Tanto a John Wetton como a Bill Bruford se les achacó la idea de formar un super grupo de rock progresivo justo en el momento en que el estilo estaba en su mayor decadencia y vilipendiado a muerte por la crítica. Los años con King Crimson en ambos músicos no les habían dejado buen sabor de boca precisamente, aunque en el caso de Bruford como en un acto de puro sadomasoquismo volvió a los brazos del insoportable Robert Fripp en la reencarnación carmesí ochentera. Yo mismo me pongo en la piel de un músico que tiene que sufrir el rechazo de un día para otro del estilo que le gusta tocar y entiendo perfectamente que es difícil de gestionar a nivel personal. Los que te alabaron y besaron el culo de repente te dan una patada y te aíslan en el pabellón del desprecio. Sinceramente es difícil entender que en el año 1978 se apostase comercialmente por algo con una perspectiva casi segura de fracaso por mucho de que los integrantes de esta banda estuviesen en lo más alto del imaginario...
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KATE BUSH - The Kick Inside (1978, EMI)
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En enero de 1978 sale a las ondas británicas una canción realmente peculiar, “Wuthering Heights”, composición que pareciese fundir la melodiosa consecución de los pasajes tradicionalistas orquestados, el minimalismo vocal, las grandes escalas operísticas y el pop delicado en su gama cromática. Con los años este pequeño himno de la música popular más artística quedaría como auténtico sinónimo de su intérprete, además de ser revisado por otras féminas de calado como la reina del rock melódico en los 80, la insustituible Pat Benatar.
Catherine Bush, nombre de pila de la vocalista, ya había debutado en la escena con su proyecto K.T. Bush, una banda en la que se encontraba secundada por su hermano Paddy. En dicha agrupación también militaría el fino bajista Del Palmer, futura pareja sentimental de la diva del art rock. El guitarrista de Pink Floyd David Gilmour sería el responsable de alzarla a las ligas superiores. Tras quedar prendado con su técnica vocal de cuatro octavas, el instrumentista intercede ante el sello EMI para conseguir un contrato a la altura de su apadrinada. Esto sería en verano de 1976, dejando casi año y medio para el despegue definitivo. Y es que si en el primer mes del 78 se comenzaba a pinchar en las estaciones de radio su primer sencillo, en febrero por fin pisaría las aceras el LP The Kick Inside donde el escandaloso pelotazo se contenía.
Su original talento sumado a la capacidad de músicos del reconocimiento de David Paton o Duncan Mackay, otorgaron a su debut una vaporosa pátina de irreal genialidad. Y si su single había copado el primer puesto, la totalidad del álbum llegaría al tercero en el Reino Unido. Tal es el atrevimiento de la apuesta que su discográfica les apremia para no perder el tirón inicial. La respuesta se pondrá sobre el tapete en noviembre de ese mismo año, un fin de la incógnita que responde al título de Lionheart. En esta ocasión no da en la diana con tanta maestría como en su primera partida, bajando tres puestos con relación a The Kick Inside. El elepé, aunque notable, carecía del embrujo de su antecesor; ello no quita para que aportaciones como “Hammer Horror”, “Wow” o “In Search Of Peter Pan” no continúen mostrando a la mejor Bush.
Cada vez que lo escucho me sorprendo más, una primera obra de tal nivel se ofrece pocas veces, además tiene un toque de cuento de hadas, al que la voz casi infantil de Kate contribuye poderosamente. Un disco que apenas envejece. Saludos,
Cada vez que lo escucho me sorprendo más, una primera obra de tal nivel se ofrece pocas veces, además tiene un toque de cuento de hadas, al que la voz casi infantil de Kate contribuye poderosamente. Un disco que apenas envejece.
ResponderEliminarSaludos,
Sin duda, un álbum sorprendente, mágico para mí. Kate es un talento pocas veces visto.
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