Tanto a John Wetton como a Bill Bruford se les achacó la idea de formar un super grupo de rock progresivo justo en el momento en que el estilo estaba en su mayor decadencia y vilipendiado a muerte por la crítica. Los años con King Crimson en ambos músicos no les habían dejado buen sabor de boca precisamente, aunque en el caso de Bruford como en un acto de puro sadomasoquismo volvió a los brazos del insoportable Robert Fripp en la reencarnación carmesí ochentera. Yo mismo me pongo en la piel de un músico que tiene que sufrir el rechazo de un día para otro del estilo que le gusta tocar y entiendo perfectamente que es difícil de gestionar a nivel personal. Los que te alabaron y besaron el culo de repente te dan una patada y te aíslan en el pabellón del desprecio. Sinceramente es difícil entender que en el año 1978 se apostase comercialmente por algo con una perspectiva casi segura de fracaso por mucho de que los integrantes de esta banda estuviesen en lo más alto del imaginario...
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STEVE MAXWELL VON BRAUND - Monster Planet (1975 / CLEARLIGHT OF JUPITER)
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Hará ya casi seis años que saqué por aquí a los Cybotron australianos. Un dúo que comenzó sobre 1975 y que editaria dos destacables trabajos de space-electrónica, "Cybotron" y "Colossus". Uno de aquellos dos integrantes fue el excéntrico Steve Maxwell Von Braund, que grabó en 1973 éste único "Monster Planet" que hoy rescatamos.
Un pre-Cybotron artefacto pues, con diferencias notables a ése proyecto. Todo sonido audible va a ser cosa de Maxwell, excepto la voz del primer tema-titulo, "Monster Planet" (9'00), que corresponde a Jim Keays, cantante de los famosos Master Apprentice's. Ipso facto me llevan sus planteamientos al Arthur Brown's Kingdom Come o su otro spin-off, Victor Peraino's Kingdom Come. Máxime cuando irrumpe la batería (de verdad) y un saxo de olfato free jazz muy similar a Nik Turner. La teclistica domina el paisaje, pero el misterio melódico lo aporta el viento con solvencia.
Como se puede deducir por la circense portada, Steve Maxwell, - lo de Von Braund es una coña para hacerse el interesante krautie, seguro -, era otro de ésos frikis maravillosos que pululaban por la escena underground mundial. Al estilo de los referidos Arthur Brown y Nik Turner, Twink, Mickie D's Unicorn, Maní Neumeier, Eroc, Damo Suzuki, Pau Riba o Daevid Allen.....gente que hacía que el panorama fuera algo más colorista y tan marciano como su propia música. Algo que se echa en falta en la actualidad. No veo fuertes personalidades hoy día, y sí mucho con pinta de funcionario o neoliberal, metido a músico en sus ratos libres. No hay humor , ni sarcasmo, ni socarrona ironía (papá Zappa, te extraño! )......demasiada seriedad encubre carencias y mediocridades. Si eres bueno, todo lo demás no importa. Puedes vestir con un disfraz de orangután, si luego haces una obra maestra.
Para "Shadowfax"; (10'12) las incursiones son puramente electrónicas, en burbujeantes válvulas al vapor, sinuosos gamberrismos resultones y tétricos ambientes no alejados de John Carpenter. Como el que no quiere la cosa nos ponemos en la segunda cara con "Spirit" (14'14) y su ambientación siniestra deudora de "Alpha Centaury" / "Atem"......reconozco que me fascinan éste tipo de discos, con toda su carga pretendidamente "malévola". Que en 1973 cuando fue creado, tendría su aquel. Pero en éstos tiempos tan jodidamente duros, no asustaría ni a un crío de cinco años. Si por ejemplo lo comparamos con "Mandy" de Johann Johannsson, de hace dos semanas, no tiene nada que hacer......Queda extrañamente naif y puede que simplista. Aún así es altamente disfrutable, y hay que saber situar cada música en su contexto temporal. No puedes comparar la "técnica" a la guitarra de Chuck Berry, con la de un chaval recién salido de la academia tocando prog metal.....pero, quien ha pasado a la historia? La lógica de esta pieza, la más extensa, ha hecho que Von Braund se "ponga serio" y trascendente, y eso le sienta muy bien a su estrategia electrónica. Que no será un Edgar Froese, pero lo intenta con resultado óptimo. Para finalizar, "Crystal Forest" (8'19) describe muy bien su concepto, con sonidos realmente originales e inspirados. De feel cuasi barroco en su inicial exposición, el cosmic kraut campa a sus anchas y hasta con pretensiones sinfonicas en una guía melódica simple pero efectiva, que me recuerda a los primeros Neuronium.
Como se puede intuir, el disquito no sale barato (150 pavos aproximados), pero existe reedición de los samaritanos electrónicos Light in the Attic. Una bonita rareza que te quedará muy cuca al lado de Peter Frohmader, John Carpenter, Rüdiger Lorenz, Carlos Guirao o Wolfgang Düren. A disfrutarlo.
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