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LA ESCENA DE CANTERBURY 1 (The Wilde Flowers,The Soft Machine)

Después de unos meses hablando sobre progresivo actual me apetecía hacer un cambio hacia atrás en el tiempo y rehabilitar un movimiento musical que ya hace unos cuantos años por estas páginas lo llamé “Canterbury Ways” pero dedicado a bandas influenciadas por este estilo y sin nombrar a los creadores originales sino tan solo a los “alumnos más o menos aventajados” provenientes no solo de Inglaterra sino de diferentes partes del planeta y creo que ya era hora de hablar del producto original y no de sus marcas “blancas” con todo mi respeto a la cantidad de “caminos” que los originales de Kent abrieron por otras tierras y comunidades. 





A algunos os parecerá que éste ya es un tema “manido y previsible”. Una especie de deja vu pasado que los más mayorcitos expertos en “prog” controlan y que probablemente no hacía falta una revisitación histórica por mi parte. Puede ser. Sin embargo estoy seguro que los más jóvenes no conocen demasiado este estilo salvo por “oídas” y comentarios sueltos. Por tanto intentaré dar una visión personal para no repetir clichés ni obviedades y porque soy consciente de que se ha hablado mucho del Canterbury por los andurriales del mundo mundial aunque desgraciadamente muy poco en España al menos de forma más completa y exhaustiva y con mayor exactitud para que no sea un mero catálogo previsible superficial informativo de fechas y datos. De todas las ramificaciones históricas del mundo progresivo esta es especialmente peculiar, porque ni ella misma se toma demasiado en serio y en lo que a mí respecta todo lo que sea “restar seriedad” y descojonarte en todo lo concerniente a esta vida me parece una actitud ya de lo más sensata. Le damos demasiada importancia a todo cuando lo realmente importante es que ya nada lo es. La lucidez, si alguna vez te llega y te libras del deterioro enfermizo mental propio de la edad suele ser lamentablemente en el último tramo de la existencia y te dices a ti mismo: la cantidad de gilipolleces que habría evitado si hubiese actuado o pensado de tal manera.

 Alguna vez lo he comentado pero mis oídos adolescentes escucharon otras cosas diferentes al rock que vino unos pocos años después. Muchos de mi generación con 13 o 14 años y probablemente antes escuchaban singles de grupos de pop sesentero, acicalados cantantes melódicos, bandas sonoras, discos de “música ligera” vinilos rancios de clásica, soul o jazz orquestal standard que es lo que había en algunas casas mucho antes que las incipientes bandas “ruidosas” las melenas y las pintas raras apareciesen. La tontería pop yeyé me duró poco en cuando las guitarras distorsionadas y los órganos empezaron a entrar por mis oídos. 

No llegaban demasiadas cosas “underground” que era la definición del momento y el desconocimiento era casi absoluto de la llamada “música moderna” en los años finales del franquismo. A los incipientes grupos de rock que tocaban bolos en el medio rural se les pedían pasodobles y boleros con ciertas miradas de desprecio y rechazo si tocaban cosas ruidosas. Lo viví en mis propias carnes porque esto pasaba también en los setentas. Los nacidos en los años cuarenta lo tenían peor. Los de los cincuenta nos encontramos con el camino algo más trillado, pero tampoco fue fácil. Cierto es que en la gente joven había interés y deseo por lo extraño y diferente, aunque con una escasa oferta, pero la suficiente para que el concepto sobre la música me diese la apertura a la curiosidad. Cuando en España aterrizaban los discos ya hacía tiempo que habían sucedido. Íbamos siempre rezagados y las ediciones y vinilos cuando llegaban ya llevaban un tiempo editadas. Eso si llegaban. Recuerdo los primeros viajes a Andorra en busca de importación en los 70´s en autobuses temibles y carretera terrorífica con horas interminables más las largas y aburridas colas en la frontera. Bendita juventud y entusiasmo. Que cosas. Hoy tenemos toda la música a golpe de ratón y sin salir de casa. Ha perdido encanto, naturalmente, pero hemos ganado en comodidad y menos gasto. La vagancia y confort también ha influido notablemente Me dejé fortunas en discos en cuanto tuve solvencia económica, pero eso es otra película.

