LA ESCENA DE CANTERBURY 2 (Soft Machine)
1970 sería el año clave y probablemente el más imaginativo dentro de la historia de la música. Tuve la suerte de crecer con ello y vivirlo. Con 16 años todo era música, sorpresas y experiencias nuevas. La adolescencia marca los gustos mucho más de lo que creemos, porque es el recuerdo de las puertas que se abren y el pico ilusionante de la sensibilidad y la emoción en todos los aspectos. Son los últimos atisbos de la inocencia y la ingenuidad. La mente asimila todo sin filtro con entusiasmo. Las primeras hostias serias de la vida están todavía por llegar y no van a tardar para empezar a alegrarnos la existencia. En definitiva, la creatividad y el gusto de ésa época va a marcarnos de por vida.
Sin embargo y como ya os comenté en la semana anterior, la música creada en ese año no llegaría a España hasta pasado un tiempo y solo algunas cosas. Recuerdo un doble LP que se editó en 1971, precisamente con el escueto título “Rock 71”. La horrible portada de ese vinilo abierto la ocupaba una foto de un joven Arnold Schwarzenegger haciendo musculitos. Cosas de la época incomprensibles. El anterior doble de esa serie sería el “Llena tu cabeza de Rock” con el violinista de Flock, Gerry Goodman en la portada de un año antes. Tuve ambos dobles y realmente gracias a ellos descubrí unas cuantas bandas interesantes. En “Rock 71” había un extracto de “Out Bloody Rageous” del recién editado “Third” de Soft Machine. Quedé maravillado con ese sonido musical que casi parecía sacado de algún marciano extraviado. Hasta pocos años más tarde no conseguí esa quintaesencia del Canterbury que fue el volumen tres de Soft Machine. Probablemente mi primera copia fue una edición comprada en Andorra para variar que era en aquella época la peregrinación habitual de todo melómano españolito en ciernes.
Soft Machine “Third” 1970
La entrada del saxofonista de jazz Elton Dean daría un cambio sustancial a esa extraña psicodelia rock e iniciaría la senda del jazz rock progresivo en la banda o para ser más exactos en el “jazz progresivo británico” que ya es una denominación en sí misma. Elton Dean nacido en 1945 en Nottingham venía del free jazz avant-garde y su estilo muy cercano a los últimos discos de John Coltrane sería definitivo para darle a Soft Machine el empuje necesario. Elton venía del sexteto de la Keith Tippett Band más conocidos como Centipede que hacia finales de los sesenta era de lo más avanzado del jazz free británico. También creo una banda de corta duración. Just Us.
Para la grabación de “Third” reunidos en los estudios IBC de Londres ya eran un septeto con gente proveniente de Centipede: Lyn Dobson, Nick Evans, Mark Charig en la sección de vientos. El salto hacia el jazz experimental fue enorme pero no dejaron de lado el extraño estilo de reminiscencias psicodélicas de Wyatt al menos en una cara porque este doble álbum tan solo contenía cuatro piezas, una por cada cara del vinilo con particular efecto sonoro y hasta estilo diferente en cada pieza. Fue un disco progresivo muy avanzado a su tiempo y a día de hoy incluso suena igual de excitante y fresco. No es una música fácil y no hay término medio. Unos le dan cinco estrellas y otros una con lo cual no es indiferente a nadie y eso es estupendo porque incluso cuando se odia una música es que ha ejercido el efecto necesario. Como dato anecdótico y famosamente conocido os diré que cuando Igor Stravinsky estrenó su Consagración de la Primavera en el Paris de 1913, hubo hostias y sillas volando entre el público. Casi lo matan en sentido figurado y casi prenden fuego a la sala de los Campos Elíseos. La gente enfurecida y escandalizada fue exactamente lo que el compositor ruso buscaba. “Es lo que pretendía” dijo. Ese fue el éxito que pretendía. Un acto temerario puede salir generalmente mal pero también crea un hito histórico porque todo lo revulsivo suele remover tripas y cabeza al inestable ser humano. Siempre nos va el barro.
Del mismo modo la escucha del tercer álbum de Soft Machine puede maravillar o alterar los nervios de igual manera. Pero vamos a desmenuzarlo por partes. No es algo que suelo hacer. Porque cuando se intenta describir con palabras la música siempre es bajo un prisma personal. Nadie “oye” de la misma manera lo cual termina en una opinión completamente relativa y subjetiva a la vez. Cuando alguien habla de una pieza musical lo que interpreta son sensaciones personales y si lo hace una revista especializada solo te hablará fríamente de su estructura, tempo, tonalidades, minutos, construcción armónica, etc. Es decir, datos técnicos matemáticos que al oyente no le sirven para nada y además son aburridos y tediosos.
