Entrada destacada

LA ESCENA DE CANTERBURY 11: National Health 2 - Bruford

 Cuando en 1979 se le preguntó a Pip Pype si National Health era la última banda de Canterbury nos dijo que ellos no eran una banda de Canterbury y que solamente las raíces estaban allí. Evidentemente la pregunta iba hacia el estilo y no la procedencia cosa que no debió entender o no quiso. Ellos no encasillaban su música como escena de Canterbury, es más, solo Caravan entendían esta denominación, el resto de bandas asociadas al estilo nunca etiquetaron su música. Esto siempre ha sido confuso y delirante: éramos más “Canterbury” los críticos y comentaristas de música que ellos mismos. A la mayoría no les gustaban las clasificaciones. Incluso observé cierto desdén a esa catalogación. Los “movimientos” denominaciones y términos siempre las inventa la prensa musical. Al final lo gracioso es que de tanto hablar de prog, los mismos músicos y bandas terminan por aceptar el término por “complacer” al “periodista”. Los que llevamos muchos años, toda la vida diría en esto, comprenderán lo que quiero decir. Recuerdo las risas de Genesis y la cara de sorpresa cuando se les preguntó incluso refiriéndose a la época Gabriel, si lo que hacían era “rock sinfónico”. Nos miraban como si fuéramos gilipollas. Ya no te digo si al irreverente y cáustico Frank Zappa te atrevías a decirle que su música era progresiva. La contestación, sarcasmo y prepotencia del de Baltimore te hacía quedar como un imbécil. Ya el colmo de la ironía era oírle decir al propio Duke Ellington: “que no entendía como a la gente le gustaba el jazz con lo aburrido que era”. 

La realidad casi siempre es más frívola, insustancial y vulgar que la “épica imaginación” creada en nuestras ingenuas cabezas. Los músicos por mucho que los idealicemos, no son seres de luz ni dioses, ni criaturas superiores y especiales. Caga y mean como los demás.



 En definitiva, la tendencia a la valoración y elevación a los altares de cualquier músico o artista termina en lo que acaba siendo una actitud infantil y ridícula. Ser fan de cualquier cosa es algo patético. La lista de personajes odiosos en la música es interminable y muchos se burlan y ríen de sus acólitos seguidores que les dan de comer. La humildad es rara y solo se da en personas cultas, razonables, equilibradas e inteligentes. Con una bondad natural y hay muy pocos músicos famosos que lo sean.

Generalmente hay excepciones y es verdad que la gente de la escena de Canterbury en general eran personas bastante normales en el trato, al menos en apariencia y en educación y en parte lo pude comprobar.

Voy a decir algo que con el tiempo se ha vuelto mucho más evidente: por qué ponemos el prefijo “rock” casi siempre a la música progresiva cuando esas estructuras básicas generalmente apenas se emplean. En la mayor parte de bandas que hablo cada semana por estas páginas las estructuras de 4/4 y riffs predecibles básicos del rock se encuentran en un porcentaje mínimo. Incluso iría más lejos. Los términos “Rock y Sinfónico” o “Rock y Progresivo” son antagónicos en sí mismos y solo tienen en común la instrumentación eléctrica empleada. En lo que respecta a este movimiento en concreto, solo el “pop-rock” de Caravan y la psicodelia-space de Gong podrían acercarse al concepto de “rock”. En el resto creo que hay mucho más de jazz, de vanguardia, de clásica contemporánea y de cámara y por supuesto de complejidad caprichosa a veces aleatoria que otra cosa que sean las métricas rígidas y los compases típicos de las progresiones do-fa-sol del rock y el blues.

Volviendo a la salud nacional en 1978 aparece el que para mí es su mejor trabajo, el excelente “Of Queues and Cures”, vaya título de habas. Curiosa y absurda portada con el armario antiguo y gafas de boticario (las de Dave Stewart imagino) y contraportada en el pub de turno con sus pintas de cerveza negra. Este es un disco más equilibrado y centrado que el anterior y sin tanta frialdad instrumental. Las composiciones parecen estar mejor estructuradas. Mas concreción.  Las dos partes de “Bryden 2-Step para anfibios” de Stewart abren y cierran el álbum y ocupan un cuarto de hora en la más pura esencia del sonido Canterbury. John Greaves de los Henry Cow ha entrado de bajista y ocasional cantante en “Binoculars” una encantadora pieza de Pyle que además es la que mejor se queda en la memoria. Esta pieza en concreto tuvo otro nombre tiempo atrás: “A Legend in his own Lunchtime” en una versión de la BBC cantada por Richard Sinclair”. Ambas dos son entretenidas e interesantes. 

