La historia del rock progresivo español no puede comprenderse plenamente sin detenerse en la figura de Jordi Colomer. Aunque su nombre nunca alcanzó la popularidad de otros músicos de su generación, su trabajo con Iceberg constituye una de las aportaciones más refinadas y musicales de la batería progresiva española de los años setenta. Jordi Colomer nació en 1949, en Tarragona, y falleció el 10 de abril de 2025, a los 75 años, en su ciudad natal, tras una larga enfermedad crónica. Su desaparición supuso la pérdida de uno de los bateristas más elegantes, musicales y técnicamente sólidos que ha dado el rock español. Los comienzos Antes de incorporarse a Iceberg, Jordi Colomer ya era un músico profesional. Formó parte de grupos como The Riders y posteriormente trabajó como batería de la banda de acompañamiento de Luis Aguilé, experiencia que le proporcionó una gran disciplina profesional y una extraordinaria capacidad para adaptarse a diferentes estilos. Más tarde coincidió con Max S...
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ELECTRIC WIZARD - Let Us Prey (2002) (Rise Above Records)
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A los Electric Wizard los proclamaron como al grupo más auténticamente stoner del mundo. Tras echarles varias escuchas, quedarás anonadado por la locura que despliegan estos músicos; lo más parecido a una fiesta de ácido entre Black Sabbath y Hawkwind. No quiero que me salga la vena Jim Morrison pero, sin lugar a dudas, Let Us Prey es como ese ritual sonoro; ritual no es la palabra, tal vez sería mejor denominarlo oscuro aquelarre para oídos inquietos y perversos.
Un grupo que se entrega por completo al viaje experimental de sus mentes, que desarrolla cada tonada con fuerza pero llenos de una desgana desoladora. Ese toque tenebroso que hace que sus guitarras suenen como cuchillas arañando una pizarra. Las distorsiones del mástil de Jus Oborn son tremendas sacudidas para los cerebros desvalidos y su forma de cantar... ¿Cantar? Justin no canta ni vocaliza, sólo se limita a soltar una retahíla de palabras que forman frases por arte de alguna magia negra que sobrevuela cada composición del disco compacto.
Sus pasajes más atmosféricos les acercan al doom pero, a la primera de cambio, dejan que las bases stoner vuelvan a inundar cada hueco del redondo. “Night Of The Shape” es una buena muestra de lo comentado, y en ella Mark Greening no sólo golpea con acierto su batería, también se atreve a interpretar al piano unas melodías ciertamente inquietantes. “Priestess Of Mars” retrotrae a aquellos comienzos de unos Black Sabbath llenos de ideas y en los que la guitarra de Iommi siempre aportaba el toque fúnebre idóneo para conseguir un conjunto completo y original. Por otro lado, cosas como “We, The Undead” o “Master Of Alchemy” te pueden traer a la cabeza los sonidos de canciones compuestas por grupos como Spiritual Beggars, únicamente que la segunda nombrada tiene unos desarrollos más progresivos.
“Queríamos ser experimentales, tal vez procurando dar con algo sacado de una película de terror simplemente por ver si funcionaba o no. Cada canción era como una idea, no la escribíamos; teníamos una idea y tirábamos con ella intentando discernir cómo queríamos que sonase”, explicaría Oborn de manera difusa siete años después de la publicación de este larga duración. Estamos por tanto ante un sueño místico en el que la razón no existe, momento para abandonarse a la nada y, como en un viaje astral, dejarse llevar por las sensaciones. El oído será ese guía que marcará tu camino y el destino en el que acabarás recalando una y otra vez, sin remisión o posible escapatoria.
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