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SYNDONE - Inca (1993)

Con tan solo un año de diferencia la banda de Nik Comoglio incorpora un segundo teclista: Edo Rogani. Ambos con el mismo kit teclístico: piano, moog y hammond. La sección rítmica la componen el bajista Fulvio Serra y el drummer Paolo Sburlati. 


La temática se basa en la antigua civilización precolombina que dominó gran parte de América del sur hasta el siglo 16 cuando Francisco Pizarro, el extremeño y sus majos chavales españoles que eran de lo mejorcico de cada casa, fueron a “evangelizarlos” y a darles besos y abrazos. Se encontraron con una civilización mucho más avanzada que la española con una rica cultura y solo se les ocurrió la feliz idea de que el capellán español les obligase a besar la biblia y rechazar sus ritos paganos. No lo hicieron como es lógico y la salvajada no se hizo esperar. Fríos datos históricos para celebrar luego el día de la hispanidad sin despeinarse.

Un grupo con dos teclistas y nada de guitarra eléctrica es el sueño de todo sinfónico exacerbado al igual que un teclado es alérgico hasta el vómito para un punk. No solo en política existen los extremos. En música encontramos los mismos radicalismos y posturas antagónicas. Los odios y las animadversiones dentro del mundo del arte son la mar de entretenidos y las manías y las pasiones todavía más y ocurre en todas las disciplinas no solo en música. Claro que cuando hablamos de música en círculos cerrados las posturas a veces son tan chocantes que resultan de sumo interés. Si uno es mínimamente educado suele haber tolerancia, pero nunca connivencia. Es un fenómeno interesante porque se aprende mucho y la música al igual que la pintura, la literatura o el cine dice mucho de cada uno de nosotros porque casi todo suele estar relacionado hacia un gusto muy determinado. Hay casos de esquizofrenia como un gusto exquisito para cierta actividad artística pero nefasto en otra corriente. Podemos aceptar que todo es relativo realmente, pero es bastante corriente que si te gusta un tipo de música determinado te guste también un tipo de literatura, cine o arte gráfico afín en una línea complementaria similar. Eso sí, la razón y la verdad nadie la tiene y eso resulta fascinante. Cada cerebro es un mundo particular. Acordaros de aquel sabio que decía algo así como “cuanto más sé, solo sé que no sé nada”.  


“Inca” es bastante superior al primer trabajo que era como muy ecléctico. El paso dado es hacia una mayor épica sonora a la Emerson – Wakeman con todo descaro. Ecos de Trace, Triumvirat o Greenslade se suman a la fiesta. Grandilocuencia sin complejos y ataques teclísticos a duo a toda marcha. La producción todavía no llega a los niveles que alcanzarán en su resurrección en 2010 pero las bases de un grupo con música a lo grande ya están diseñadas. No son piezas excesivamente largas pero sí bastante cargadas de sustancia que van del sinfonismo al jazz o a la fusión pero con prominencia de lo primero. Cambios por doquier que es lo que agrada a todo prog pura sangre y mucha técnica académica. La voz quizás sobra para mi gusto aunque es correcta. Ya sabéis que el rock sinfónico es como una película de romanos, entretenido, desvergonzado y exento del sentido de la medida y el ridículo o sea genial. 
Alberto Torró                                                                                                                                                 
   






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