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El Ritual – El Ritual (1971 / Denver)

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 Imaginen unos personajes como en "Machete" o "Perdita Durango". Pónganse en situación. Hippies rockeros mejicanos, arrabaleros y polvorientos en Tijuana, Baja California, en los finales 60. Miedito. Añadan fuertes dosis Occult rock y tendremos el único álbum de El Ritual, en 1971. Frankie Barreño (voz solista, guitarra, flauta) reúne a Gonzalo Hernandez (bajo), Abelardo Barceló (batería) y Martín Mayo (órgano,  piano, voz). Los dos últimos procedentes de Los Graveyard. En una escena pletórica formada por Peace and Love, El Chaparral, Grass & Flowers, Tercer Piso, El Sistema, Los Ovnis o El Tarro de Mostaza.  El Ritual participan ya en el Festival de Avandaro  (el Woodstock mexicano, con una afluencia de gente similar, aunque nunca se le haya dado la trascendencia del festi yanqui). No les fue muy bien por problemas de sonido. Pero pronto destacan como los mejores de aquella escena. Usan maquillaje antes que cualquiera en USA. Graban un single, "Tabú",

RMP - For The Light

Se trata de un proyecto de dos músicos del área de San Petersburgo: el guitarrista Vladimir Mikhaylov y el teclista Ivan Rozmainsky ayudados en este caso por Leoniv Perevalov al clarinete, Yurii Groiser en los tambores, Natalia Fyodorova al gusli (instrumento autóctono de cuerda y uno de los más antiguos de Rusia) y Anastasia Mikhaylova a la voz.  


Según leo en los créditos son miembros de diferentes bandas rusas entre ellos la de Roz Vitalis del que hablaremos en su momento. El sonido del gusli me recuerda a la antigua arpa céltica pero más monocorde y sin tantas posibilidades armónicas. En este disco no vas a encontrar una música que se quede fácilmente. Hay elementos etnicos de ambient, camerísticos, de folk, de clásica, de blues, de jazz y de influencias progresivas retorcidillas en ese mejunje llamado prog ecléctico. No te va a sonar a nadie porque son composiciones prácticamente instrumentales y muy personalistas con algún ramalazo vanguardista y sicodélico en su vena más intelectual y voces que se usan más como adorno. La música es fría y descriptiva, evitan prácticamente el lado melódico agradable para sustituirlo por música de aristas arquitectónicas, escenas cinematográficas o un paseo pictórico silencioso lleno de bodegones bien pintados pero sin alma. Es un trabajo para amantes de música aséptica. Para los que trabajan en una biblioteca y toman apuntes. Los que hacen mezclas con tubos de ensayo y gafas de 10 dioptrías o los que coleccionan estelas mortuorias mientras lo escuchan. En general para los que les gusta aburrirse y son felices. Hay mucha gente feliz no haciendo absolutamente nada. Esta música que sin duda a los que se aburren les parecerá muy interesante, me recuerda a aquellas películas de los años sesenta y principios de los 70´s tipo Bergman, Herzog o Lynch. Encantadicos de la vida estarían con esta banda sonora. 



Poco más tengo que añadir, pero este es sin duda un disco particular para que coleccionen los más entusiasmados en cosas peculiares. De todas formas, yo no veo la luz aunque la temática del trabajo sea esa precisamente. Por otra parte, es gente con buenas referencias y músicos de altura. La cuestión de la emoción ya es otro cantar.
Alberto Torró






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