Conforme uno va acumulando años también va refinando la perspectiva de aquello que generó un impacto en sus tiempos de adolescencia-juventud y además en ese momento en que el cerebro está acumulando una información nueva no comparativa con otras cosas. Que aquella música que llamamos rock progresivo en realidad ocupase tan poco espacio de tiempo en un concepto global, porque no olvidemos que en tan solo cinco años de 1970 a 1975 crease una especie de leyenda en la creatividad de la música, es realmente un fenómeno irrepetible. La musicología y la historia en su estudio comparativo ha ido desarrollando los diferentes estilos “importantes” en cómputo general de décadas. La clásica y la llamada música folk necesitaron varios siglos de evolución y desarrollo. El jazz, el rock y la electrónica unas cuantas décadas. Sin embargo, el rock progresivo fue un “instante de cinco años”. Un caso raro. Es cierto que por definirlo de alguna forma coge elementos y técnicas de otros estilos. Podría...
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BACAMARTE - Sete Cidades (1999, Bacamarte)
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El guitarrista Mario Neto es el factótum del trabajo debut de los brasileños Bacamarte pues, además de componer seis de las nueves creaciones incluidas en ese elepé titulado Depois Do Fim, posee una concepción en el trato de la guitarra que les aventaja frente a muchos vecinos artísticos. Entendedor de la mezcla entre la guitarra española o clásica con los ataques eléctricos sinfónicos, Neto maravilla desde una línea gruesa y bien marcada donde la sutileza reside en su arte para saltar del acústico a la tempestad del enchufado.
El álbum se graba en un 1977 que estaba pleno de ebulliciones progresivas; sin embargo, y de manera casi incomprensible, no será hasta 1983 cuando vea su definitiva puesta de largo en las tiendas. Inspirado por la primera etapa de los italianos Premiata Forneria Marconi, Bacamarte engrandece las melodías gracias al preciosista registro se su vocal Jane Duboc. El grupo se completa con el medido engranaje rítmico de Mr. Paul, Delto Simas y Marco Veríssimo, más la flauta de Marcus Moura y los coloristas teclados de Sergio Villarim.
En 1995 Rarity Records edita en CD aquel inicial Depois Do Fim, por lo que las nuevas hornadas de oyentes acólitos del rock progresivo descubren a este grupo de culto con fantasmal carrera de único elepé en estudio. Mario Neto, crecido ante esta segunda oportunidad, y mostrándose ya como el multiinstrumentista depurado que es, pone en marcha nuevamente Bacamarte cual proyecto personal. El teclista Robério Molinari constituirá el único punto de apoyo adicional. El nombre con el que titulará el CD, Sete Cidades, el que resultaría segundo álbum del brasileño bajo esta apuesta, es muy significativo.
Sete Cidades es una espléndida y misteriosa localización geológica brasileña convertida en parque nacional. De dicho enclave se dice que fue la morada de una civilización ancestral, llegándose a barajar el hecho de que fuese creado por alienígenas. Todo esto casa con el amor de Neto por lo desconocido y por esa ciencia ficción que afloraba en temas como "UFO" de Depois Do Fim. Aun así, y aunque ese aura de más allá de las estrellas acune la obra, las letras inspiradas en poemas y cortos escritos dibujan un análisis sobre la distribución de la tierra en relación al estatus social, y las injusticias que se han cometido por dicho clasismo.
Las faltas se notan en la perdida de Jane Duboc como vocal, una voz femenina que aportaba seña de identidad a tan magno combo. Ahora como banda de uno, obra de solista con mínimo acompañamiento, Mario hasta se atreve con las estructuras jazz de evidencia supina ("Canto Da Esfinge"). Igualmente se permite el creativo maravillar con arreglos ambient melódicos y suaves en "Espírito Da Terra", posiblemente una de las composiciones clave de este lanzamiento.
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