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Musicalizando de The War Of The Worlds. Cuando Jeff Wayne miró a los ojos de H.G. Wells

 “Una onda de histeria masiva se apoderó anoche de miles de oyentes radiofónicos entre las 8:15 y las 9:30 cuando la dramatización de la obra de fantasía de H.G. Wells, La Guerra De Los Mundos, hizo que esos miles creyesen que un conflicto interplanetario había comenzado con la destructiva y mortal invasión por parte de los marcianos de localizaciones como Nueva Jersey y Nueva York. El programa estaba producido por el Sr. Welles y el Mercury Theatre en la estación WABC y la red de costas de la Columbia Broadcasting System”. Con estas frases y otras similares se despertaban los tabloides americanos un frío 31 de octubre de 1938. Algunas horas antes Orson Welles aterrorizaba a los radioyentes norteamericanos con su adaptación del libro The War Of The Worlds al hacerla pasar como una noticia oficial de última hora. En 1978 otro visionario, Jeff Wayne, se apoyaría en la adaptación del cineasta para las ondas hercianas, al igual que en la versión cinematográfica de 1953, para conformar con una seudo ópera rock experimental y sinfónica la que sería considerada por muchos como mejor representación en audio de la novela de H.G. Wells. 



Pero qué hay tras la figura de aquel novelista nacido en el pequeño pueblo de Bromley (Kent), el visionario Herbert George Wells cuya obra ayudó a definir, al igual que harían los mayores exponentes editados por el francés Julio Verne, lo que en la actualidad conocemos como literatura de ciencia-ficción. Este escritor destacó a lo largo de su vida profesional como diestro ensayista y periodista avispado, base que le fue esencial para enfrentarse a sus retos novelados con un peso esencial para llevar a puerto conocido tan dispares historias. Sus obras en este campo siguen tres caminos claramente diferenciados: libros científicos, libros de la vida y novelas ideológicas. En este artículo abordo la primera de las clasificaciones, ya que en ella se enmarcan trabajos como La Máquina Del Tiempo y La Guerra De Los Mundos. Este segundo sueño futurista y que pretende figurar el posible Apocalipsis llegado de la mano de seres de otros planetas, se edita en 1989 en Inglaterra. Dice la leyenda que fue el hermano de Herbert George, Frank Wells, el que planteó un acertijo sobre las oportunidades que podrían encontrar habitantes extraterrestres de conquistar el planeta Tierra. Asiéndose a tal cuestión, el autor plasma a lo largo de su obra un mañana en el ahora inmediato, al mismo tiempo que no duda en marcar una tupida crítica a la sociedad imperante. 



Utilizando inteligentemente dos técnicas de escritura, Wells zigzaguea por los textos en primera persona y los que están tratados desde la visión de una tercera. A ello hay que sumarle un milimétrico rigor científico que procura dar sentido y explicación a todo lo desconocido por el hombre de a pie. No hay que olvidar que una de sus etapas de mayor crecimiento cultural fue durante sus estudios en la Escuela Normal De Ciencias londinense, clases que en muchas ocasiones recibió del imperturbable defensor de Darwin T.H. Huxley. Su valor histórico, más allá de su carácter como docente y eminente fisiólogo, radica en ser el abuelo de Aldous Huxley, autor de uno de los libros con mayor valor dentro del estudio de la masa oprimida por un gran ojo manipulador, la indispensable novela Un Mundo Feliz (Brave New World). Todo esto hace que Wells imagine futuribles no tan descabellados (o al menos eso ha seguido pensando el Séptimo Arte) y, como decía en 1982 Constatino Bértolo Cadenas, conocer mejor la condición humana mirando a las estrellas. Esto tiene bastante sentido si repasamos los pensamientos de Isaac Asimov sobre la obra. Pareciese que Herbert George luchara por alzar un pendón de crítica a ese colonialismo que durante años abanderó Inglaterra. Su mirada inquisitiva pudiera estar recordando el daño inflingido a otros pueblos a base de una política de constantes conquistas y expansiones.



Siguiendo la pista de migas de pan que han dejado tantos y tantos creadores inspirados por la narración de Wells, pienso que vale la pena pararnos en el escritor Garret P. Serviss. Con La Conquista De Marte De Edison navega por la idea de la furiosa revancha humana. Editada para el New York Journal American, la historia nos transporta a una situación de sublevación terráquea en la somos nosotros los que contraatacamos en una misión dirigida por el mismísimo Thomas Alva Edison. Ahí es nada. En fin, una de tantas, ya que hasta Sherlock Holmes y el doctor Watson tendrán la oportunidad de enfrentarse a los marcianos (Sherlock Holmes’ War Of The Worlds, 1975).



Para cuando Jeff Wayne se introduce en el proyecto de una versión musical apoyada en la novela The War Of The Worlds de H.G. Wells, el audaz creativo había estado ofreciéndose de productor en las más variopintas grabaciones. Jeff colaboró en el álbum de David Essex Rock On, chispa que posteriormente hizo que Wayne reclutase a Essex para su proyecto ofreciéndole el papel de The Artilleryman. La idea del compositor era pergeñar algo así como una ópera rock de cadencias futuristas pero que no se separase de la idea original del autor literario. Dotó a su obra sonora de un deliberado deje progresivo en lo estilístico, aunque frente a las voces dio cita a lo más florido del rock y el pop de aquella década. Los papeles se repartieron de la siguiente manera: Julie Covington haría de Beth, David Essex de The Artilleryman, Philip Lynott de Parson Nathaniel, Jo Partridge de The Heat Ray, Chris Thompson de The Voice Of Humanity y Justin Hayward quedó como The Sung Thoughts Of The Journalist. Y en efecto así era, el reconocible componente de The Moody Blues terminó representando en canciones los pensamientos de The Journalist, el narrador periodístico que lleva al oyente a lo largo de toda la historia. Un papel que recaería sobre el galardonado actor cinematográfico y teatral Richard Burton. Otros miembros del equipo, aunque en este caso en el lado creativo, fueron Dorren Wayne, Gary Osborne y Paul Vigrass; este trío se repartiría las labores de guionista (la primera) y de letristas (los dos restantes). En 1978 se presenta al gran público, no tardando en recibir el mayor de los éxitos. Se extraen dos sencillos que marcaran las listas, “The Eve Of War” y la dulce “Forever Autumn”, destacando de esta manera un valor más allá del simple invento experimental para minorías. En poco tiempo Jeff Wayne recibe por su trabajo musical dos premios Ivor Novello junto con otro a la Mejor Grabación En Ciencia Ficción Y Fantasía (este último galardón se lo otorgó un jurado en el que se encontraban cineastas de la talla de George Lucas o Steven Spielberg). 

por Sergio Guillén

sguillenbarrantes.wordpress.com

 







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