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Too Much - Too Much (1971)

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 ¿Sabes cuando escuchas una banda por primera vez y te invade una sensación de ligereza, un estado de catarsis pura? Tu alma levita, parece que abandona tu cuerpo y te contempla, llegando a la conclusión de que no somos solo un fragmento de cuerpo orgánico, sino un complejo sistema de sentimientos intangibles a la vista, emociones que inyectan adrenalina y te dejan en puro éxtasis.  La música tiene esta capacidad: te oxigena, te da la mejor etapa de tu vida, te da placer, la droga psicotrópica que necesitamos para superar días turbulentos de tanta incertidumbre. ¿Por qué digo todo esto? Esta banda de la que voy a hablar, sobre la que me dará la difícil pero placentera tarea de escribir, me provoca una explosión de sentimientos, y la descubrí hace poco en una búsqueda aleatoria, o quizás no tan aleatoria, de bandas desconocidas u olvidadas. Me cautivó tanto que en el último minuto del álbum, aún en un estado de letargo absoluto, desperté con la siguiente frase: «¡Necesito escri...

RMP - For The Light

Se trata de un proyecto de dos músicos del área de San Petersburgo: el guitarrista Vladimir Mikhaylov y el teclista Ivan Rozmainsky ayudados en este caso por Leoniv Perevalov al clarinete, Yurii Groiser en los tambores, Natalia Fyodorova al gusli (instrumento autóctono de cuerda y uno de los más antiguos de Rusia) y Anastasia Mikhaylova a la voz.  


Según leo en los créditos son miembros de diferentes bandas rusas entre ellos la de Roz Vitalis del que hablaremos en su momento. El sonido del gusli me recuerda a la antigua arpa céltica pero más monocorde y sin tantas posibilidades armónicas. En este disco no vas a encontrar una música que se quede fácilmente. Hay elementos etnicos de ambient, camerísticos, de folk, de clásica, de blues, de jazz y de influencias progresivas retorcidillas en ese mejunje llamado prog ecléctico. No te va a sonar a nadie porque son composiciones prácticamente instrumentales y muy personalistas con algún ramalazo vanguardista y sicodélico en su vena más intelectual y voces que se usan más como adorno. La música es fría y descriptiva, evitan prácticamente el lado melódico agradable para sustituirlo por música de aristas arquitectónicas, escenas cinematográficas o un paseo pictórico silencioso lleno de bodegones bien pintados pero sin alma. Es un trabajo para amantes de música aséptica. Para los que trabajan en una biblioteca y toman apuntes. Los que hacen mezclas con tubos de ensayo y gafas de 10 dioptrías o los que coleccionan estelas mortuorias mientras lo escuchan. En general para los que les gusta aburrirse y son felices. Hay mucha gente feliz no haciendo absolutamente nada. Esta música que sin duda a los que se aburren les parecerá muy interesante, me recuerda a aquellas películas de los años sesenta y principios de los 70´s tipo Bergman, Herzog o Lynch. Encantadicos de la vida estarían con esta banda sonora. 



Poco más tengo que añadir, pero este es sin duda un disco particular para que coleccionen los más entusiasmados en cosas peculiares. De todas formas, yo no veo la luz aunque la temática del trabajo sea esa precisamente. Por otra parte, es gente con buenas referencias y músicos de altura. La cuestión de la emoción ya es otro cantar.
Alberto Torró






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