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RAGNAR GRIPPE - Sand (1977 / Shandar)

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 Un sueco afincado en Francia en los 70, plaza que se hizo fuerte para el kraut, en los finales de ésa década. Intentando meter cabeza en la cosmic music en modo sintetista-sin-sintetizadores. Ese era Ragnar Grippe. Multiinstrumentista al que como digo, no se le reconoce sintetizador alguno en créditos: órgano,  recorder, armónica,  guitarra eléctrica,  campanas, maracas, voz y composición.  Tal vez "tuneó" su órgano y lo clonó en multipistas grabadas en cinta, capa sobre capa. Entró con inusitada fuerza en 1973 con su primer álbum,  "Capriccio". Al que le siguieron en ese mismo año, siete (7!!!) álbumes más!  Siendo la media por año posterior, de 4 a 5 obras anuales. Compulsivo, el señor artista. Así llegamos a este "Sand", que ya hacía en 1977, su disco número 25. Una ilimitada discografía, como puede intuirse, a lo largo de los años. "Sand" lo componen dos partes, una por cara. En "Sand Part 1" (24'50), se las apaña muy bien Grip...

JOHN PARSONS - A Long, Long Road (2021)

 John Parsons siempre se ha caracterizado por poseer numerosas virtudes, entre ellas, la lealtad a un sacrificado oficio en el que en numerosas ocasiones, la incompatibilidad de caracteres no ha servido como excusa para evadir tensiones, que muchas veces y por irrisorio que resulte, han contribuido a proseguir un trayecto recorriendo con entereza un largo camino sobre un trazado  escabroso, que hay que transitar con la abstracción del silencio, como la nota por excelencia que adopta el estribillo de la propia vida. 



Otra de las virtudes del Galés, ha sido renegar de las picaras estrategias de postores del oportunismo cañí, para que su guitarra formase parte de frentes abiertos al fuego cruzado, condenados al solemne destierro en las mazmorras de la traición. Parsons, nunca desertó del compromiso con sus proyectos como músico y productor para sumarse a la fiesta de  Satanás mientras que Dios se vestía de luto por la hipocresía. Durante más de cuatro décadas, este noble obrero del arte sonoro, ha transitado por la orilla de la discreción sin la necesidad de recurrir al ruido para ser protagonista en el Hall del postureo, como cual muñeco de tanatorio del escaparate rastrero se doblega ante el caprichoso ego. Siempre tuvo claro que la melodía y la armonía, son perfectamente compatibles con el intimismo creativo y la lealtad a su familia, para que posteriormente, la letra hiciese el resto. Y es que hay cosas que nunca lograran perecer bajo el paso del tiempo, y la melodía es una de ellas. Su permanencia eterna puede permitir moldear su peinado al antojo contemporáneo sin perder un ápice de identidad. Y precisamente eso es A Long, Long Road, el primer y ansiado álbum en solitario de un guitarrista que ha desempolvado una serie de composiciones almacenadas en el diván del tiempo, donde han permanecido impresas desde hace tres largos decenios. 

A Long, Long Road presenta once temas renovados para esta ocasión, en la que se tenía que rendir homenaje a quienes hemos esperado su primer fruto independiente. Un álbum que auspicia una coctelera electroacústica, dotada de dinámicas y suspensiones de tracción arraigada a su distinguido respeto por pasiones como el Blues, el Jazz el Pop Rock o el Folk norteamericano, sumada a su consecuente resolución, en la que la precisa eficacia hacen de esta obra un trabajo dotado de frescura evoque la energía humana y aún habiendo precisando del software para apoyarse en la construcción de teclados y percusiones, el disco no desmerece lo más mínimo las habituales y reconocidas melodías de John Parsons, sustentadas por la fuerza emocional que brota de su amor por arte sonoro. Entre otras de sus guitarras escogidas para la tesitura requerida en cada canción, destaca la presencia del Dobro y el debut de su propia hija Sara Parsons, colaborando en una tonalidad razonable para adquirir un color uniforme en el tercer corte del álbum; To Break This Heart Of Mine, que a pesar de haber sido un tema sometido al bisturí para enderezar la perfecta pieza de encaje en puzzle, la formula se ha basado en sostener acordes para acentuar el debut de la propia Sara. Estos son algunos de los factores claves que se han guardado bajo llave durante tantos años, para ser rescatados y actualizados a modo de ceremonia en este largo recorrido que expone la comodidad con la que Parsons va afrontando su retirada sin el menor temor a la silueta que pueda ver reflejada en el espejo de ese sueño, en el con esperanza y sin miedo nunca hay que temerle a la vejez, sino cambiar constantemente el vestuario de la misma. 

La esencia británica, la parsimonia española y la disconformidad con Alemania, se pueden atisbar en el lenguaje que John ha aplicado a este debut discográfico, que por fortuna no se halla prisionero de las ponzoñescas plataformas digitales, sino en el formato que todo consumidor de talento debe adquirir. 



Agradezco profundamente que John me haya hecho llegar un trozo de su alma, en la que he apreciado una vez más, que casi con medio siglo de trayectoria, la actitud y la esencia jamás envejecen. 

Agradezco que los artistas que han precisado de sus servicios durante años como músico y productor, fuesen gratos con quien nació para cumplir con el compromiso burlando la traición. 

Agradezco el respeto por los silencios y el extraordinario gusto por la coherencia musical carente de excesos, sujeta al tempo más preciso sobre compases que se incrustan en las entrañas de una humilde intimidad llamada John Parsons.

Luis Arnaldo Álvarez (Baterista  y Locutor profesional independiente)


 

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