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ERIC BURDON - Soul Of A Man (2006, SPV) + Entrevista

El bueno de Burdon es zorro viejo y tuvo muy claro el camino a seguir en esta, podríamos llamarla, resurrección artística. A partir de 2004 y hasta 2012, año de edición su álbum junto a The Greenhornes, Eric se propuso buscar un nuevo cauce por el que dejar fluir su carrera musical como solista, con lo que My Secret Life se transformaba al mismo tiempo en tabla de salvación y en impactante punto de continuación. Podría vivir eternamente de The Animals y no lo hace. Grabaría orgulloso de su legado frescas versiones de “Don´t Let Me Be Misunderstood” o “I´m Crying”, pero para qué tocar lo insuperable. Sin embargo, y no queriendo perder el impulso tomado dos años antes, arranca 2006 con un larga duración que podría considerarse por sus planteamientos cual segunda parte de su disco predecesor ya citado.


En cualquier caso, que las anteriores palabras no te lleven a engaño. Eric Burdon se aposenta en su hogar estilístico pero en esta ocasión escondiendo algunas manos con las que ganar la partida a las modas radiofónicas. Analizando el grueso del CD y rebuscando en sus planteamientos, el oyente halla de todo y bastante variado; cada uno que tome lo que prefiera. “Soul Of A Man”, por arrancar en el inicio, es un seudo blues que podría encontrar sus bases en aquel "Rambling Pony" que interpretaban los primeros Fleetwood Mac, pero con la carta blanca que poseía otro indispensable, en este caso John Mayall, en su álbum Along For The Ride. Por otro lado está ese "Red Cross Store" de guitarra con regusto a John Lee Hooker y pegada de boogie rock impecable. 


Pero igual afirmo una cosa como otra, pues en “Como Se Llama Mama” queda totalmente claro que para estos jueguecitos chicanos no está tan ducho como el genial Willy DeVille, con lo que su tonada desconocedora de acentos –no es que yo no le ponga acento al "cómo" o a la palabra "mamá"... es él el que no lo hace– parece la bajada a los infiernos comerciales de Zucchero Fornaciari –lo de “me dicen que es un toro” es uno de los momentos más freaks de la tonada–. Eso sí, el maestro sabe volver al redil cuando hace falta, la muestra la tienes en "40 Days", "GTO" o "44 Blues", regresando a esa vieja escuela en la que le encontramos pletórico de facultades. Aunque algún borrón oculta entre R&B tradicional y rock tranquilo. "Feeling Blue" tiene gancho pero busca parecidos con el Supernatural de Santana –coincidiremos en que aquel elepé de Carlos fue de lo menos inspirado de su extensa y meritoria carrera– en lugar de rememorar a aquellos War que le dieron segunda juventud, y eso en ocasiones es difícil de digerir en un artista de su talla.


Por lo tanto, y tras todo lo ya destacado y amonestado, uno se siente en la obligación de marcar una genuflexión ante tan valeroso artista. Cierto es que su arriesgado a la par que efectivo ska "Black And White World" de My Secret Life me pareció un acto de mayor coherencia en pos del cambio que sus dejes comerciales al Santana de 1999. Y no lo digo por el estilo, ya que la razón se oculta tras los actos de corazón y siempre lejanos de movimientos busca dólares. Aun así, reconozco que me gustaría ver a grandes luminarias del ayer, contemporáneas de Burdon, ofreciendo algo tan sincero como Soul Of A Man.
por Sergio Guillén
sguillenbarrantes.wordpress.com




ENTREVISTA (2006)

ERIC BURDON



Se podría decir que la mutación del Alan Price Combo en The Animals fue el principio de todo en la carrera de Eric Burdon. También, que la salida en Londres de la sentida versión de “The House Of The Rising Sun”, en pleno junio de 1963, significó el antes y el después en el camino de estos ingleses. Estaríamos horas hablando sobre su importancia como parte de la British Invasion, rematando con aquello de: “y el resto es historia”. Pero la realidad es que Burdon se ha negado siempre a quedar como esclavo de su pasado. Y aunque nadie dice que no a ciertos ataques revival, proyectos como War o Blues Knights, por nombrar dos de una interesante lista, lo han mantenido en activo ofreciendo al gran público una sabiduría macerada en la mejor de todas las barricas.



