La deconstrucción del pulso: una fenomenología del sonido percusivo. La historia de la batería suele escribirse a partir de la evolución del ritmo. Desde el swing hasta el bebop, desde el rock al jazz fusión, la mayoría de las escuelas han entendido el instrumento como un sistema destinado a organizar el tiempo. Incluso las propuestas más radicales del free jazz norteamericano conservaban, de una u otra forma, la noción de impulso rítmico como elemento vertebrador del discurso. Paul Lovens alteró profundamente ese paradigma. Su aportación no consistió en ampliar el vocabulario técnico del instrumento ni en desarrollar nuevos rudimentos. La verdadera revolución que introdujo fue mucho más profunda: cuestionó la propia necesidad de que la batería organizara el tiempo. En su universo sonoro, el instrumento deja de ser un regulador métrico para convertirse en una fuente inagotable de acontecimientos acústicos. Nacido el 11 de junio de 1949, en Aquisgrán (Alemania Occident...
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PULSAR - Pollen (1975)
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Este quinteto francés se crea en Lyon en 1971 cuando las diferentes bandas prog galas empezaban a desarrollar las curiosas músicas y tendencias que arrasaban el panorama mundial de entonces.
Lo extraño del caso es que casi fue una moda que logró penetrar en los oídos de los que entonces éramos muy jóvenes. La ventaja de haber vivido aquello al menos para mí, es poder hablarlo hoy sin los mitos y las excesivas emociones que se han vertido sobre este legendario estilo tanto positivas como negativas. Los que estuvimos allí no lo vivimos como nada especial y tampoco con el fanatismo posterior creado en los prog rockers de las generaciones que nos han sucedido. Para nosotros que se hiciese aquella música novedosa nos parecía normal. Era lo lógico, pues ya teníamos el oído acostumbrado a la década de los sesenta. La buena música era lo cotidiano y para nada extraño. Puede sorprender esto, pero en buena parte así fue. Incluso en los llamados singles de éxito comerciales podías encontrar mucha mejor música de la que en términos generales se hace ahora.
El desapasionamiento es un fenómeno que aparece con la edad. El hecho de llevar prácticamente toda la vida escuchando música acaba por completo con el “factor sorpresa”. Recuerdo abrir nervioso cualquier vinilo a mis 18 años y la rutina previsible de ahora. Dos mundos. Luego está la seguridad de que cualquier cosa de hoy o es repetición o es una mierda. Conforme envejeces valoras la importancia de lo esencial y lo importante que es deshacerse de lo inservible. Esto lo aplicas a todo naturalmente porque vivir cansa muchísimo tanto física como mentalmente.
Pulsar son bastante diferentes. Aunque se les suele catalogar como symphonic prog yo diría que hay otros elementos que cobran más importancia en su música como pueda ser el llamado space rock y la primigenia psicodelia floydiana acercándose incluso a veces al kraut germano en su lado más disciplinado y menos loco. Luego está la cuestión de que su música generalmente es tranquila y pausada. En sus discos no hay excesivas prisas ni carreras contra reloj. Una sensación de calma y placidez es la que encontramos en este su primer trabajo. Música para estar cómodo. La languidez se reparte en una fina interpretación entre los finos teclados de Jacques Roman, las acústicas de Gibert Gandil y la crimsoniana casi algo caravanera flauta de Rolland Richard más una tranquilona sección rítmica que apenas remonta en vuelos y mantiene un swing agradable todo el rato. El ambiente es entre hippioso y descriptivo y naturalmente suenan muchísimo a los mejores Floyd de 1969-1970 en su lado más melódico. Su música tiene una sensación nostálgica y placentera poco apta, nada diría, si te van los trallazos rock.
En definitiva “Pollen” se escucha como escuchas un arroyo, con sus efectos space, su pausado tempo, su toque sych, sus detalles a veces algo experimentales como en “Le Cheval de Syllogie” o los sinfonismos retro y cadenciosos de la suite “Pollen” de 13 mtos. Un trabajo absolutamente agradable y encantador con el cual solo debes dejarte llevar.
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