El hecho de que los años 70´s fuesen la edad dorada para el estilo sinfónico dependió en parte del momento y la oportunidad. Por tal motivo la gloria y la fama de la mayoría de las bandas legendarias que todos conocemos no fue igual para todos. La justicia nunca es igual para todos. Como buen racionalista yo no creo mucho en la suerte ni tampoco en el destino. Todo depende de la causa efecto, lo casual y de tomar decisiones acertadas o estar presente en el momento oportuno y lo demás depende de posibilidades matemáticas y hasta de física cuántica, que efectivamente suena a broma. El que fulano tuvo más suerte que mengano entra dentro del mundo de los magufos del cuarto milenio y de la alineación planetaria y posición del culo en el momento de sentarte en la taza de wc por la mañana. Esperar sentado a que alguna aparición mariana te bendiga o dicho de otra manera que el empresario discográfico mecenas o manager se fije en ti por el alma de la abuela no va a depender de la suerte de...
El sintetista y musicólogo húngaro (nacido en Budapest) Laszlo Hortobagyi, comenzó algo tarde en materias electrónicas. Pero todo se debía a una estrategia premeditada. En los 60 se embarca en una expedición a la India en donde pasará una larga estancia grabando música, estudiando filosofía y aprendiendo instrumentos tradicionales que influirán decisivamente en su próximo capítulo electrónico. Todo minuciosamente preparado. En el álbum que hoy presentamos, toca tabla y percusiones orientales (un gran técnico en la materia), sitar, sampler, vocoder y sintetizadores. Le acompaña un bajista llamado Toto (sin más), y algunos invitados que iremos presentando.
La entrada de "Intra Sutra" (3'27) es suficientemente descriptiva de lo dicho. Música mística de gran poder espiritual y muy ligada con "Affenstunde" y toda la ideología Popol Vuh. Se enlaza (como toda la obra), con "Culture of Bass" (6'56), donde un futurista vocoder adorna secuencias más actuales, como un brutal salto a nuestra civilización y su frenético / majareta ritmo de vida. Las cuatro cuerdas de Toto lideran los pasajes cibernéticos, casi con paralelismos con Pekka Pohjola.
El melodioso transcurrir sintetizado desemboca en "Organix" (2'01) con cánticos rituales sampleados y tratados casi bajo un prisma "enosificado". Continúa con "Cathedral of Reptiles" (7'22), en una brillante exposición sintetizada y rítmicamente acompañada por frenéticas tablas. Mientras un amenazador vocoder no deja de soltar avisos que se me antojan apocalípticos, en orgánico equilibrio entre primitivismo y electrónica. Realmente atractivo y muy agradable. Todo debido al Sygnus Modular Synth tocado por P. Radvanyi, que confiere un profundo sentimiento "de primera generación" (Terry Riley) a la composición. "Nono Bol" (2'28) se sucede sin interrupciones, y hace acto de presencia la tribal flauta de "Chipy" (sí, también a secas), en un étnico deambular cyber-selvático que incluso se acerca a unos Ozric Tentacles sin la caña eléctrica de Ed Wynne. "Mirage" (4'17) continúa el viaje de similar modo, usando el vocoder como un instrumento más ("spoken wordcoder"?...).
Sin soltar el hilo melódico, capas de sintes superpuestas traen "Kirana Boj-ki Baroque" (7'40), donde nuevamente las virtuosas percusiones hindúes de Hortobagyi se confunden con la maraña inteligente de sonidos cibernéticos y el cavernoso bajo de Toto. Cuatro cortas piezas más enlazadas de similar naturaleza, redondean una obra altamente original y de calado muy progresivo en su concepción electrónica. Un fascinante y altamente inventivo entramado musical que mezcla con eficacia, y como pocas veces se ha oído, étnica nada cargante con misteriosos elementos sintetizados.
Como un primer Vangelis, Laszlo Benko, Tibor Szemzo, Sven Grünberg o Reinhard Lakomy. A recomendar también su "Traditional Music of Amygdala" (1990 / Erdenklang). "Transreplica Meccano" se reeditó en vinilo en 2017 por Lullabies for Insomniacs, para que no falte de nada. Tuvieron buen gusto.
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