erosión neuronal. Oscuro ritual de osario pestilente, que ejerce con pasión la final "Settle Me" (7'07), una mutación pervertida entre Pentagram, The Only Truth, Poobah, Help, Dust......



No estuve tan atento como otros años éste pasado 2021 en materias retro-stoner. Pero éste engendro nauseabundo extraído de las profundidades del Hades desafía a las leyendas. Algún oscuro pacto habrá de por medio. Seguro.

J.J. IGLESIAS


 
Temas
A1 Graveyard
A2 Faded Black
A3 Eagle 20's
B4 Bean King
B5 Death
B6 Settle Me


 








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Graham Nash - Wild Tales (1973, Atlantic Records)

 Cuando la British Invasion se convierte en ley en los Estados Unidos con su sonido manchado de r&b, pop y blues, Graham Nash ya estaba ahí con los naturales de Manchester The Hollies. Tocaron todos los palos lógicos en el estirón de 1962 a 1968, momento en el que Nash se enrola dentro del supergrupo Crosby, Stills & Nash, mientras su banda continúa con irregulares resultados. Al tridente tras su debut se les une en oficialidad Neil Young, convirtiéndose el proyecto en CSN&Y. 



Cambio de hábitos, recreación de la música folk y de la tierra norteamericana, grandes creaciones musicales y una pegatina de grupo de culto diseñándose en la tienda de reprografía. La banda se transformará en Guadiana que sale a luz de tanto en tanto, en ocasiones recortando sus filas; Graham, por su parte, pone a la venta junto al sello Atlantic en el 71 Songs For Beginners, algo así como una tabula rasa que no era tal. De cualquier manera, debido a una acogida calurosa por parte de su parroquia de melómanos, Nash continúa la recta con Wild Tales. 

Sin espasmos, ajeno a las bravatas, el músico graba aquí guitarras, teclados, armónicas y voces, permitiendo a la postre colaboraciones de relumbrón: Joni Mitchell, David Crosby o Tim Drummond son sólo tres de una lista que supera la decena de nombres. “Wild Tales” trae la conciencia positiva que a los problemas responde con frases como «está bien, tómalo como viene» o «encontrarás un camino para llegar hasta allí». El Bob Dylan sudista enmarca influencia para la armónica de “Hey You (Looking At The Moon)”, canción amamantada con mucho de lo grabado hasta entonces por The Flying Burrito Brothers. 



En “And So It Goes” se sienten las cuerdas vocales de su amigo Crosby, con el que mejores migas haría en su anterior estancia. Pop a la vieja usanza lo sirve en mantel limpio “Grave Concern” y algo del primer Donovan lagrimea “Oh! Camil”. Por cierto, vale la pena hacer un pacto con Mefistófeles por el secreto de ese piano eléctrico de “Another Sleep Song”.

por Sergio Guillén

sguillenbarrantes.wordpress.com


 







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NODENS ICTUS - The Cozmic Key (2017 / NI)

 Existen muchos seguidores de ésos locos maravillosos, infatigables viajantes interplanetarios en portales-fractales de sonido incandescente, llamados Ozric Tentacles. Pero pocos de ellos conocen la existencia de Nodens Ictus. Un offshoot orientado a la electrónica que maquinaron Ed Wynne y Joie Hinton allá por 1986.



"The Cozmic Key" supuso en 2017 su vuelta al planeta Tierra, después de 17 años de inactividad. Primero como cd-r autoeditado, posteriormente seria editado oficialmente por Madfish en 2019.  Por ésas fechas también lanzaron el recomendable "Live at Kozfest 2018".

En el disco de vuelta que nos ocupa, Ed Wynne (guitarras, sintetizadores) se alía con su avatar natural,  su hijo Silas Neptune (sintetizadores), como dúo electrónico a formar. Completan Paul Hankin y Neil Longhurst a las percusiones, y Natan Mantis en diversos efectos. Ya desde hace mucho,  Ozric Tentacles se convirtió en un "negocio familiar", (incluyendo a la parienta al bajo). Personalmente echo de menos los tiempos en que eran un grupo auténtico de freaks que vivían en su propio mundo.

Aunque los actuales no han perdido ni un pelo del sonido y estilo que los diferenció de toda la onda UK neo-psych 90s. Una suerte de Gong en todas sus etapas,  Steve Hillage, Ashra y jazz rock/trance 80s-90s. Nodens Ictus recupera de hecho, la faceta más etérea de las primeras producciones cassetteras de Ozric. Aunque con un sonido y profesionalidad, a años luz. "The Cozmic Key" (7'08) inicia viaje con guitarra de manual Hillage - Gottsching, mientras un juguetón alarde secuencial pone en levitación al oyente en cerocoma. Percusiones de astucia ingrávida apoyan tan simple - a priori -, melodía hipnótica. Cubriendo todo espacio con barrocos drones electrónicos,  que ofrecen densos chorros de churrigueresctronic lava. Absolutamente inimitable, pura marca de la casa.

"Chickens in The Mist (7'12) es un delicioso pastel de crema cósmica,  de ambientación alienígena inevitable. Como visitar una jungla en un planeta perdido, llena de nueva y sorprendente flora y fauna.  En otro de ésos paraísos que pueblan éstos universos, y que se engañan en decirnos que sólo existen aquí. Y para más colmo, los joden! Muy Berlín School, influencia decisiva en Ed Wynne desde siempre, se plantea en "Swoop Song" (15'23). De maraña secuencial extraordinaria y certeros disparos synth,  en solista puntería. No, no difiere demasiado de un disco Ozric de los más orientados a la imaginería kosmische. De hecho podría pasar por uno más de Ozric Tentacles. Y es que son padre e hijo. Mano a mano. Como en su día Edgar y Jerome Froese. Conocen el estilo, lo llevan en su adn, y lo cultivan con primor de jardinería cósmica. Es un vergel de sonoridades curiosas, como extravagantes flores alien. En las que a veces entran sones orientales, cosecha cercana a Tangerine Dream 70s/80s. Pero con una guitarra más Hillage que Froese. Y ahí la nave nodriza Gong entra en influencia directa. Hasta en su etapa Pierre Moerlen, apostaría. Por una preocupación prioritaria en la percusión,  tanto orgánica como ciber. Algo que decididamente forma parte protagonista del contexto estilístico en Nodens/Ozric.



El final se convierte en otra aventura espacial, con "Fractal Sunset" (25'24). Libres de fronteras temporales, en su salsa, se marcan una de sus famosas jams de cierta decadencia anímica al comienzo. Experimentación diáfana y asumible, excitador de vortex cerebrales, fotografían con sonidos la verdadera libertad del TODO universal. Sin enfermas ataduras de corrompidos intereses del ser humano. Mal bicho donde los haya. Pero también capaz de crear portales dimensionales dorados hacia la inmensidad del cosmos. De donde formamos parte. Cosas como "The Cozmic Key" ofrecen más  esperanza y salvación moral, que todas las religiones de éste embustero y tramposo mundo de farsantes. 

J.J. IGLESIAS 


 
Temas
01. The Cozmic Key - 00:00
02. Chickens in the Mist - 07:05
03. Swoop Bong - 14:19 
04. Fractal Sunset - 29:38








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