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ANGE - Emile Jacotey (1975)

La familia Decamps y compañía se encuentran en el pico alto de su historia y la vida y milagros de este anciano llamado Emile será la que configure su nuevo álbum concepto. Narración, textos y música se repartirán en dos caras diferenciadas. 


Ange ya había conseguido en 1975 una reputación Europea en el marco progresivo como representantes más fidedignos de su país. Si bien competir con los afamados británicos era misión imposible, sí que es cierto que al igual que Focus en Holanda, la PFM en Italia o Eloy en Alemania, se harían con un nombre para la enciclopedia prog y para los archivos del género.


La batería de Gerard Jelsch es sustituida por Guénolé Biger y al igual que en el anterior disco la portada y encarte están sumamente cuidadas por parte de Philippe Huart con el rostro inquietante del anciano en tonos ocres terracota con cipreses de fondo. Francis Decamps utilizará a fondo el órgano y el mellotrón en la primera cara sustancialmente. La estrambótica y animada “Bele, bele petite chevre” abre la cara A con toque muy rock teatral con sonidos campestres y cabriolas pastorales, la voz del abuelete (personaje real) va introduciendo cada canción. “Sur la trace de Fees” es la primera balada tristona-dramática-teatral con un delicado arreglo acústico y suntuosos teclados. Pieza-tipo característica del grupo que encontraremos en diferentes discos. “Le nain de Stanislas” es la típica pieza jocosa-teatrera a medio camino entre lo folk, el relato y el cabaret. En el teclado recae mucha más parte melódica que en otros trabajos. Este tipo de canciones son las que le dan la peculiaridad al grupo. El final instrumental es entretenido con el solo típico de Brezovar a la guitarra. La bonita “Jour apres jour” es otra melodía habitual de Ange con toque folk-baladístico y algo psicodélico que se acentúa con la “Oda a Emilio” una pegadiza canción habitual en sus conciertos en directo y heredera de esa chanson afrancesada a la Brel que tanto gusta al señor Christian Decamps.


La segunda cara está prácticamente ocupada por la suite de 17 mtos “Ego et Deus” dividida en cuatro segmentos. Aquí hay más piano, clavicordio y órgano galopante que en la otra cara y por supuesto mucho texto y teatro que alterna partes calmas y recorridos animados entre recitativos y melodías afectadas con bastante guitarra acústica y mellotrón algo más liviano que de costumbre. “Aurelia” sigue en la línea de típica canción francesa con un bello sonido de órgano con wah wah. “Les Noces” es la oscuridad mellotrónica de regreso con ese sonido personal que Francis imprime en cada extracto instrumental o de acompañamiento a la abarrocada voz de su hermano. Hay breves partes instrumentales de órgano casi canterburiano con festivo final de fondo que animan bastante la escucha siendo una de los mejores momentos del álbum. “Le marchand de planetes” termina un disco de sonido agradable, nada enrevesado y de fácil escucha. Como ocurre con casi todos discos de Ange se nota el paso del tiempo con una música que claramente pertenece a otra época y que es difícil sacarla de su contexto histórico.
Alberto Torró








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