Ya hablé en diferentes ocasiones y artículos sobre este músico británico nacido en Gales y de sus diferentes proyectos que van desde sus bandas progresivas como Cyan o Magenta hasta sus incursiones en cine y publicidad, así como sus numerosas colaboraciones con otras gentes en líneas musicales un tanto dispares. El señor Reed es un multistrumentista y compositor inquieto. Un verdadero amante de su oficio. Prácticamente de los que ya apenas quedan en el mundo de la música. Creo recordar ya hará unos 8 años que me enzarcé en una discusión con algún fan acérrimo del señor Mike Oldfield todo por cargarme el “Return To Ommadawn” y decir simplemente que los “Sanctuary” del señor Reed eran superiores a la falta de ganas compositivas del famoso compositor de Reading. Ni que decir tiene que la cosa acabó bastante tensa y no hay nada peor que llevarle la corriente a un fan iluminado de cualquier cosa porque al final todo acaba en el insulto personal y en perder los papeles. Hoy ya no ...
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IZZ – The Darkened Room (2009)
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Si con su anterior lanzamiento Izz se colocaron en la parrilla de salida del nuevo prog sinfónico norteamericano con esta habitación oscura lograrían una atención especial por parte de la comunidad progresiva ya que se trata de música muy superior al producto anterior que además ya era muy bueno.
Un problema que tenemos los prog lovers cuando subimos a cierto techo es la poca tolerancia a músicas de menor calibre. Me explico. Si por regla general en el rock o la música popular hay cierto conformismo y no excesiva exigencia, al meternos en estilos especializados o músicas de mayor calado el oído se acostumbra – si hay actitud e interés en ello evidentemente – a cierta complejidad y a cierta familiaridad. Es el mismo caso que la diferencia entre beber un vino corriente o un reserva. A un oído profano una sinfonía clásica o una pieza de música compleja del estilo que sea le parecerá un aburrimiento y un desagrado. Esto es normal y es lógico. No es fácil el camino de asimilación y cuesta muchos años de experiencias. El refinamiento y la aceptación de las cosas interesantes en la vida desgraciadamente, o no, según como se mire es para muy pocos. El privilegio de escuchar buena música depende de la capacidad de sensibilidad de cada uno y por supuesto de la educación y tiempo que hayamos empleado en ello. En cierto modo hay exclusividad en lo que digo y esto, aunque moleste, es tremendamente cierto. Hay un mundo a la altura de cada uno y uno debe encontrar el sitio al que pertenece. Generalmente hablar de las cosas que a cada uno interesan en la vida es como predicar en el desierto. Es una sensación extraña y esto se acrecienta conforme envejeces hasta llegar a suponer un mundo cerrado en el que tú eres el único protagonista. Esa sensación de estar perdiendo el tiempo de la que muchos que escribimos tenemos. Bueno en realidad es una especie de desahogo y sensación de estar hablando para uno solo. Tiene su cosa.
“La habitación oscura” en su primera pieza de apertura asimila una estética dark prog próxima a las últimas producciones de los británicos IQ. El cuerpo instrumental es más denso que en otras ocasiones pero también más centrado y no tan cruce de progs variados como en álbumes anteriores. Más definición de estilo quizás. Sin embargo la argumentación sonora no olvida la variedad de estados de ánimo porque la densidad que ahora escuchamos también se traduce en momentos de hermosa melodía y partes acústicas que combinan como siempre con la potencia y energía que no con la pesadez. Hay tiempo para el respiro y la introspección al igual que para momentos desbordantes de cierta épica sonora. Buenas voces francamente, algo de lo que adolecen la mayoría de bandas modernas de progresivo. Las guitarras de Bremner vuelven a marcar la diferencia entre lo normal y lo excelente, porque es un guitarrista tanto acústico como eléctrico que tiende a abrir las ventanas y lanzarse por espacios abiertos llenos de lujuria.
La música de este disco tiene un trabajo de composición complejo y bastante menos alegre que otros más “beat” si tiramos para atrás. Las tres partes de “Can´t feel the earth” es de lo mejor que he escuchado por el momento de esta banda: rítmica compleja y generosa e imbricada composición llena de detalles y cambios. Progresivo de altos vuelos, de altísima calidad en la ejecución de los respectivos instrumentos y que complacerá a los oídos exigentes. La maravillosa voz de Anmarie Byrnes pone la guinda a este sofisticado pastel musical solo factible a músicos de nivel técnico superior como es el caso. Un estupendo paseo por la fusión sinfónica compleja y atractiva que sube enteros conforme avanza el álbum y un grupo en alza que recomiendo escuchar con atención.
Si la complejidad es buena en la música es algo que depende de su grado de atractivo y calidad y desde luego que no sea aburrida. No he llegado a su último álbum pero veo que Izz es una banda que se supera en cada grabación. Thaks!!!
Hi
ResponderEliminarIs it the good complexity, that's the question ?! Ho, it's a joke, it's enough good but I have the right to prefer their last album.
Si la complejidad es buena en la música es algo que depende de su grado de atractivo y calidad y desde luego que no sea aburrida. No he llegado a su último álbum pero veo que Izz es una banda que se supera en cada grabación. Thaks!!!
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