La historia que procede y que os voy a contar las próximas semanas siempre la consideré como algo peculiar y diferente. La llamada Escuela de Canterbury o El Sonido Canterbury fue en realidad un invento de los periodistas a mediados de los 70´s. Luego está la consabida confusión: Los llamaban así por el lugar de origen o por el estilo característico. Una cosa lleva a la otra y viceversa. Salvo a los autóctonos del Condado de Kent, que son unos pocos en realidad, al resto no les gustaba que los denominasen así y yo lo comprobé en su momento hablando con alguno de ellos. Las etiquetas siempre las ponemos la “prensa musical” nunca el protagonista. Ninguna banda de aquella época ponía una definición a su música y lo de “progresivo” al principio era muy indefinido.

Aunque la palabra psicodelia se originó en EEUU y su desarrollo fue principalmente en la costa oeste, la Inglaterra de los años sesenta lo adaptó casi a la par y en general estaba principalmente influenciada por los sonidos de rock-blues y el rhythm & blues norteamericano. Era la norma luego adaptada al pop británico que, desarrollada por la beatlemanía, adquirió en poco tiempo la denominación de British Invasion con los ya legendarios nombres de la época de Yardbirds a The Who, pasando por unos cuantos como Kinks, Small Faces, Hollies, Zombies y un largo etc hasta el mismísimo John Mayall y sus Bluesbreakers. Una película que la mayoría más o menos ya conoce. 

Sin embargo, al igual que los irreductibles galos en la esquina este de Inglaterra y muy cerca de Dover nos encontramos con las tierras de Canterbury Condado de Kent, con su famosa catedral y su arzobispo con sus famosos cuentos y leyendas y unos cuantos pubs cerveceros. Allí había unos chavales raritos que no estaban por la labor de la influencia blues rock del momento. Estos tipos escuchaban a John Coltrane y Miles Davis y otros discos de free jazz de moda que el propio Daevid Allen les había enseñado con algún extraño concepto de psicodelia y folk y todo ello unido a grandes dosis de humor absurdo típicamente inglés. Este arquetipo lo vais a encontrar en la mayoría de literatura y artículos sobre el Canterbury Scene en medios especializados. Puedo imaginarme el panorama de la época a pesar de que hay pocos datos biográficos fiables y muchos pueden ser contradictorios. Estoy convencido que estos veintañeros algunos incluso más críos adolescentes no se lo tomaban nada en serio y creo que el cachondeo y la risa unido a los “happenings” desmadrados para pasarlo bien eran la norma. Sin embargo, la prensa creó una leyenda en torno a ese movimiento al igual que pasó con sus coetáneos de la la costa oeste americana de los mediados sesentas como hizo con muchas otras cosas. Mas mito que realidad. Por otra parte fueron años de cambios radicales en aspectos sociales y políticos. El salto generacional de padres a hijos era antagónico en esa época y la politización ideológica de la juventud hacia una izquierda infinitamente más acentuada y honesta que ahora. El famoso Mayo del 68 francés marcó toda una época y hasta una forma diferente de ver la vida y la llamada música “moderna” de entonces era indivisible del pensamiento revolucionario y antisistema muy diferente a la “pose” cool actual de niños de papa pseudo-izquierda de cristal metidos a contestatarios cobardicas de pacotilla mezclados además con una derecha rancia reaccionaria mucho peor e incluso más inculta sí cabe, que la de nuestros ancestros padres y abuelos. Lo grave del asunto es que el poder actual se encuentra entre los “magnates y millonarios tecnológicos” supremacistas blancos que lo controlan absolutamente todo y odian profundamente la democracia. Que los pueblos disfruten lo que votan por gilipollas. 

En los sesentas ser de izquierdas era el cambio en todo el mundo, pero era gente que leía interesada en la cultura y el arte. Hoy en 2026 lo moderno y revolucionario es ser facha y ganar mucha pasta sin trabajar engañando a quien se deje. Indigente cultural absoluto y además presumir de ello, además de potenciar la moda de ser mala persona en redes sociales y mentiroso patológico. Como cambian los tiempos. Qué curioso pero no me sorprende.