Ante todo quería remarcar lo impresionado que me han dejado tus elepés My Secret Life y Soul Of A Man; son trabajos que vuelven a cargar de personalidad tu carrera como vocalista. ¿De dónde surgió la idea para este nuevo camino?

Eric Burdon: Cada uno tiene su historia. El primero, My Secret Life, se remonta a 1999... No, al mismo año 2000. Bien, sinceramente fue un poco antes de ese año. Por aquellos días realicé un viaje a Brasil en el que entré en contacto con Marcelo Nova, una figura fundamental en el negocio musical. La amistad no tardó en surgir. Nos telefoneamos un par de veces y me planteó la idea de grabar un nuevo álbum. Así terminamos en Nueva York, para al poco desplazarnos a Nueva Jersey e iniciar la andadura en unos estudios de grabación. La cosa empezó a materializarse con una composición que creamos llamada “The Devil’s On The Run”, canción que grabamos con un par de músicos punk que encontramos. Nos desplazamos entonces a Los Ángeles y por fin le dimos la forma adecuada. Así ve la luz “Devil Slide”, así inicia sus pasos My Secret Life. Fue un proceso bastante largo: producir uno mismo el material, buscar los mejores músicos posibles para que el resultado final sea positivo, etcétera. En fin, no es algo fácil como para sacarlo adelante en pocos días. Todo lo contrario que con Soul Of A Man, pues para este disco ya estaba todo mucho más encarrilado. Posiblemente en eso resida la frescura que desprende el citado álbum. Cuando uno tiene que perder tiempo en cosas que se alejan de las labores de composición puede llegar a desvirtuarse la idea original. No resulta conveniente abandonar la chispa creativa, desprenderse de los basamentos que te ayudan conseguir algo robusto y concreto. La inspiración puede llegar como una ráfaga y no es recomendable hacerla esperar. De ahí que Soul Of A Man sea una grabación más brillante.



Aun así, y aunque pareces realmente orgulloso de ese disco, no creo que tu público deba poner en un segundo puesto My Secret Life. En dicho trabajo incluyes una de mis canciones favoritas, una de las tonadas más interesantes que has grabado en años. Me refiero a “Black And White World”, ese homenaje al cine negro y al eterno hot jazz a ritmo de puro ska frenético.

Eric Burdon: Me alegra que lo digas pues “Black And White World” es la canción favorita de mi mujer. Ella siempre intenta que la toque sobre un escenario, así que con la nueva banda que he conformado es posible que no tarde en hacerlo. La idea del tema era algo realmente importante para mí a la hora de exponerlo en My Secret Life. No hay que olvidar el fuerte impacto que supuso en su día el ska negro en los jóvenes blancos ingleses, jóvenes que disfrutábamos con ese mestizaje y que adorábamos diferentes estilos musicales que no eran los impuestos en nuestro país. Años después salieron bandas como Madness o UB40 que se hicieron famosas bebiendo de dichas fuentes, aunque muchos se quedaron a medio camino. Aun así, “Black And White World” también me sirve para hablar del cine clásico, algo que me encanta. Todo en uno.


Seguimos hablando de canciones aunque ahora de tu Soul Of A Man. ¿Hay algún tipo de relación entre el tema “Cómo Se Llama Mamá” y Santana o Willy DeVille? ¿O es realmente un guiño a War?

Eric Burdon: No sabría decirte. Aunque no se puede negar el puesto de honor que tiene Santana a la hora de hablar de influencias latinas en la música rock y derivados; pero sí creo que el origen de la composición se encuentra en mi búsqueda por dar continuidad a mi antiguo éxito “Spill The Wine” con War. Esa canción me la siguen pidiendo mucho, tanto es así que estamos preparando una versión para directo en la que juntaremos ambas tonadas. Sería empezar con “Spill The Wine” y rematar con “Cómo Se Llama Mamá”.


Además de dichas similitudes tan concretas, repasando el grueso del álbum me viene a la cabeza la obra Along For The Ride de John Mayall.

Eric Burdon: Pues la verdad es que no la he escuchado. Si crees que tiene puntos de vista similares con Soul Of A Man tendré que conseguir el CD.

