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LA ESCENA DE CANTERBURY 13: Gong y el cachondeo patafísico.

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 Si existe un personaje particular e inclasificable de la Escena de Canterbury y del rock en particular ese es sin duda el australiano Daevid Allen nacido en 1938 y fallecido en 2015. Hay que decir de este hombre que jamás fue un engreído ni una altiva estrella del rock. Más bien todo lo contrario. Su carácter afable y bromista lo hacía asequible y próximo a todo tipo de personas que se acercaban a él. Siempre de buen humor y buen conversador. Inteligente y buen lector. Eso dice mucho de un músico en sentido positivo y no es fácil encontrarlos. El tipo caía bien o al menos esa es la información que tengo de él. Imagino que habrá opiniones diferentes pero con solo verlo parece un tipo cachondo y agradable. El mundo de la música en general está lleno de seres extraños y peculiares y este fue uno de sus más avanzados y particulares congéneres. Que un tipo se desplace desde Melbourne a Kent siguiendo la estela de los poetas beat tipo Ginsberg, Kerouac y Burroughs, ya daría para una nov...

John Zorn | Fred Frith | Bill Laswell | David Lombardo ‎– A Live Supreme (2000)

 La antesala de la noche de Halloween también acepta que los sonidos del vértigo y su máxima libertad de expresión de acomoden en la butaca de los placenteros crímenes sonoros.



Cuando John Zorn, el alquimista de la nueva música volcánicamente productivo, recogía su saxo alto en el Barbican durante la primera semana del mes de Julio del año 2000 en festival de Jazz francés llevado a cabo en el Villette, el público estaba más que concienciado de su preparación para adentrarse  en un viaje directo hacia el centro de la migraña. El saxofonista y compositor estadounidense apareció sobre este escenario dos veces en los nueve meses anteriores. Pero mientras que en esas ocasiones presentaban por una parte música de cámara y posteriormente la perfecta fusión de Jazz y música judía tradicional, Zorn trajo a una lujosa banda de improvisación que contaba con el guitarrista Fred Frith, el baterista David Lombardo y el bajista Bill Laswell. Palabras desmedidamente mayores.

Las siniestras figuras del baterista Dave Lombardo aumentaron las expectativas en la apertura para con toda efectividad Zorn abriese el espectáculo con probablemente la nota vomitada por un saxo alto, exponiendo la longitud e intensidad con la que pocas veces se haya escuchado en ese escenario. Las piezas eran urgentes y sucintas, y con frecuencia, concluían con paradas bruscas y desaceleraciones tortuosas, pero obviamente lógicas.

Con asentimientos y gestos apenas perceptibles, Zorn determinó dialogaba con quién, y cuándo. Si bien algunos puristas de la improvisación podrían describir este factor como una trampa, el marco mantuvo a la audiencia asegurada contra todo lo que Zorn y Frith les arrojaban fríamente. Tampoco fue todo improvisación al rojo vivo. Una introducción de Frith revestida de complejidad dio pie a que Zorn crease un lamento de saxofón escalofriante, que concluyó en un aleteo similar a un trance de las almohadillas del instrumento solo. Una figura parecida a la de Ornette Coleman, que giraba y se repetía, trajo un exquisito solo de  de Frith.

Un aluvión de gritos entre Frith y Zorn pudo ceder protagonismo un episodio atmosférico entre Laswell y Lombardo. Zorn logró dibujar un sonido de motocicleta muy por debajo del rango del contralto y Frith, desafinó para seguirlo, llegando a convertirlo en figuras libres de pura danza alegre.  Una actuación fluida, inquieta, salvaje y rica en contrastes llena de ferocidad para los tímpanos que allí se dieron cita.

Aquel acto protagonizado por estos cuatro músicos, como tantos otros momentos protagonizados por otros muchos, contó con la misma peculiaridad de siempre, de que nunca más iba a volver a sucederse. Pero para rememorarlo, este documento de audio que lleva por título; A Live Supreme, supone el más fiel de los testimonios.

Luis Arnaldo Álvarez (Baterista  y Locutor profesional independiente)



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