The Wilde Flowers



Esta fue la primera banda amateur de Canterbury que pasó sin pena ni gloria y que allá por el 1964 se juntaban en casa de un claval rubio y guaperas llamado Robert Wyatt para hacer el gamba y divertirse, ya que en palabras del propio Robert al principio no tenían ni puta idea de tocar un instrumento. Salvo dos hermanos llamados Brian y Hugh Hooper que tenían algún conocimiento musical, el resto: un tal Kevin Ayers, Richard Coughlan y Richard Sinclair se juntaban en un vamos a ver qué pasa. Wyatt aprendió rápido. En el 68 ya tocaba la batería, los instrumentos de viento y el piano sobradamente. De este grupo de adolescentes ya se hizo no hace mucho un artículo en Rockliquias de nuestro colaborador El Hombre Polilla. En realidad no hicieron nada relevante, alguna canción inocua y tal pero debieron pasarlo bien.

Se les juntó Daevid Allen que fue un tipo rarísimo y cachondo friki procedente de Australia y que acabó afincado por esas verdes tierras en un breve espacio de tiempo. Esos tipos se denominaban en aquella época como Beatniks. Una especie de bohemios freaks que aquí en los setentas en versión made in spain les llamábamos “colgaos” y en su degeneración ofensiva actual “perroflautas”. Allen era un personaje parecido a los que salían en las películas francesas de la Nouvelle Vague. La boheme y tal pero más desastroso y loco. Un tipo curioso y algo mayor que el resto. Las ideas estrambóticas del elemento junto al otro hippy llamado Kevin Ayers, el propio Robert Wyatt y un tipo organista muy serio llamado Mike Ratledge formarían la que realmente sería la banda primigenia. La llamaron The Soft Machine al igual que el libro de otro bohemio de marras llamado William Borroughs y empezaron a componer cosas extrañas fuera de todo contexto del momento. Algo parecido a sus colegas los primeros Pink Floyd, incluso Jimi Hendrix con quienes compartían muchas veces escenario, luces y locuras estroboscópicas metidos de ácido, porros y alcohol hasta el culo. Bueno esa es la leyenda. Hacerse el outsider y el rarito errático y malote molaba mucho por entonces pero luego llegaban a su casa y mamá o papá los ponía al orden (es un decir). Allen el emigrado imagino que pasaba de todo. En Francia tuvo problemas con la policía día sí y día también. Debió ser delirante verlo regalar ositos de peluche a las fuerzas del orden en las manifestaciones del mayo francés. Al final se afincó en la localidad de Deya en las Islas Baleares al lado del señor Ayers como quintaesencia del hipismo patafísico y juntándose con lo más estrafalario de la época.

De 1966 a 1968 tocaron por todo tipo de antros y garitos sin un estilo definido. Una inclasificable patafísica sonora decían ellos mismos entre la psicodelia y la experimentación. Un sonido terrible en las “primeras grabaciones” no oficiales dan crédito de ello. En 1968 graban el Vol 1 en formato trío. El voluble e inestable Allen ya se había largado a Francia porque tras una gira por Europa le prohibieron la entrada de nuevo a Inglaterra por problemas legales, lo cual no me extraña, donde fundaría la banda chalada por excelencia llamada Gong. 

Personalmente apenas soporto el primer disco de estos tíos salvo los temas de Ratledge, que parecía el más sensato de la cuadrilla. Lo ponen con cinco estrellas imagino que más por lo “peculiar” y loco que por el resultado musical en sí. Desaparecidos Allen y Ayers de la formación original entra el bajista Hugh Hooper y la música da un giro absoluto en el vol 2


Temas
101-Impotence

102-Those Words They Say
103-Memories
104-Don't Try To Change Me
105-Parchman Farm
106-Almost Grown
107-She's Gone
108-Slow Walkin' Talk
109-He's Bad For You
110-It's What I Feel (A Certain Kind)
111-Memories
112-Never Leave Me
113-Time After Time
114-Just Where I Want
115-No Game When You Love
116-Impotence (alternate version)
117-Why Do You Care? (with Zobe)
118-The Pie Man Cometh (with Zobe)
119-Summer Spirit (with Zobe)
120-She Loves To Hurt
121-The Big Show
122-Memories (alternate version)
201-The Pieman Cometh
202-Mummie
203-That's Alright Mama
204-Orientasian
205-Frenetica
206-1/4 Blues Thing In F
207-Slow Walkin' Talk
208-Man In The Deaf Corner
209-Summertime
210-Belsize Parked
211-Where But For Caravan Would I?
212-Hope For Happiness