Muchos de los grandes vocales de la actualidad te escuchaban en The Animals cuando eran unos críos. ¿Qué música te enganchó o fue tu inspiración en la adolescencia? ¿Qué artistas te sirvieron de espejo?

Eric Burdon: Normalmente subsistíamos en ese sentido comprando discos, aunque no siempre nos era posible. La radio era horrible en aquellos días. La programación no valía la pena y tenías que esperar toda una semana para poder disfrutar de un espacio de media hora que emitía la BBC sobre jazz. Por lo general nos movíamos por Londres y llegamos a centrarnos muchos chavales alrededor de una tienda de discos bastante importante de la ciudad. Allí rebuscábamos, compartíamos nuestros gustos, aprendíamos cosas sobre la música. Así crecí rodeado de personas de diferentes culturas. Aquel lugar me ayudó a conocer y trabar amistad con gente como Memphis Slim, uno de mis números uno, o Chet Baker. Era gente que huía de Estados Unidos y buscaba algo más en Inglaterra.

Continuando con la influyente sombra que dejó tu carrera en los 70, ¿qué significado guarda para ti aquella British Invasion? ¿Cómo lo vivía alguien que estaba dentro de todo el torbellino?

Eric Burdon: En un primer momento era como un sueño hecho realidad. Viajar a América, la tierra que anteponía la música a todo. Pero pronto descubrías que era un lugar en el que se quería atar con correa a los artistas y matar la música. Podría decir que una de las cosas más importantes que hizo la British Invasion fue reflotar la música americana, ese sonido negro que estaban intentando matar desde las radios. Cierto es que Elvis hizo bastante. Presley era un vocalista muy completo que lograba sonar en ocasiones como un cantante de blues. El público disfrutaba con un estilo nacido del pueblo negro. Y si tras escuchar la versión de “Tutti Frutti” de Elvis se decidían a comprar material de Little Richard, no sé, se podría decir que el trabajo estaba hecho.

Hablamos de tu viaje con The Animals a Estados Unidos. ¿Cuánto tiempo logró mantenerse unida vuestra máquina musical de R&B y soul una vez pisáis territorio americano?

Eric Burdon: Únicamente dos años más.

¿Cuál sería la auténtica razón por la que no te cerraste únicamente a tu carrera como miembro de The Animals?

Eric Burdon: Debo reconocer que he tenido muchas posibilidades en la vida de expresarme con diversos proyectos y eso es algo que no me quería perder.

Seguimos nuestro paseo por América y ahora me centro en el conocido Ed Sullivan´s Show. En su momento adquirí un pack en el que aparecían algunas de las actuaciones más destacadas del programa en cuatro DVDs. Uno de ellos se dedicaba a mostrar lo más florido de la conocida British Invasion, por lo que The Animals no podíais faltar. Buscando en tus recuerdos, ¿cómo crees que sentía Ed Sullivan el mundo musical? ¿Fue honesto con los artistas que salían en su espectáculo televisivo?

Eric Burdon: Comprenderás que no me gustaría hablar mal de alguien que ya no está entre nosotros. Ed era un auténtico enigma. Podías quererle u odiarle pero estaba claro que tenías que tragar con sus reglas si querías salir en televisión a nivel nacional. Él era el rey. Sullivan sacaba a grupos de rock and roll en su espacio pues sabía las reacciones que podía obtener del público más joven, aunque eso nunca hará de él un amante de dicha música.


Por cierto, ¿cuántas veces salisteis en el Ed Sullivan´s Show? Yo os he visto interpretando “Shake”, “The House Of The Rising Sun” y “We’ve Gotta Get Out Of This Place”.

