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LA ESCENA DE CANTERBURY 10: Gilgamesh - National Health

 Disueltos los Hatfield existía otra banda llamada Gilgamesh que solían coincidir a menudo en actuaciones y eventos. La relación entre ambos integrantes estuvo de alguna manera asociada al movimiento y había puntos en contacto en la compleja línea jazz avant garde que ambas bandas presentaban. A pesar de que el estilo de su líder el teclista Alan Gowen era mucho más free-jazz rock, poco dado a emociones melódicas y menos cálido, solían abrir conciertos para los Hatfield y por consiguiente no es raro que surgiese la amistad entre ambas formaciones.


 

En 1975 el movimiento entre los diversos músicos del panorama seguía como siempre en una constante de… bueno mañana si acaso ya veremos si me apetece… Como es fácil de suponer era raro conseguir un contrato discográfico y mucho menos un manager que normalmente son vampiros que solo buscan pasta y si a eso añadimos que los conciertos eran bastante minoritarios en asistencia, podemos convenir que literalmente “se buscaban la vida” casi siempre en la precariedad. 

Si eso ya pasaba en mediados años 70´s imaginaros una banda así con ese tipo de música en la actualidad. Hoy sería inviable. Se podría pensar que hoy que vivimos en un mundo veloz en constante información, contacto en redes y avances tecnológicos todo sería más fácil. Craso error. La respuesta es más dramática, vulgar y sencilla de entender. Hoy no interesa un mundo en el que haya que pensar y mucho menos músicas que requieran un pequeño esfuerzo neuronal. Nadie quiere un esfuerzo intelectual en nada que no sea la inmediatez. El criterio personal está completamente fuera de lugar. No interesa el menor atisbo de inteligencia. Por eso la importancia de un mundo intransferible paralelo personal a día de hoy tienen un incalculable valor. En absoluto es fácil y casi siempre una pérdida de tiempo en cuanto sales del círculo individual. La medida inteligente: Un estado de permanente silencio y observación. 



Es muy habitual el aislamiento social conforme envejeces. Un bunker de confort que sí o sí debes preservar para evitar que se contamine. No confundir esto con ser insociable. Ves cada día cosas horribles y disparatadas y se te llevan los demonios. La gente cada vez es más mala. Por esa misma razón muchos evitamos la relación humana incluso con los conocidos y hasta con los amigos. Lamentable: sí. Necesario: también.



Gilgamesh tuvieron dos franjas temporales de 1972 a 1975 y de 1977 a 1978 con diferentes cambios salvo su líder y compositor Alan Gowen nacido en Londres en 1947 y fallecido en 1981. Una corta vida que se llevó la leucemia. El estilo de Gilgamesh y Hatfield and the North se adaptaban con facilidad y encuadraban bien en esa “sonoridad” canterburiana. Los coleccionistas disponen de tres grabaciones. “Gilgamesh” de 1975. “Another Fine Tune You´ve Got Me Into” de 1978 y sus primeras grabaciones del 73 al 75 recogidas en “Arriving Twice” una edición en CD del 2000. En estos trabajos pasarían muchos músicos asociados con la escena: Neil Murray, Phil Lee, Jeff Clyne, Peter Lemer, Trewor Tomkins, Steve Cook, Mike Travis, Amanda Parsons, Hugh Hopper, incluso Allan Holdsworth en los inicios. Música altamente intelectual para entendernos. Muy orientada al jazz de vanguardia. Mucho piano eléctrico y sintetizador moog, complejas líneas rítmicas y bastante improvisación en general. Pero sin un atisbo de calor o emoción. No era una banda fácil de escuchar.

Ya en 1975-1976 su asociación con Dave Stewart, Mont Campbell, el inquieto Bill Bruford escapado o despedido de sus giras de presentación con Genesis del “A Trick Of The Tail”, Steve Hillage, Phil Miller y Amanda Parsons darían lugar a National Health que en realidad serían una continuación de los Hatfield and the North.

National Health es considerada la última formación importante del Canterbury Sound. Su formación y sus constantes cambios de personal para variar duró hasta 1981 y daría para otros tres discos. Nacieron ya en el comienzo degenerativo del progresivo y auto-marginándose del punk y la incipiente new wave que a su vez daría paso al pop electrónico y a corrientes muy básicas que retornaban al primitivismo rock. 

Un panorama cojonudo para hacer música decente porque a partir de 1980 como toda mente sensata sabe la música, salvo casos aislados y en lenta agonía ya no volvería a levantar cabeza. Las compañías discográficas no tenían el menor interés cultural en nada que no fuese negocio rápido y si querías sacar un disco deberías encontrar a la virgen maría, el padre pío, algún loco entusiasta filántropo generoso con pasta o auto-gestionarlo por tu cuenta y riesgo que era lo habitual.

National Health, es decir Seguridad Social en nuestra versión, hacía referencia a las gafas redondas de Dave Stewart proporcionadas por el sistema de salud pública británico. Cachondeo típico de siempre que nunca abandonaron. Hay que reírse de todo. El descojono y burla hacia la sociedad que nos toca vivir es la única manera de salud mental o a menos de preservar parte de ella. 

