¡Los años dorados del rock and roll estadounidense! ¡Sí! La segunda mitad de los 60 produjo bandas que conformaron la escena psicodélica estadounidense. Janis Joplin, Grateful Dead, The Doors, entre muchos otros, proclamaron el "flower power" por todo el país y el mundo, expresando su repudio a la guerra de Vietnam, y la música fue su guía. La música experimental y psicodélica reinaba con supremacía. Pero como el buen rock and roll sugiere, o al menos debería sugerir, a menudo subvierte el orden, y algunas bandas —pocas, hay que decirlo— aportaron algo diferente a la época. Algo más contundente, no solo por la relevancia de su historia, sino también por su sonido. En esencia, el sonido revelaba su historia y transmitía la fuerza de ser pioneros, muchos de los cuales no recibieron el reconocimiento que merecían. No recibieron crédito precisamente por traer algo nuevo y difícil de digerir a la industria discográfica, que, admitámoslo, siempre ha sido conservadora, y al público...
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IZZ – The Darkened Room (2009)
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Si con su anterior lanzamiento Izz se colocaron en la parrilla de salida del nuevo prog sinfónico norteamericano con esta habitación oscura lograrían una atención especial por parte de la comunidad progresiva ya que se trata de música muy superior al producto anterior que además ya era muy bueno.
Un problema que tenemos los prog lovers cuando subimos a cierto techo es la poca tolerancia a músicas de menor calibre. Me explico. Si por regla general en el rock o la música popular hay cierto conformismo y no excesiva exigencia, al meternos en estilos especializados o músicas de mayor calado el oído se acostumbra – si hay actitud e interés en ello evidentemente – a cierta complejidad y a cierta familiaridad. Es el mismo caso que la diferencia entre beber un vino corriente o un reserva. A un oído profano una sinfonía clásica o una pieza de música compleja del estilo que sea le parecerá un aburrimiento y un desagrado. Esto es normal y es lógico. No es fácil el camino de asimilación y cuesta muchos años de experiencias. El refinamiento y la aceptación de las cosas interesantes en la vida desgraciadamente, o no, según como se mire es para muy pocos. El privilegio de escuchar buena música depende de la capacidad de sensibilidad de cada uno y por supuesto de la educación y tiempo que hayamos empleado en ello. En cierto modo hay exclusividad en lo que digo y esto, aunque moleste, es tremendamente cierto. Hay un mundo a la altura de cada uno y uno debe encontrar el sitio al que pertenece. Generalmente hablar de las cosas que a cada uno interesan en la vida es como predicar en el desierto. Es una sensación extraña y esto se acrecienta conforme envejeces hasta llegar a suponer un mundo cerrado en el que tú eres el único protagonista. Esa sensación de estar perdiendo el tiempo de la que muchos que escribimos tenemos. Bueno en realidad es una especie de desahogo y sensación de estar hablando para uno solo. Tiene su cosa.
“La habitación oscura” en su primera pieza de apertura asimila una estética dark prog próxima a las últimas producciones de los británicos IQ. El cuerpo instrumental es más denso que en otras ocasiones pero también más centrado y no tan cruce de progs variados como en álbumes anteriores. Más definición de estilo quizás. Sin embargo la argumentación sonora no olvida la variedad de estados de ánimo porque la densidad que ahora escuchamos también se traduce en momentos de hermosa melodía y partes acústicas que combinan como siempre con la potencia y energía que no con la pesadez. Hay tiempo para el respiro y la introspección al igual que para momentos desbordantes de cierta épica sonora. Buenas voces francamente, algo de lo que adolecen la mayoría de bandas modernas de progresivo. Las guitarras de Bremner vuelven a marcar la diferencia entre lo normal y lo excelente, porque es un guitarrista tanto acústico como eléctrico que tiende a abrir las ventanas y lanzarse por espacios abiertos llenos de lujuria.
La música de este disco tiene un trabajo de composición complejo y bastante menos alegre que otros más “beat” si tiramos para atrás. Las tres partes de “Can´t feel the earth” es de lo mejor que he escuchado por el momento de esta banda: rítmica compleja y generosa e imbricada composición llena de detalles y cambios. Progresivo de altos vuelos, de altísima calidad en la ejecución de los respectivos instrumentos y que complacerá a los oídos exigentes. La maravillosa voz de Anmarie Byrnes pone la guinda a este sofisticado pastel musical solo factible a músicos de nivel técnico superior como es el caso. Un estupendo paseo por la fusión sinfónica compleja y atractiva que sube enteros conforme avanza el álbum y un grupo en alza que recomiendo escuchar con atención.
Si la complejidad es buena en la música es algo que depende de su grado de atractivo y calidad y desde luego que no sea aburrida. No he llegado a su último álbum pero veo que Izz es una banda que se supera en cada grabación. Thaks!!!
Hi
ResponderEliminarIs it the good complexity, that's the question ?! Ho, it's a joke, it's enough good but I have the right to prefer their last album.
Si la complejidad es buena en la música es algo que depende de su grado de atractivo y calidad y desde luego que no sea aburrida. No he llegado a su último álbum pero veo que Izz es una banda que se supera en cada grabación. Thaks!!!
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