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Chris Neal – Winds Of Isis (1974 / M7)

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 Para 1974, la fiebre mooger y el síndrome del teclista alquímico, del multiinstrumentista druida, se había extendido por todo el mundo. El año anterior Rick Wakeman había editado "The Six Wives of Henry VIII", álbum para mí nunca superado. Y Mike Oldfield su "Tubular Bells", al que le pasa lo mismo. Demasiado todo de golpe. Eso creó afición,  lo que es siempre positivo. En Australia, Chris Neal editó su "Winds of Isis". Tan desconocido por éstas latitudes como magnífico trabajo. No todo fueron borrachuzos rockers pendencieros  por aquellas áridas tierras. Neal creaba una mezcla apropiada de los dos "vacos sagrados" referidos. Con omnipotente tecladina a base de sintes, Mellotron generoso ,  Hammond B3 persistente, Celeste, Clavinet, Leslie Wah pedal y demás parafernalia. También le daba muy bien a las guitarras con y sin enchufe, percusiones, batería,  bajo, glockenspiel, bells  (cómo no!), mandolina, bottleneck o armónica. Invitados había en do

Rush - Roll The Bones (1991)

 En Roll The Bones el trío apostó con firmeza en una búsqueda menos barroca de lo expuesto en el álbum Presto, refugiándose en el posicionamiento de un concepto de Power Trío como baza de juego favorable en el reencuentro con sus propias raíces, siendo conscientes de que eran los máximos lideres de un sonido de de múltiples virtudes propias. 



Iniciar la década de los noventa dentro de la renovación como básico fundamento en el nuevo reto de generar sencillez armónico melódica sin esquivar la tesitura compleja en sus composiciones, le dieron a Rush el pase hacia un confortable Hall amueblado con vanguardia contemporánea. Y es que la determinación de Roll The Bones es innegable, aunque en el lenguaje y las propias herramientas, se manejan prácticamente los mismos elementos que en Presto. Las canciones inclusive, se alojan con mucha más fuerza en la memoria, quizá debido al amplio cuadro de estribillos contundentes y aún mayor enfoque de persistencia en el cuadro sónico. 

La sospecha nos conduce a la deducción de que Rush merodeaban la manzana del inconformismo en la captura constante de ese ''algo'' que precisaban para la evolución y su consecuente aprendizaje. Como buenos y civilizados rockeros, Rush se tomaron un descanso antes de la planificación integral de este álbum para enclaustrarse en los Chalet Studios de Ontario durante dos intensos meses y medio para componer la obra. El productor Rupert Hine tenía un gran porcentaje del terreno labrado a la espera de una cosecha fructífera que sirviese a los inconformistas de Toronto sobresalientes esperanzas sobre la bandeja de la progresión.

Había que olvidarse de modas y tendencias para sostener inercia y conmoción manteniendo al margen interferencias desbocadas. No podían tenderse puentes entre Roll The Bones y cuanto se estaba fraguando en Seattle, dado que el aislamiento de la banda fue practicado en el hermetismo convexo de las apuestas dobles contra el pronostico de reservada sencillez. Y con toda probabilidad sea éste el hecho por el que Roll The Bones sea una obra discográfica satisfactoria en aspectos como elaboración y escucha, que se manifiesta en formas diversas, cítense como ejemplo temas como Dreamline, donde los versos carentes de rima escritos para la pieza precisaron de una imaginación desbordante, algo que para Geddy Lee supuso toda una liberación porque siempre fue un artista de obsesionado con el perfecto encuadre de los elementos en el desarrollo y uso de una canción. Bravado, es otra de las elaboradas citas de este disco, una de las más destacadas de todo el álbum sin sepultar en el tintero del infortunio otras propuestas como la que le da título a la obra, o inclusive refuerzos de esencia vital como Where´s My Thing, Big Wheel o Ghost Of A Chance entre otras.

Para el tour de presentación de esta nueva propuesta discográfica, Rush nuevamente pusieron en marcha todo su despliegue escénico yoy su poderosa maquinaria para afrontar ocho largos meses de carretera que dieron inicio el 25 de Octubre de 1991 en Hamilton, la localidad natal del propio y eternamente recordado Neal Peart. Una gira que trajo algún que otro contratiempo y a bandas como Primus en el aperitivo soporting, aunque... Todo quedaba entre primus hermanus finalmente. 

En aquel entonces, Rush se metieron de lleno en el mundo de las imágenes creadas por os avances informáticos llevando al trío a aprender mucho sobre la parcela de la animación.



El acertado inicio de la deleznable década cultural de los años noventa para Rush con un envoltorio de huesos de satisfactorio marfil, les situaba de nuevo en la cabecera de lo más destacado del lenguaje musical progresista.

Luis Arnaldo Álvarez (Baterista  y Locutor profesional independiente)


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