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Sainte Anthony's Fyre - Sainte Anthony's Fyre (1970)

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 ¡Los años dorados del rock and roll estadounidense! ¡Sí! La segunda mitad de los 60 produjo bandas que conformaron la escena psicodélica estadounidense. Janis Joplin, Grateful Dead, The Doors, entre muchos otros, proclamaron el "flower power" por todo el país y el mundo, expresando su repudio a la guerra de Vietnam, y la música fue su guía. La música experimental y psicodélica reinaba con supremacía. Pero como el buen rock and roll sugiere, o al menos debería sugerir, a menudo subvierte el orden, y algunas bandas —pocas, hay que decirlo— aportaron algo diferente a la época. Algo más contundente, no solo por la relevancia de su historia, sino también por su sonido. En esencia, el sonido revelaba su historia y transmitía la fuerza de ser pioneros, muchos de los cuales no recibieron el reconocimiento que merecían. No recibieron crédito precisamente por traer algo nuevo y difícil de digerir a la industria discográfica, que, admitámoslo, siempre ha sido conservadora, y al público...

GENTLE GIANT - In A Glass House (1973, Vertigo/WWA Records)

El grupo británico Simon Dupree & The Big Sound, que paría maridajes entre la psicodelia y el r&b, verá la emancipación de su núcleo fundamental cuando los hermanos Shulman conformen Gentle Giant, un nuevo estilo de proceder en el estirón del rock progresivo. De 1970 a 1973 publican cinco LPs, cinco discos de estudio considerados como picos de corona dentro de la carrera del combo, al igual que final de su inspiración. No fue así, pues tras tanta matrícula de honor musical aún quedarían álbumes como The Power And The Glory (74), Free Hand (75) e Interview (76), ediciones que mantenían la inteligencia y unas ocurrencias sonoras tan características como las ya aparecidas en anteriores marcas. 


Sin embargo, In A Glass House fue un giro de timón, un replanteamiento vista la salida de Philip Shulman, quedando Raymond y Derek en el puesto de mando. El ruido de cristales rotos que presentan los primeros segundos de reproducción, tornando en su evolución a un ritmo de suspiro mecánico, avisa que todo es nuevo, y a la postre nada cambia. “The Runaway” con sus guiños sincopados que tienden a la estructura renacida cada paso de nota, acompañados del baterista John Weathers que ilusiona pegada tras otra, se las arregla para no echar de menos aquel saxo que hasta hacía un año tendía una mano en las digestiones. 

“An Inmates Lullaby” les queda experimental, llena de laberintos, mientras “Way Of Life”, “Experience” y “Reunion” maceran de lo medieval a lo medianamente barroco para, en el caso de la primera del trío, cargar la bala de cañón en un artilugio de art pop frenético y de bajo funk. La canción que titula el vinilo es la más acorde con el paso de Octopus a esta definitiva manera de no irse por las ramas tras la deserción de Phil, logrando así continuar con su promesa de cambio y de oleadas rejuvenecedoras para los oídos sinfónicos. 


El por entonces quinteto se adapta a la falta de esa sexta pieza, destacando un Derek Shulman que no reniega de su saxofón alto, al menos para pincelar algún recuerdo a los desarrollos calculados por su hermano, y un Ray que sigue tan a gusto doblándose cual violinista excéntrico y bajista titánico.
por Sergio Guillén
 








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