Cuando escuché por primera vez English Electric Part One, supe con certeza que David Longdon era la estrella más brillante del rock progresivo moderno. Su voz, junto con sus composiciones para flauta, elevaron a Big Big Train a un nivel que rara vez alcanzan las bandas contemporáneas, digno de estar a la altura de los grandes maestros de los años 70. Este álbum es un tapiz de composiciones sublimes y líneas estilísticas variadas, siempre lideradas por la inigualable voz de Longdon. Las letras también son sensacionales, enriquecidas por la pasión que David imprime en cada nota, y canciones que parecen creadas con la precisión e inspiración de un artista talentoso que pinta un cuadro vivo. «The First Rebreather» abre el álbum con la misma grandeza que «Dance on a Volcano» o «A Musical Box» aportaron a sus respectivos álbumes clásicos. Desde el principio, Nick D'Virgilio nos deleita con una increíble interpretación de batería. La canción es un viaje a través de cambios dinámicos, dond...
El sintetista y musicólogo húngaro (nacido en Budapest) Laszlo Hortobagyi, comenzó algo tarde en materias electrónicas. Pero todo se debía a una estrategia premeditada. En los 60 se embarca en una expedición a la India en donde pasará una larga estancia grabando música, estudiando filosofía y aprendiendo instrumentos tradicionales que influirán decisivamente en su próximo capítulo electrónico. Todo minuciosamente preparado. En el álbum que hoy presentamos, toca tabla y percusiones orientales (un gran técnico en la materia), sitar, sampler, vocoder y sintetizadores. Le acompaña un bajista llamado Toto (sin más), y algunos invitados que iremos presentando.
La entrada de "Intra Sutra" (3'27) es suficientemente descriptiva de lo dicho. Música mística de gran poder espiritual y muy ligada con "Affenstunde" y toda la ideología Popol Vuh. Se enlaza (como toda la obra), con "Culture of Bass" (6'56), donde un futurista vocoder adorna secuencias más actuales, como un brutal salto a nuestra civilización y su frenético / majareta ritmo de vida. Las cuatro cuerdas de Toto lideran los pasajes cibernéticos, casi con paralelismos con Pekka Pohjola.
El melodioso transcurrir sintetizado desemboca en "Organix" (2'01) con cánticos rituales sampleados y tratados casi bajo un prisma "enosificado". Continúa con "Cathedral of Reptiles" (7'22), en una brillante exposición sintetizada y rítmicamente acompañada por frenéticas tablas. Mientras un amenazador vocoder no deja de soltar avisos que se me antojan apocalípticos, en orgánico equilibrio entre primitivismo y electrónica. Realmente atractivo y muy agradable. Todo debido al Sygnus Modular Synth tocado por P. Radvanyi, que confiere un profundo sentimiento "de primera generación" (Terry Riley) a la composición. "Nono Bol" (2'28) se sucede sin interrupciones, y hace acto de presencia la tribal flauta de "Chipy" (sí, también a secas), en un étnico deambular cyber-selvático que incluso se acerca a unos Ozric Tentacles sin la caña eléctrica de Ed Wynne. "Mirage" (4'17) continúa el viaje de similar modo, usando el vocoder como un instrumento más ("spoken wordcoder"?...).
Sin soltar el hilo melódico, capas de sintes superpuestas traen "Kirana Boj-ki Baroque" (7'40), donde nuevamente las virtuosas percusiones hindúes de Hortobagyi se confunden con la maraña inteligente de sonidos cibernéticos y el cavernoso bajo de Toto. Cuatro cortas piezas más enlazadas de similar naturaleza, redondean una obra altamente original y de calado muy progresivo en su concepción electrónica. Un fascinante y altamente inventivo entramado musical que mezcla con eficacia, y como pocas veces se ha oído, étnica nada cargante con misteriosos elementos sintetizados.
Como un primer Vangelis, Laszlo Benko, Tibor Szemzo, Sven Grünberg o Reinhard Lakomy. A recomendar también su "Traditional Music of Amygdala" (1990 / Erdenklang). "Transreplica Meccano" se reeditó en vinilo en 2017 por Lullabies for Insomniacs, para que no falte de nada. Tuvieron buen gusto.
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