Inauguro nueva sección que de nuevo no tiene nada. Más bien se trata de un ejercicio de nostalgia por mi parte y de ver con inmensa alegría como todo se va acabando cada año que pasa. El recurrir a esos “trenes de largo recorrido” y como van acabando sus viejos wagones olvidados en las estaciones término es una especie de “epifanía” o revelación de que esto se acaba. Como una lamentación póstuma de comprender que aquel tiempo pasado fue mejor. Os explico un poco por encima: Este ya no es el tiempo para muchos de nosotros. Me consta que es una conciencia colectiva de aquellos que ya hemos traspasado la edad de jubilación. La música actual incluso la “supuestamente buena” aburre a un alto porcentaje de mí generación. No se identifica ya con personas de más de seis décadas de vida y salvo aquellos que se crean que todavía son Peter Pan o Wendy, síndrome por cierto acuñado en psicología en los años 80, entenderán lo que quiero decir. Ley de vida y antagónico choque generac...
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MICHEL POLNAREFF: La revolución de un talentoso inconformista
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En la portada de su LP Love Me Please Love Me (1967) Polnareff pareciese un Donovan a la francesa, sólo que con pelo liso, lánguido entre lo bohemio y lo principesco. Sin embargo, ya por aquellos estertores de los 60 Michel cantaba cosas como “La Poupée Qui Fait Non”, lo que dice mucho de su sabiduría a la hora de asimilar el beat anglosajón y derivarlo a conjugaciones con más bemoles que los presentados por el ejercito de ye-yés francófonos. En el siguiente Le Bal Des Laze (1968), la imagen de una infantil dama que ya porta las características gafas oscuras de pasta blanca, marca desde ese momento con la que identificar al cantante, avisa de lo que pronto había llegado.
Michel tuvo que luchar contra los oyentes y los críticos más demodé al igual que debía enfrentarse con todos aquellos que no querían aceptar su homosexualidad. En Polnareff’s (1971) desprende todos sus encantos con música caliente más cercana a la escena californiana, disfrutando de la fusión y del pop vibrante, aunque será el directo Polnarévolution el que hará salir de él todo su amor por lo teatral. Realiza algunas fotografías promocionales con una pamela sobre su alborotado pelo, sus inseparables gafas, un blusón femenino y enseñando el trasero a la cámara, hecho que ruboriza a muchos árboles caducos de la industria francesa.
Michel Polnareff (1974) ya dejaba el contenido claro desde su portada, con un glam Michel enfundado en pantalones de cuero, con tirantes cruzados y abrazado por una serpiente de plumas. En aquel LP había desde ramalazos a The Beatles como encuentros con la filosofía Bowie, a la par que no olvidaba a genios de la talla de Jacques Brel o Serge Gainsbourg. Este natural de Nérac, pianista consumado desde tierna edad, enamorado de Estados Unidos pero respetuoso con la leyenda natural de Francia consiguió reinventarse y salir del bache que le había producido la muerte de Lucien Morisee, posiblemente su mejor mecenas a lo largo de los años. Morisee, propietario de Europe-1, consiguió para Polnareff el contrato puntal en sus comienzos con AZ. Su suicidio fue un golpe brutal para el cantante. Tras su reluciente etapa glam rock, el rompedor artista sigue reinventándose de las mil y una maneras en favor de la libertad de expresión musical.
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