Tanto Greaves como Miller tendrían sus propios temas: “Squarer for Maud” y “Dreams Wide Awake” respectivamente. Ambas asimismo en igualdad de complejidad. Siniestra la primera con cello de Georgie Brown y efectivamente sonando mucho a los citados Henry Cow aunque no tan raros y ariscos en este caso y llegando a ser hasta extrañamente emotiva y desgarradora en las líneas de guitarra de Steve Miller y muy activa en las intervenciones de teclado y vientos. Música compleja y caprichosa como siempre en su línea habitual y con lejanos ecos de Soft Machine. Fantástica pieza. 



En el caso de “Dreams Wide Awake” de Miller encontramos mayor agresividad, entendiendo el termino correctamente como “tensión” no como concepto heavy rock aunque el riff inicial a veces se acerca.  El solo de teclado de Dave es extraordinario y expansivo como siempre y la pieza tiene dos partes muy diferenciadas que nos recuerdan mucho a los Hatfields en la segunda. Una pieza suelta como “The Collapso” rompe la línea general del disco, con sus ocurrencias rítmicas estrafalarias. Tras la grabación de este disco Dave Stewart abandonaría la banda para continuar con el proyecto en solitario de Bill Bruford. 

Con Alan Gowen como único teclista continuaron tocando en vivo hasta 1980 pero la falta de Stewart se notaría mucho. La música sería mucho más fría e improvisada y con una notable falta de emoción. De esas giras saldría tardíamente ya en 2001 el CD “Playtime”

Damos un salto a 1982 y ya con Gowen fallecido aparece un tercer disco de National Health a modo de tributo y con Dave Stewart de nuevo como invitado en sus filas. La música interpretada serán adaptaciones de composiciones del propio Gowen. La entrada del teclista para esta única ocasión supone una versión más amable y melódica. El álbum “DS al Coda” la verdad sea dicha está francamente bien y en él colaboran varios nombres de la escena.

Paralelamente en 1980 crearía a Rapid Eye Movement, una banda fugaz sin grabaciones oficiales al lado de Pip Pyle. Rick Biddulph y Jakko Jakszyk que fue un fracaso comercial. A partir de la década de los 80´s Dave Stewart al lado de su mujer y ex Northette Barbara Gaskin renunciaría por completo a su pasado progresivo para hacer pop comercial sin interés ni gracia. Esto fue un acto de traición a su pasado que decepcionó a todos. Que como es posible que uno de los mejores teclistas del Canterbury progresivo hiciese esto, pues solo se puede entender por lo que vengo diciendo sobre la falta de seriedad y compromiso de la mayoría de músicos de este movimiento. Poca gente cree realmente en lo que hace. Caprichos, hastío, dejadez, pasar el rato. Yo que sé y seguramente-principalmente lo de siempre: Intento de ganar pasta a la búsqueda de algún Hit comercial como fue “Is my Party”

A la par de National Health, el batería más famoso del prog en ese momento era sin duda Bill Bruford y de hecho el ex Yes-Genesis-king Crimson-Gong y ex de casi todos estuvo mucho tiempo en la segunda mitad de la década de los 70´s relacionado con los músicos de la escena canterburiana. Bruford había nacido en Kent concretamente en la localidad de Sevenoaks en 1949 por lo que es fácil sospechar que había proximidad con el círculo de músicos de la zona. Pasó un tiempo en Gong y en los primeros National. Conocía al personal y además su tendencia al jazz y a los vanguardismos ya adquiridos al lado del rarito e insufrible de Robert Fripp en los Crimson donde salió cabreado (normal) pero que volvió en los 80´s, favorecía que sus inquietudes no estuviesen muy lejanas de la escena. 