Eric Burdon: Aparecimos en seis ocasiones. Es curioso ver la forma en la que se sitúa en primer lugar a la televisión, cuando la realidad es que en ella encontrarás uno de los peores medios en los que salir. En los años 60 la televisión americana era lo peor de lo peor. Era lenta y te chupaba la energía. Recuerdo las horas que te podías pasar en los vestuarios, días y noches, para al final salir únicamente dos minutos al aire. Encima de tener que estar todo el día con maquillaje cubriéndote la cara. Cuando estas promocionando tu música, perder tres días es malgastar un tiempo precioso para darte a conocer. Recuerdo una ocasión a la salida del programa de Ed Sullivan. El espectáculo había terminado pero nos hicieron salir deprisa y corriendo para que los seguidores no frenasen nuestra vuelta al aeropuerto. Nos sacaron por unos corredores del sótano para que nadie supiese que ya habíamos abandonado el estudio de televisión. Como no pensaban parar nos hicieron seguir con el maquillaje. Rápidamente The Animals entramos en una limusina y salimos a coger el avión. Para cuando llegamos a Londres nos tocó capear con una tormenta de nieve, por lo que nos desviaron a Glasgow... y así empezaban las complicaciones. Tardamos casi tres días hasta llegar a Londres. Perdimos la ocasión de aparecer en dos espacios puntales de la televisión británica, al mismo tiempo que nos vimos obligados cancelar nuestro concierto de presentación de la gira que iniciábamos entonces. Vamos, una bonita forma de matar el disco que estábamos promocionando. Una locura.

Si te fijas en tu vida artística tras The Animals es imposible no plantearse algunas preguntas. ¿Cómo surgió War? ¿De dónde sale esa vuelta de tuerca a tu estilo?

Eric Burdon: Había estado trabajando realmente duro desde 1964 hasta 1967. Me refiero a mantener una continuidad sin paradas. Llegó un momento en el que sentía no poder comunicarme correctamente con el público desde un escenario. Ahí había miles de personas que seguían mi carrera y yo empezaba a quedarme sin fuerzas. Mi cerebro no podía mantener la constancia necesaria. Mi siguiente decisión fue apuntarme al Actor’s Studio. Aquella se convirtió en una de las temporadas más entretenidas, además de que me dio la oportunidad de conocer a diversa gente del espectáculo. Algunas de esas personas me dijeron que la forma más honesta de regresar a la escena era junto a un grupo de músicos negros. Era lo lógico, ya que siempre había estado bebiendo de su música y estilo. Al final nos decidimos y encontré a un conjunto que casaba perfectamente con mi nueva visión. La banda se llamaba The Nightshift, aunque tenía tantos miembros que se hacía demasiado caro girar con ella. Imagínate: percusionistas, coristas, baterista, teclado, guitarra, trombón, saxofón, etcétera... La solución salió a la superficie al dejar un apoyo de instrumentos de viento más reducido, jugando entonces con la armónica de Lee Oskar y con saxofón de Charles Miller.


Estamos echando una buena mirada a esa segunda mitad de los años 60, a una carrera en la que te topaste con artistas que también llegarían a lo más alto. Una de las figuras con las que compartiste amistad fue Jimi Hendrix. ¿Qué imágenes te vienen a la mente al pensar en una estrella que encontró su final antes de tiempo?

Eric Burdon: Está claro que Hendrix no tardó en ponerse al frente de la escena, aunque no hay que olvidar que Jimi se sentía como un extraño en tierra desconocida cuando llegó a Inglaterra. Él necesitaba una amistad que estuviera más allá del simple negocio, así que era lógico que teniendo el mismo mánager y moviéndonos por los mismos lugares, al final terminásemos trabando una amistad. Además yo no era difícil de encontrar. Por aquellos días tenía un apartamento en el West End londinense y todos los conocidos que pasaban por la zona no dudaban en realizarme alguna que otra visita. En fin, sólo te puedo decir que Hendrix es para mi gusto el mejor guitarrista que jamás ha existido. Llevó la guitarra eléctrica a nuevas cotas y dimensiones, además de ser el primero en utilizar el estéreo como un efecto. Mientras que algunos no se preocupaban por el estéreo, Jimi conseguía que el sonido de su guitarra cobrara vida moviéndolo de izquierda a derecha, de arriba a abajo. Lograba dejarte con el cerebro dando vueltas.

Y si hablamos de The Animals y de Jimi Hendrix, ¿qué me puedes contar en relación a Bryan “Chas” Chandler? Chas fue un gran músico y hombre de negocios...

Eric Burdon: Siempre pensé que Chas era mejor hombre de negocios que músico; incluso en su carrera junto a The Animals.

Entremos ahora en otros proyectos menos conocidos para el gran público. Recuerdo que en los 90 se habló de que iniciarías una apuesta musical junto a Robbie Krieger de The Doors.