“Facelift (live) 18.54 mtos. Colocar como primer tema esta pieza tan jodida tiene valor o es un acto de locura. Un tema de Hugh Hopper en directo con una entrada distorsionada y completamente improvisada con un sonido no especialmente bueno que es una verdadera locura. Un suicidio comercial de ventas o precisamente un acto adrede. Dudas hay al respecto, pero a cualquiera que le pongas esta entrada cacofónica quitará el disco inmediatamente y eso les pasó a muchos. Hasta el minuto cinco dura la tortura y luego el tema se va forjando lentamente entre acordes extraño, sonidos aleatorios y melodías dislocadas. La música “raspa” y casi molesta como una lija de madera frotada en la piel hasta que el órgano fuzz overdrive enloquecido de Mike Ratledge toma el mando entre furiosos riffs de saxo mientras el bajo y batería hacen lo que les da la gana en un estilo de free jazz electrónico “vintage” aunque realmente no sabría con exactitud como calificarlo. La grabación cruda y algo oscura no ayuda. En el minuto 11 las estructuras amenazantes y extrañas se combinan con poliritmos y tempos caprichosos. Una flauta hippiosa y rabiosa a lo Ian Anderson - Herbie Mann entra en escena con una tonada de música antigua casi medieval. El cambio blues jazz con firmas de tempo y compases complejos y asimétricos entran a continuación en un ritmo jazzy balanceante que será muy habitual en el estilo canterburiano así como el empleo de acordes raros y constantes variaciones que otras bandas de Canterbury más adelante llevarán al extremo. El saxello de Dean se expresa con furia y pareces estar oyendo las locuras del Bitches Brew de Miles Davis. La música se ha liberado por completo de toda atadura. Estamos en 1970 donde todo es posible y la libertad musical es imparable. Lo que en un principio de tema era insoportable se ha convertido en fascinante y loco.
“Slightly All The Time” 18.54 mtos de Mike Ratledge es algo completamente diferente. Ya entramos de lleno en el jazz melódico y ensoñador de Canterbury. La brass sección inaugura el tema en una hermosa cadencia rítmica. Es la pieza “más asequible” del álbum. La pena es el constante sonido algo apagado y grumoso, aunque bastante habitual en esa época. La tecnología de “limpiar sonido” en lo posible y remasterizar llegaría alguna década más tarde con el CD, cosa que curiosamente a los más “puristas” no les suele gustar. Las alternancias de solos de viento y cambios de plano se suceden de manera amable, cautivadora.
Da gusto oír la batería de Wyatt, en realidad todos los bateristas de jazz deberían ser envidiados por los “rockmen” que siempre están más limitados de flexibilidad de “dedos y muñeca” que los “jazzmen”. También destacan los inusuales y extraños acordes a contratiempo del piano eléctrico, la cadencia extraordinaria del bajo y la elegancia del saxo de Elton Dean. La flauta completamente lírica del miembro de Caravan aquí invitado, Jimmy Hastings, hace su entrada corriendo por un agradable camino verdoso sin fin. Carreras, paradas repentinas y caminatas instrumentales que son una delicia de escuchar. El sonido inconfundible y original del órgano eriza la piel. Nunca antes un órgano había sonado así. Ese sonido tan particular lo vamos a escuchar en casi todos los teclistas del Canterbury Sound. Usar pedales de efectos más propios de la guitarra eléctrica acoplados al teclado del órgano, así como meter fuzz y distorsión en el bajo, es su marca registrada. Su sello de identidad que en ningún otro estilo de música vas a encontrar nunca. La pieza termina con la maravillosa y nostálgica parte “Backwards” que los propios Caravan adaptarían y harían propia poco después en su quinto LP.
“Moon in June” 19.18 mtos de Robert Wyatt es probablemente la que mejor define lo que es y será el “libro de texto” canterburiano en el estilo vocal de próximas bandas de la escena. El último atisbo psych de los Softs. La única pieza “cantada-recitada-susurrada” del disco. Esta pieza es inclasificable o yo al menos no sabría cómo calificarla a nivel musical, ni de dónde viene y en que orígenes de estilos está basada. Es probablemente de lo más original que puedas escuchar en la historia de la música y desde luego o la amarás o la odiaras para siempre. La estructura es lo más fascinante y extraña que te puedas imaginar, y escuchar a Ratledge aquí es toda una experiencia si te gustan los teclados analógicos. No hay un antes ni habrá un después de esto. Es una joya única que puede ser insoportable o una obra maestra, pero eso tu oído y tu espíritu aventurero te lo dirá. La primera parte del tema es un surrealista paseo vocal. La parte dos de la pieza entra en los terrenos instrumentales de Mike Ratledge y las carreras imaginativas de su órgano omnipresente. Absolutamente fantástico, imaginativo, original y verdaderamente extraño hasta llegar a lo caótico. La larga coda final con la voz de Wyatt susurrando y el ácido corrosivo de los teclados más un cortante y extraño violín termina casi en un sueño de pesadilla absolutamente fascinante.