Aun siendo un defensor a ultranza de la otra corriente como es el rock sinfónico, me revienta siempre su tendencia a lo serio, trascendente, mágico y elevado y sus letras poéticas insoportables e incomprensibles. Nunca ha hecho falta el texto en la música salvo en el mundo del folk que generalmente son canciones sencillas, emotivas y hermosas. Ahí siempre hago la excepción. Para mi tanto la ópera como los musicales son algo insoportable. La música coral como excepción, es otra cosa que respeto y por supuesto como digo e insisto, separo las canciones de folk céltico y a sus protagonistas que casi siempre son emotivas, alegres y naturales. Seguramente mi estilo favorito cuando salgo de las alucinaciones progresivas y de la grandeza instrumental sinfónica clásica.

Los pacientes de la salud nacional y después de casi tres años pateando pequeños escenarios con una formación más o menos estable de Stewart, Miller, Murray y Pyle se meten por fin en el estudio entre febrero y marzo de 1977 aunque el vinilo no se editará hasta febrero del 78. Salió incluso en España. Todo un detalle.

“Tenemos Roads” es la ocurrencia de la pista uno. No tiene sentido alguno el título. Tener del verbo español y carreteras en inglés. Pues muy bien. Casi quince minutos de rugiente órgano y piano eléctrico con una melodía instrumental típica del estilo y la única del disco que se queda en la memoria. Los teclados de Stewart sobresalen más incluso que en su reciente época Hatfield con multitud de filtros de wah wah, fuzz overdrive y toda la parafernania. La guitarra siempre rara y subyugante de Miller va abriendo caminos. Los habituales acordes rebuscados se suceden en complejas armonías mientras la voz de Amanda Parsons con sus agudos imposibles y casi celestiales parecen un extraño cuento victoriano. Muy difícil aprenderte una música tan extraña a medio camino del jazz de vanguardia, la música de cámara, estructuras de música clásica contemporánea y mucha, muchísima imaginación. La melodía inicial volverá de forma recurrente en todo el desarrollo y sin duda será el tema “más Canterbury” de todo el álbum.

“Brujo” de Alan Gowen qué, aunque no esté de forma oficial colabora en casi todo el trabajo, es una pieza de difícil harmonía y desarrollo. Es lo que yo llamo siempre “música para músicos”. No está pensada para facilitar una escucha fluida ni fácil al oyente. Sonido contemporáneo muy cerca del Zeulh y del RIO. Caprichosa y refinada parece un viaje iniciático introspectivo con detalles descriptivos y cánticos ritualistas. Podemos escuchar la delicada flauta de Jimmy Hastings y constantes incursiones jazz rock al estilo Return To Forever. Las florituras en los complejos solos de moog de Gowen me recuerdan enormemente a Chick Corea. El órgano carnoso de Stewart se lanza a complejos vericuetos en constante charla con el resto de pinceladas de guitarra. Música difícil y elaborada que a muchos los dejará impávidos y con la mosca de la incomprensión en la oreja. Estas escuchando un montón de estilos académicos tratados de forma imaginativa, pero en absoluto cómodos para el oyente medio.

 Los músicos y sus caprichos que a veces hacen las cosas más para incordiar y molestar que para agradar. Alguna vez se me ha pasado por la cabeza hacer un estudio psicológico-patológico de las “mentes creativas” que entraría más en el mundo de la psiquiatría. La salud mental y el arte están siempre íntimamente asociados.

“Borogoves” una pieza en dos partes, vuelve a la mano y forma de Dave Stewart. Más amable y emotivo que las composiciones de su compañero teclista nos retrotrae de nuevo al estilo de los Hatfield and the North. Una pieza que podría haber estado en un hipotético tercer disco de la banda. Aquí es Miller y su implacable sonido la que lleva una parte y en la siguiente entre fanfarrias y güasas épicas de batallitas se entrecruzan todos a la Hatfield con atractivas sonoridades de viento y cierto tono humorístico.

Termina este monumental disco con la tremebunda y compleja “Elephants” como un aquelarre agitado de músicas imposibles entre catorce minutos de tensiones disparatadas instrumentales, agonías sonoras, luchas imaginarias. Jamás oirás una guitarra de Steve Miller con tal mala hostia y retorcimiento como aquí. Un nivel musical demasiado alto incluso para cualquier banda experimentada en complejidades. 

Siempre me ha causado perplejidad el sado masoquismo en música. En lugar de crear músicas para el bienestar, la alegría y el equilibrio emocional, se busca con demasiada frecuencia, la “mala digestión sonora”. El dolor abdominal, terror y escalofrío nocturno, inflamación testicular con fantástica migraña de cabeza. El revoltijo neuronal que precise analgésicos y el inevitable prurito o picor anal con flatulencia y diarrea ácida. Malestar general, en definitiva. Gran parte de la música y el arte es eso. Además, nos gusta. Curioso



 No es un álbum para compartir entre colegas en una alegre audición. Es para meterte de lleno en la música a nivel individual y sufrir-disfrutar tal sea el caso o tu patología diagnosticada. Acabará con la melodía exquisita con la que empieza el tenemos Roads en una maravillosa coda. Un disco que no puede valorarse, ni equipararse con nada. Imprescindible para unos y demasiado avant garde o insoportable para otros. Ahí está la cuestión.

Continuará

Alberto Torró


Temas
1  Tenemos Roads 14:43
2  Brujo 10:19
3  Borogoves (Excerpt From Part 2) 4:16
4  Borogoves (Part 1) 6:37
5  Elephants 14:37


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