Ken Baird es un nombre conocido en la escena del rock progresivo canadiense, tras haber forjado una sólida carrera en solitario durante casi quince años antes de decidir expandir sus actividades. Fue después del lanzamiento de su quinto álbum, Further Out, en 2009, que, motivado por la necesidad de producir música en un contexto más colaborativo, Baird decidió fundar el trío Monarch Trail, publicando su álbum debut, Skye, en 2014 y cosechando grandes elogios. Sand es el segundo álbum de la banda, donde, con la misma formación que en el trabajo anterior, lograron elevar la calidad de su sonido. El álbum comienza con "Station Theme ", donde el bajo, el piano y la batería se fusionan rápidamente con los sintetizadores, creando un sonido retro y espacial que bien podría servir como tema musical para un programa de ciencia ficción en History Channel. El piano demuestra una destreza que recuerda a Rick Wakeman, mientras que los sintetizadores, junto con el bajo y la ba...
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GENTLE GIANT - In A Glass House (1973, Vertigo/WWA Records)
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El grupo británico Simon Dupree & The Big Sound, que paría maridajes entre la psicodelia y el r&b, verá la emancipación de su núcleo fundamental cuando los hermanos Shulman conformen Gentle Giant, un nuevo estilo de proceder en el estirón del rock progresivo. De 1970 a 1973 publican cinco LPs, cinco discos de estudio considerados como picos de corona dentro de la carrera del combo, al igual que final de su inspiración. No fue así, pues tras tanta matrícula de honor musical aún quedarían álbumes como The Power And The Glory (74), Free Hand (75) e Interview (76), ediciones que mantenían la inteligencia y unas ocurrencias sonoras tan características como las ya aparecidas en anteriores marcas.
Sin embargo, In A Glass House fue un giro de timón, un replanteamiento vista la salida de Philip Shulman, quedando Raymond y Derek en el puesto de mando. El ruido de cristales rotos que presentan los primeros segundos de reproducción, tornando en su evolución a un ritmo de suspiro mecánico, avisa que todo es nuevo, y a la postre nada cambia. “The Runaway” con sus guiños sincopados que tienden a la estructura renacida cada paso de nota, acompañados del baterista John Weathers que ilusiona pegada tras otra, se las arregla para no echar de menos aquel saxo que hasta hacía un año tendía una mano en las digestiones.
“An Inmates Lullaby” les queda experimental, llena de laberintos, mientras “Way Of Life”, “Experience” y “Reunion” maceran de lo medieval a lo medianamente barroco para, en el caso de la primera del trío, cargar la bala de cañón en un artilugio de art pop frenético y de bajo funk. La canción que titula el vinilo es la más acorde con el paso de Octopus a esta definitiva manera de no irse por las ramas tras la deserción de Phil, logrando así continuar con su promesa de cambio y de oleadas rejuvenecedoras para los oídos sinfónicos.
El por entonces quinteto se adapta a la falta de esa sexta pieza, destacando un Derek Shulman que no reniega de su saxofón alto, al menos para pincelar algún recuerdo a los desarrollos calculados por su hermano, y un Ray que sigue tan a gusto doblándose cual violinista excéntrico y bajista titánico.
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