Disuelto otra vez King Crimson en 1974 empezó a colaborar con Alan Gowen y Dave Stewart en los inicios de National Health en 1975. Por esa época fue un continuo deambular aquí y allá. Su breve gira con los señoritos de Genesis en la presentación del “A Trick of The Tail” no acabó muy bien. Giró con Gong sustituyendo al entonces batería Laurie Allan y comenzó sus contactos franco-británicos coincidentes del movimiento canterburiano. Bruford en realidad se reconocía más como un batería de jazz que como un ruidoso golpeador rock. Demasiado fino y preciso y eso encajaba perfectamente en el estilo de fusión vanguardista que la mayoría de bandas de la escena Canterbury desarrollaban. Cierto es que Gong eran más psicodelia anárquica y hippiosa que una banda disciplinada al uso pero debió divertirse con las salidas de tono y las locuras estrambóticas de un Daevid Allen y alumnos desatados.



Ya en 1977 comienza a formar lo que sería su propia banda Bruford y lo haría con gente de alto calado técnico como el guitarrista Allan Holdsworth, el propio Dave Stewart y un bajista de la talla de Jeff Berlin. El primer vinilo data de 1978 con el nombre “Feel Good To Me” donde añade a la peculiar cantante de jazz Annette Peacock no apta para todos los oídos. Es un disco de jazz-rock muy de la época perfectamente tocado pero algo ecléctico. El inicio de “Beelzebub” suena muchísimo a National Health . Ese golpe seco de caja inconfundible. Esa guitarra tremenda de digitación imposible de Holdsword deviene a día de hoy como muy alejada de las tendencias actuales ultra técnicas del metal progresivo que curiosamente de forma indirecta fueron influenciadas en parte por él. Steve Vai podría ser un ejemplo similar a esa forma casi inhumana de tocar. El álbum es un ejercicio ultra-técnico solo al alcance de máquinas que encajan piezas de precisión. La emoción está completamente ausente y solo aparece ligeramente en la última épica del disco “Goodbye to the Past” que de alguna forma aboga por una melodía algo más nostálgica. Dave Stewart se ha pasado por completo a los sintes modernos de boga en la época y desgraciadamente no hay órgano o apenas se oye.



“One of a Kind” de 1979 sería el trabajo más logrado de la trilogía jazz rock antes de pasarse por completo al jazz académico en su proyecto Earhworks. Este segundo trabajo es el más cohesionado-coherente dentro de ese estilo jazz-prog-rock instrumental y recuerdo que en el círculo de amigos fanáticos músicos de entonces lo teníamos en muy alta valoración. Escuchado hoy no ejerce en mí la misma impresión que entonces, pero reconozco que pocas bandas pueden tocar así en ese nivel de exigencia técnica. La pieza “Hell´s Bells” la llegamos incluso a utilizar de sintonía en programas de radio que organizábamos con frecuencia. “Gradually Going Tornado” en 1980 fue el canto del cisne. Se va Allan Holdsworth y entra John Clark. Buen guitarrista pero nada a la sombra del otro monstruo. Al bajista Jeff Berlin le dejan la labor de cantar en algunas piezas y el resultado no gusta demasiado a los seguidores de la banda, pero también tengo que decir que cierran con una de sus mejores composiciones progresivas en los diez minutos de “Land´s End” donde algunas chicas Hatfield ponen su voz celestial para recordarnos al casi extinto ya sonido Canterbury. Fue posiblemente la última vez que Stewart hizo “música prog” bajo su firma.

Continuará. 

Alberto Torró.


Temas
00:00 - 1.  "The Bryden Two-Step (For Amphibians), Pt. 1" (Dave Stewart) 
08:55 - 2.  "The Collapso"  (Stewart) 
15:13 - 3.  "Squarer for Maud"  (John Greaves) 
27:05 - 4.  "Dreams Wide Awake"  (Phil Miller) 
35:56 - 5. "Binoculars"  (Pip Pyle) 
47:45 - 6. "Phlâkatön"   (Pyle) 
47:54 - 7. "The Bryden Two-Step (For Amphibians), Pt. 2" (Stewart) 


¿Te gustó el artículo? No te pierdas de los próximos artículos 



Vuestros comentarios son nuestra energía















Comentarios