Soft Machine Vol 2 (1969)



1969 es un año clave en la historia de la música y además en casi todos los frentes y movimientos. Me atrevería a decir que a partir de aquí el sonido y la composición de todo el entramado de la música progresiva es la zona cero. El bautismo de todo lo que vendría en los cinco años siguientes. Sí. Una franja temporal relativamente corta para todo lo que se hizo. Pasó casi como un vendaval de inagotables ideas y tal como llegó se perdió en una lamentable agonía. Por aquella época el pelotazo musical más raro del momento fue el Biches Brew de Miles Davis donde el jazz y el rock y la experimentación rompen todas las reglas establecidas hasta el momento. Esto no pasó desapercibido para la mayoría de músicos con ganas de lo nuevo y experimental.

Para mi gusto lo que de verdad me atrajo de este movimiento fue el tratamiento del sonido del órgano y el piano eléctrico. Al escuchar piezas como “Hibou Anemone and Bear” y escuchar aquel rarísimo solo de órgano de Mike Ratledge pasado por fuzz me dije “esto es lo mío”. Luego las formas cíclicas del bajo como suspendido en el espacio y esa voz desmadrada y original característica de Wyatt en eco constante con batería caprichosa hizo el resto. Me pregunté… “pero qué diablos es este estilo de música y de donde viene” Este disco tiene dos piezas con diferentes cortes unidos a modo de suite y francamente no sabes si hay influencias de jazz, de pop, de rock, de psicodelia o que narices es esto. Bueno esto es el “Sonido Canterbury” y este trabajo es una pieza esencial para entender cuando la música es original y completamente nueva. Lo he oído innumerables veces y el tiempo no pasa por él. No lo hace una antigualla desfasada y suena siempre fresco y alegre, cachondo, inventivo y encantador. Sé que hay gente que no lo soporta y prefiere la chaladura anterior, así como hay gente que dice que el mejor disco de Pink Floyd fue el primero. Mi no comprender a estos rostros pálidos.

 Soft Machine actuaría en formato trio por Europa todo el año 69 aunque desgraciadamente las grabaciones de entonces tienen todas un sonido horrible y la instrumentación distorsionada del bajo de Hopper y los chirridos experimentales de Ratledge no lo hacen más fácil precisamente. Debió ser curioso verlos y escucharlos en directo. Imposible imaginación para un quinceañero como yo entonces. Para ser sincero lo que realmente me gusta de esta gente es su actitud completamente irreverente de tomarse la música y la vida. Nada de seriedad. Nada de pretensión y sin embargo que manera más fascinante de componer. En casi todas las bandas de la escena su sentido de la ironía y lo escatológico de sus absurdas letras y título de las canciones y piezas a veces larguísimos y sin sentido los emparenta en parte con la cosmología corrosiva zappiana entendiendo también la diferencia de pensamiento y forma de vida entre ser de USA o de Inglaterra.

Continuará…

Alberto Torró


Temas
Side 1 - Rivmic Melodies:
0:00 - Pataphysical Introduction Pt. I
1:01 - A Concise British Alphabet Pt. I
1:11 - Hibou, Anemone and Bear
7:10 - A Concise British Alphabet Pt. II
7:22 - Hulloder
8:16 - Dada Was Here
11:42 - Thank You Pierrot Lunaire
12:31 - Have You Ever Bean Green?
13:50 - Pataphysical Introduction Pt. II
14:41 - Out of Tunes

Side 2 - Esther's Nose Job:
17:14 - As Long as He Lies Perfectly Still
19:48 - Dedicated to You But You Weren't Listening
22:20 - Fire Engine Passing With Bells Clanging
24:11 - Pig
26:20 - Orange Skin Food
28:08 - A Door Opens And Closes
29:18 - 10.30 Returns to the Bedroom


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