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CROWN LANDS - Apocalypse (2026 / Inside Out)

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 Puede que "Apocalypse" rompa al fin "el maleficio" que arrastran los canadienses Crown Lands en Europa. Discos de difícil localización,  en mil formatos, caros como griales psych 60s.....Y cuando consiguen un contrato de distribución europea, les da la vena Zen y la cagan bien cagada. "Ritual I & II" (2025) era un somnífero truño new age de difícil tragadera. Yo creo que no le gustó a nadie. A mí,  ni ver. Sinceramente, los daba ya por perdidos para la causa. Pero el dúo formado por Kevin Comeau (guitarras, bajo, Taurus pedals, MiniMoog, Oberheim OB6, Mellotron y otros sintes) y Cody Bowles (voz fuera de éste mundo, batería,  percusión,  ney, flauta), parece que levantan cabeza. O será que se han aclarado las ideas, desde que giraron con los también canadienses y poderosamente emergentes, Brass Camel .  Ayudan las muy probables sugerencias de los productores-ingenieros:  Nick Raskulinecz (Rush) y David Bottrill  (Peter Gabriel, Tool, Rush, Th...

HAPPY THE MAN - 3rd Better Late (1983)

Poco después de su aventura camelera Kit Watkins decidió editar lo que fue el último trabajo olvidado de estudio grabado en 1979 con nuevo baterista en la figura de Coco Roussel y salió por primera vez en vinilo en 1983. 


Estamos en los 80´s pero vale decir que muchos no se volvieron gilipollas. La basura verbal casi convertida en mezquina inmoralidad y la caza de brujas hacia la música inteligente hizo mucho daño, como vengo diciendo reiterativamente (soy consciente) pero no hasta el punto de volver idiotas a músicos que verdaderamente lo eran y no se dejaron engañar. Si el rock progresivo mantuvo discografías robustas, competentes y atractivas durante los años de gloria, una vez metidos en las siguientes décadas, serán casos aislados, hechos puntuales y discos concretos los que mantendrán la llama. Lo suficiente como para no desaparecer por completo. Pero eso sí, poniendo a prueba la paciencia de los prog lovers. Que no entendían que habiendo llegado a un punto de creatividad y a un desarrollo de un estilo tan fascinante, no se hubiese rubricado con la experiencia anterior y la calidad que se presuponía. Sobrevivir en un mundo de tontos musicales fue un desafío que algunos supieron más o menos combatir. Lo curioso es que conforme pasan los años y las décadas la música se va quedando en lo esencial. Muchísimo material viejo y moderno saturan la red. Cantidad industrial de bandas y grupos que día a día aparecen en la palestra, en un archivo infinito. Dos aspectos: el gusto y el recuerdo. Todo se basa en ello al margen de considerar la calidad. Lo relativo lo invade todo. La acumulación de todo lo referente a un estilo a mi edad ya no tiene sentido, porque no queda tiempo para el disfrute. No hay tiempo material humano. Concretar lo que nos sirve y lo que no, es un acto de inteligencia. De racionalidad lógica. No es fácil conseguirlo por el bombardeo constante de novedades o descubrimientos del pasado ignorados. El proceso de selección se impone en mi caso salvo que ingenuamente pienses que los que te sigan continúen el proceso. No lo creo.

“Mejor Tarde” se inicia con “Eye Of The Storm” una pieza atmosférica inocua que Watkins incluiría para el “I Can See Your House from Here” de Camel y casi cercana al “muzak” del estilo new age. Aburrida hasta la saciedad. Mucho mejor es lo que viene después. En “The Falcon” Whitaker se me asemeja a Greg Lake cantando, pero con una personalidad definida no imitativa. El desarrollo algo Floyd-Genesis suena una mezcla peculiarmente extraña pero lo suficientemente atractiva. La instrumental “Al borde de este pensamiento” sigue en la onda amable con la que han iniciado este tercer trabajo. Flautas juguetonas, ambientes relajantes y bastante más lírico por momentos que las tendencias fusión progresivas de años atrás. Bueno es muy agradable realmente. Me suena por ahí algo ligeramente Metheny y en “Run Into The Ground” está clarísimo. Por algún lado es como un recordatorio de esos años en que la fría estética ECM editaba elegantes discos de vanguardia- jazz-fusion. No van los Happy muy desencaminados de la política sonora del sello alemán. La tónica del disco va por esos derroteros si exceptuamos las partes cantadas naturalmente.


 En general la música de los felices hombres es aquí fina y elegante. Un aspecto que siempre los ha definido. Las últimas piezas y algunos añadidos bonus tienen algo más de fuerza jazz-rock. Estaban en proceso creativo hasta que se rompió la baraja. (continuará)
Alberto Torró





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