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Laurie Holloway – Cumulus (1979 / Hobo)

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 Cuesta entender el artefacto que hoy traemos. El pianista británico Laurie Holloway comenzó su carrera en los años 50. Su primer álbum,  "Jazz Box Jazz",  fue de 1957. Se movió por los glamurosos terrenos del cabaret, el jazz nocturno más elegante, (Stephane Grappelli), y la televisión. Fue director musical de Engelbert Humperdinck. Y colaboró con rutilantes estrellas del vodevil, como Liza Minnelli, Sammy Davis JR, Tom Jones o Judy Garland.    Entonces, qué pinta este músico en Rockliquias?.....  Con su octavo álbum de 1979, "Cumulus", mucho. Un álbum olvidado que ahora se rescata felizmente en cd/lp por el sello Morgan Blue Town. Y más vale. Porque un original no baja de los 200 pavos. "Cumulus" acoge la temática sobre distintos tipos de viento. Les faltó el cierzo zaragozano, pero no es un disco de death metal. Piensa más en un delicioso ejercicio cercano al Canterbury. Y apuesto a que no se hizo adrede. Los músicos involucrados son primera división. D...

ANGE - Par Les Fils de Mandrin (1976)

Recuerdo a algún amigo mío de la época esperar este nuevo disco de Ange como si fuese la noche de reyes mayos. A mí me pasó algo parecido con “Trilogy” de ELP pocos años antes y recién editado en España. Imagínate que te dicen que te lo han comprado como regalo pero que hasta el día de tu cumpleaños no te lo dan. Eso fue cruel porque pasaron semanas hasta que pude ver al trio en el sugestivo bosque interior con sus cazadoras y chaquetas modelos fantasía. Bueno yo tendría entre unos 18 o 19, intenté llevar el pelo como Emerson, pero en moreno no quedaba bien y a mi madre no le hacía mucha gracia. Tiempos en los cuales mi joven e incauto cerebro estaba todavía libre de contaminación y aversión hacia el ser humano. Hoy me rio por no llorar.


Es curioso porque ahora me compro un vinilo cada mucho tiempo y no siento nada especial y me ocurre con cada disco que bajo de la red o incluso novedades de mis bandas favoritas o viejas reediciones no me dicen absolutamente nada. Aquella pasión, aquella alegría desapareció por completo. No solo en la música. En casi todo. Es como una película repetida una y otra vez. Esto para un melómano sería un drama. Para mí es un respiro. A partir de cierta edad la vida es terriblemente aburrida y repetitiva y dicho esto no me hagáis caso porque esto es un mal ejemplo…jejejeje.


“Par Les Fils de Mandrin” supondría su disco más internacional y con mayor venta. Obtuvo el premio del disco en Francia y grabaron una versión en inglés del mismo. La portada es maja y atractiva, un pelín cursi por el tema de los payasetes, la caravana y el aire entre hippioso y circense. Pero estamos en los 70´s y la gente todavía creían en pajaritos y hadas buenas, comunas guays y alegres polvetes campestres, solidaridad, paz, amor, fraternidad y libertades post psicodélicas. El neoliberalismo, las teorías orwellianas, las drogas modernas y el control tecnológico estaban todavía en proceso inicial pero ya cerca del final de la inocencia. Del Walt Disney musical se pasó al mal rollo en cuestión de meses. Del porrete inocente de maría o el LSD ocasional proclive a la locura, se pasó al pico en las venas y a las sustancias mortales. De igual forma cambió la música y los psiquiatras y psicólogos harían el agosto y engrosarían sus cuentas corrientes. El las siguientes décadas el mundo neoliberal de los negocios asquerosos multinacionales en todos los aspectos y ámbitos de la vida controlarían todo lo demás con el beneplácito de los poderes, de la política y de la “justicia”. Un mundo de ensueño. Platero y yo, Heidi y el abuelito. Hasta hoy hemos llegado y con la gentuza que domina el mundo casi sientes envidia por los que se han ido. La frialdad es tal que casi ya ni te inmutas ni sufres ante lo que ves y oyes.


Escuchas este disco y te das cuenta tanto de la ingenuidad perdida como de la bendita ignorancia. No es que los textos de Christian Decamps no tuviesen su sorna y denuncia social que la tenían. Lucha entre reyes y vasallos, almas libres y justas enfrentadas en busca de justicia y amor. El aspecto poético de los “outsiders” a día de hoy vistos como peligro para el sistema y piezas de desecho. Las letras y la música de “Acróbatas” o ese “Atlantis” y el himno a la vida devienen hoy como un tiempo lejano, incomprensible, casi ridículo, sin embargo, la música en muchos momentos nos alegra y levanta el ánimo que al fin y al cabo es el sentido último de la misma.
Alberto Torró


 





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