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VANILLA FUDGE - Renaissance (1968, ATCO Records)

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 Mark Stein And The Pigeons, o lo que es lo mismo, Mark Stein, Tim Bogert, Vince Martell y Joey Brennan, poseían un elepé psicotrópico conocido como While The Whole World Was Eating Vanilla Fudge. Cuando toman las dos últimas palabras del título para nombrar a su futuro proyecto, otro cuarteto en el que mueven ficha contratando al explosivo baterista Carmine Appice en sustitución de Brennan, el caldero de ideas se transforma en un guiso psicodélico de enjundia.  Tras revisar éxitos de aquella década sesentera en decenas de institutos, pubes y variopintos bares, estos instrumentistas con más recursos que una navaja suiza toman canciones de The Supremes, Sonny Bono o The Beatles, entre otros, para extenderlas y reinventarlas en el apabullante álbum homónimo que les haría debutar en oficialidad. Cuando abandonan 1967 y se visten de 68, el productor Shadow Morton les mete en The Beat Goes On, un vinilo tan delirante como desafortunado. Pero esto no hunde el talento ahora herido de Vanilla

IZZ ‎– Don't Panic (2019)

Bueno terminamos con su último y reciente trabajo titulado: “No se Asuste”. No entramos en pánico, aunque estos días por aquí hayamos tenido ira y fuego en crema catalana, exhumación de la momia, personajes salidos de alcantarillas de la hispanidad patriota e inminentes elecciones para que la milenaria y surrealista historia de España siga dándonos alegrías y antologías del humor. Un kit completo para que vengáis a hacer turismo que os lo vais a pasar de puta madre.


Bueno por primera vez tan solo 5 temas. Tres de los cuales se reparten en 18 y nueve mtos. Probablemente sea el más prog sinfónico de toda su discografía con la banda al completo. Sus dos cantantes femeninas. Los Galgano, el guitarrista Bremner y los baterías Coralian y DeMiceli. La primera pieza homónima puede sonar algo AOR con vistas comerciales sin duda, pero en cuanto entran en asunto los vericuetos instrumentales a lo ELP-Yes-Genesis nos reconcilian a todos en su visión moderna del viejo prog. Rítmica cambiante, cortes complejos, teclados de lujo y guitarra lujuriosa. “42” es el esquemático título de 18 mtos impagables y estupendos. No hay que tener miedo a hacer temas largos cuando vas sobrado de técnica musical. Como siempre las voces alternantes masculina-femeninas son una delicia y mantienen al oyente entretenido todo el rato, sin que la escucha se convierta en un ataque de gota hiperuricémica ni un cólico nefrítico dreamteatrero. Definitivamente después de la escucha el paciente evoluciona favorablemente para meterse en la siguiente terapia musical. La banda ha creado una pieza musical con un desarrollo lógico sin ocurrencias ni pegotes de estilos bastardos como en otros discos. No hay atascos repentinos como sucede en otras ocasiones. Fluye el rio sin problemas con su cauce limpio y sin basura en el fondo y decir esto en una composición musical es decirlo todo. Los que sois músicos me entendéis perfectamente. La euforia final de esta composición refleja que han estado felices de hacer esto. 


Después del aburrido pero breve reposo acústico de “Six Strings Theory” llegamos al “Momento de Inercia” que empieza muy pausado pianísticamente y con sinfonismos a lo Enid para decirnos que no nos fiemos demasiado que las enfermedades crimsonianas de la biblia negra están al acecho. Empezamos con las mezclas antinatura propias del progresivo moderno y parecen ahora unos Anglagard poseídos por Fripp y sus huestes sépticas de sarpullido y escozor por infección metastásica. El espectro de Keith Emerson aparece de mitad hacia delante con un sinte contaminado y radiactivo hasta el prurito anal. Cremita íntima y alivio. Termina la cosa de manera épica y agradable volviendo en parte al principio activo de la Enid. Muy buena pieza. 


“La edad de las estrellas” tiene toques psych al principio y bonita base tintineante con voces tiernas y soñadora melodía. Una pieza de sentimiento positivo que se va desarrollando de manera grácil y agradable con una enorme claridad de los instrumentos en una medida próxima a la fusión jazzística y a la descuadratura de tempo. Bonito efecto melódico rítmico y otra pieza genial que fluye sin forzar y con naturalidad. No sé si es su mejor disco. 43 mtos, una duración que yo aconsejo para un álbum (yo nunca lo cumplo por eso) porque irnos a los 80 mtos en un solo CD es muy pesado y casi nadie escucha más allá de la duración estándar a la que los LP´s nos acostumbraron en su día al menos a los veteranos. Teniendo en cuenta que es el último hasta la fecha, la cosa promete porque es una banda en alza.
Alberto Torró











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