Cierra esta obra maestra la pieza definitiva “Out Bloody Rageous” 19.11 mtos de Mike Ratledge nuevamente. Escuchar esta rareza en 1970 fue un desafío y la demostración definitiva del nivel de creatividad que existía en aquella época. Hoy esta pieza atemporal sería impensable y no hay nada que se parezca mínimamente a esta barbaridad sonora. Hay que apuntar la música experimental minimalista y repetitiva de gente como Terry Riley o La Monte Young que tuvieron su influencia en los interminables primeros minutos cíclicos y casi cósmicos de esta pieza. Para muchos me consta que será insoportable y tedioso y para otros una puerta abierta al futuro inmediato. El piano y el inigualable bajo de Hopper hacen su entrada en un riff antológico al unísono de los instrumentos de viento hasta que el tremendo sonido del órgano otra vez deja un solo irrepetible para la historia. Inenarrable. La segunda parte corre a cargo de Elton Dean en un melódico y hermoso paseo de jazz futurista que incluso podría recordarnos-anticiparnos ligeramente con sus diferencias naturalmente a la época del Grand Wazoo – Waka Jawaka de Zappa en 1972 sin ninguna duda, aunque esto tiene una sensibilidad británica y una sofisticación lírica de la que el norteamericano no era muy afín. Ligeras pero importantes diferencias estilísticas. La obra termina como empieza. Nunca en la historia de la música habrá ya un disco como este. Incunable.
Temas
1. Facelift
2. Slightly All The Time
3. Moon In June
4. Out-Bloody-Rageous
Soft Machine “Vol Four” 1971
El talón de Aquiles de este movimiento británico fue siempre su inconsistencia y su falta de continuidad. Su incapacidad manifiesta de llevar una línea de continuidad en cada uno de sus proyectos. Esto será una constante en todas las bandas de la escena. Para mí es lo más irritante. Hacen un disco extraordinario y la película siguiente cambia por completo o bien por largarse por capricho, cambio o cabreo de sus miembros. Por absoluta volubilidad y falta de seriedad o responsabilidad de sus integrantes pero lo más probable por tema económico que suele ser lo habitual. La falta de ventas y presupuesto etc. Sea como sea o lo admites o lo dejas. Yo entiendo que este movimiento fue radicalmente opuesto a un concepto normal y sensato de banda y que para colmo sus ingresos económicos seguramente solo generaban gastos. Lo sé por propia experiencia de pertenecer a un grupo de música. El amor al arte deja de serlo si da más problemas que satisfacciones. Lamentablemente la vida de cualquier músico nunca es un camino de rosas y eso lo sabemos todos los que lo hemos hecho.
Los de Canterbury me consta nunca ganaron un duro de más, ni tuvieron sobrada solvencia o al menos cubrieron gastos. Ni siquiera los más famosos. Todo fue siempre inestable y conflictivo. Si a eso añadimos que todos eran “culos inquietos” con ganas de experimentar o de tener nuevas experiencias sin paciencia ni reflexión, el resultado es previsiblemente el fracaso. Entiendo que la mayoría andaban por los veinte y tantos años y eran cabecitas locas. Además, había que vivir, comer y probablemente sacar adelante a la familia Los pocos que quedan vivos supongo que se habrán convertido en personas mayores sensatas… o quizás no. La época también favorecía eso. Utopías y otras chorradas de libertades y expresión ingenuas. El malvado, implacable, excitante e inhumano neoliberalismo en alza, que ya apuntaba maneras, todavía no había corrompido del todo el ingenuo idealismo cultural de los 70´s. Eso empezaría en los 80´s con el Reagan y la Thatcher y el final de la guerra fría.
Los movimientos llamados absurdamente “contraculturales” eran un de aquí para allá constante sin rumbo a la búsqueda del imaginario grial y leyendo a “visionarios y filósofos” como Sartre, Bakunin, Castaneda, Hegel, Krishnamurti, Rampa, Maharishi, Hess y un largo etc de iluminados hasta llegar a cargantes positivistas “espirituales” como Paulo Cohelo y parroquianos similares. Nada ajeno a la detestable condición humana. Esos años fueron proclives a excesos, pero claro os lo dice alguien que vio aquello. No se es joven eternamente y más si te has castigado intentar parecerlo es patético y lamentable. En algunas entrevistas ellos mismos reconocen que eran jóvenes insensatos con ganas de juerga y sin metas. Con todo y a pesar de ello debemos agradecerles que su música nos haga pasar buenos ratos.
Volviendo al volumen cuatro, la inclinación hacia el free jazz se va haciendo más patente. Ahora en lugar de hojas verdes de su tierra las tenemos con frío y escarcha en sus bordes. Las discusiones con Wyatt en el estudio de grabación eran constantes. Le dijeron que ya vale de cantar cantos patafísicos y lo dejaron relegado a la batería. Mal asunto porque se largaría para formar sus Maching Mole de los que hablaremos en su momento. El disco en cuestión se abre con “Teeth” (dientes) 9.15 mtos de Ratledge en estado puro. La mejor del disco. “Kings And Queens” es otra bonita pieza de Elton Dean, pero el resto es monótono irritante y algo aburrido. La cara dos con “Virtually” de Hopper y sus cuatro movimientos está bien a ratos, pero demasiado lineal y repetitiva. El final de ciclo era previsible.
Continuará…
Alberto Torró.






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