Eric Burdon: Entré en contacto con Robbie en los años 90. Bueno, yo ya conocía a Krieger de sus días con The Doors, pero el caso es que nunca habíamos hablado demasiado. Robbie me comentó que quería salir a la carretera una vez más y que necesitaba a alguien que se pusiera ante el micrófono. Acepté y estuvimos aproximadamente un año girando, así hasta que empezó a trabajar en la película que Oliver Stone tenía pensado rodar sobre The Doors. Robbie sería el director musical del largometraje y se vio obligado a dejar los conciertos por un tiempo.


Eric Burdon es sin duda alguna una figura polifacética. Durante estos años no solamente has grabado música, también has publicado libros y participado en el mundo del Séptimo Arte. Hablemos ahora sobre esas dos facetas más desconocidas. ¿Qué se esconde tras esos libros titulados I Used To Be An Animal, But I´m Alright Now y Don´t Let Me Be Misunderstood?

Eric Burdon: En dichos libros intenté no centrarme únicamente en la carrera musical. Mi visión va más allá, habla de la vida del artista y de su parte más psicológica. Hay un sitio para tratar las rupturas, los cambios y todo lo que conlleva ser un músico de éxito.

Y en el campo del cine, ¿qué se escondía tras aquel Comeback de Christel Buschmann? ¿Qué sentiste con este largometraje? Si no me equivoco te tocó encargarte de toda la banda sonora.

Eric Burdon: Christel tenía buenas intenciones pero no las supo llevar al final adecuado. Cuando comencé a trabajar con él pensé que escondía una historia con gancho, aunque al mirar el guión descubrí que Buschmann esperaba que yo le ayudase a encontrar el camino. Pero no me puedo quejar. La película fue una experiencia enriquecedora pues me ayudó a conocer de cerca el negocio: actué, ayudé con el guión y compuse la banda sonora. Y a todo ello hay que sumarle lo fantástico de sumergirse en una ciudad como Berlín.


Girando y girando la rueda de tu carrera hasta llegar a Blues Knights y The New Animals...

Eric Burdon: Es interesante que nombres a Blues Knights. Esta idea surgió tras descubrir que el público que iba a vernos en estos últimos años estaba más y más receptivo con la música blues. Me quise aprovechar de ello y elevarlo algunos puntos por encima de la media. Mi intención era descubrir clásicos a la audiencia que seguramente no eran tan conocidos en nuestros días, gente como Elmore James, pero que significaron mucho para mí. La cosa era actuar de forma más primaria. Con este propósito salimos en una pequeña gira que concluyó realmente bien, así que es posible que terminemos editando un DVD y que también grabemos un disco con la formación que montamos para los conciertos.

Por lo que comentas es algo muy cercano al Willy DeVille Acoustic Trio... Piano, bajo y guitarra.

Eric Burdon: Sí, algo así. Ahí está la base y siempre terminará dando algo interesante.

Y esos The New Animals, ¿qué hay de nuevo en una apuesta tan clásica? ¿Ha vuelto alguna de las piezas iniciales?

Eric Burdon: Actualmente están militando en The New Animals músicos como el guitarrista Eric McFadden, la bajista Paula O´Rourke, el baterista Wally Ingram y el teclista Red Young. Red y yo trabajamos juntos en los años 80 y somos viejos amigos. Ingram fue el que me puso en contacto con Paula, que vive en España, y con Eric McFadden. Ellos tocan en un grupo que no se si conocerás, una banda llamada Stockholm Syndrome.


Sí, recuerdo reseñar en 2004 su CD Holy Happy Hour. Es un grupo que me sorprendió gratamente... En fin, llega el momento de terminar con esta interesante entrevista. Una única pregunta más que sirva a la vez de despedida y como recordatorio de tus momentos álgidos en este difícil negocio que es la música. ¿Cuáles son las tres obras cumbre en tu carrera como artista?

Eric Burdon: No sé, es difícil decidirse. Tal vez te diría que de mis días con The Animals me quedo con Animalisms. Luego colocaría el primer álbum con War, Eric Burdon Declares War. Y como tercero estaría mi Soul Of A Man.

por Sergio Guillén








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