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LA ESCENA DE CANTERBURY 14: Gong 2-Steve Hillage

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 Han pasado nada menos que 50 años desde 1976. Medio siglo que siendo exagerado casi denominaría de estancamiento creativo que ya no remontaría el estilo progresivo, sino que se dedicaría a repetir fórmulas para contentar al comprador. Naturalmente aún se hicieron buenos discos y hubo momentos y revivals interesantes. Se llegó lejos en los primeros cinco años de la década de los 70´s. Casi por espejismo y como un sueño incomprensible, la música de esa época consiguió un estatus cultural de calidad. Nunca la música “rock” como generalización global estuvo tan cerca de la “gran música”. Las bandas clásicas progresivas consiguieron incluso cierto estatus de respeto en una pequeña parte del mundo académico (la más aperturista de mente) y eso sí que es realmente “una rareza”. A día de hoy esa connivencia y esa complicidad ya no existe.  Como por arte de magia la espiritualidad cósmica de los pitufos pixies azules se desvanece y la banda reemplazante del planeta Gong, se queda en ti...

ANGE - Seve Qui Peut (1989)

De la misma forma que hice con otros grupos llegados los 80´s daremos un salto en el tiempo para no perderlo con los Ange de esta época porque de los 8 discos que grabaron solo el último “Seve Qui Peut” de 1989 merece ser reseñado. 


La historia como ya he apuntado en multitud de ocasiones fue similar a la mayoría de los grandes grupos progresivos. Todo se fue a la mierda: interés, imaginación, calidad etc. A partir de “Vu D´un Chien de 1980 y los que siguieron hasta el mencionado es un sin parar de si este es malo el siguiente es peor. Ni me he molestado en escucharlos demasiado, un poco por encima, porque cuando todos coinciden, incluso los más generosos con la música popera, tecno y AOR de aquel momento, en poner a parir estos discos, yo que soy mucho más radical e intransigente ni te cuento. Salvo los hermanos Decamps el resto de la banda fueron entrando y saliendo nuevos miembros.

En “Seve Qui Put” se juntan de nuevo parte de la alineación original y no se entiende muy bien el por qué, pero la música da un giro radical para bien. La portada vuelve a ser atrayente lejos de las horribles “copertinas” que la preceden y la temática parece ser la revolución francesa y los alegres tiempos de la guillotina. Por supuesto los 70´s ya les quedan lejos, pero aun así la música es lo suficientemente atractiva. Efectivamente el disco va a tener división de opiniones entre los fanáticos recalcitrantes del grupo, pero visto desde la perspectiva de un observador que no se implica desde la objetividad, el trabajo es bastante bueno. Según parece las composiciones recaen prácticamente en Francis el teclista y su hermano se encarga de poner las letras y la teatralidad vocal correspondiente. Diría incluso que este disco es más sinfónico que sus obras más destacadas. 

La épica de la primera pieza y su instrumentación clásica así lo atestigua. El sonido infinitamente mejor que el sonido terroso y oscuro de los 70´s e incluso la composición deviene con más cuerpo y espectacularidad que antaño. Casi diría que Ange hacen su propia versión neo-progresiva y los teclados en concreto han ganado muchísimo en la composición. Si este disco sale a mediados de los 70´s y perdonando algún desvarío habría sido un clásico. La temática como era habitual en ellos se reparte entre el relato-canción y por esta vez las melodías enganchan y se reparten entre momentos líricos y bellas partes instrumentales, pero apunto que suenan muy diferentes a sus tiempos teatreros y jocosos. El trallazo rock tampoco falta en piezas como “los placeres fáciles” que no por ello pierden su encanto melódico y hasta pomposo. Francis no ha tocado nunca los teclados como en este disco y me ha sorprendido la verdad sea dicha. Hay variedad sonora y aumenta las posibilidades. “El oro, la plata y la luz” es una balada típicamente francesa con los aditamentos prog necesarios y ese sentimiento de caminar por el palacio de Versalles y escuchar la risa de Maria Antonieta y la decadencia de esos tiempos. “Briser La Glace” es una deliciosa canción que atrapa al instante como la siguiente “Les Amours lumiere” porque ambas tienen bonitas melodías y un elegante tratamiento. “Non” es una horteradilla ochentera que desentona, pero al menos son solo tres minutos que incluso recuerdan un poco al Marillion buscador de singles. “Grands sentiments” grita revolución y también suena parecida al “Non”. 


Estamos en 1989 y ciertas cosas no se pueden evitar y el disco termina peor de lo que empieza por su machacona batería y percusión típica de la época, aunque si hacemos un equilibrio entre algunas canciones realmente buenas podemos perdonar aquellos años nefastos para la música.
Alberto Torró

 





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