Es muy curiosa la paradoja del tiempo. Tanto en la música como en el devenir diario que sucede cada vez más rápido, asistimos al proceso del pasar los años y como conforme envejecemos vamos dejando lastre y la cabecita, antaño ingenua o loca, se va adentrando en eso tan difícil de explicar llamado lucidez. Todo drama mental ya no te sirve para nada aunque resulte muy difícil quitártelo de encima y encontrar ese disco, ese libro o esa película cada vez más escasa que tiene algo que decirnos o alegrarnos el día es lo único que ahora nos interesa y si la implacable anhedonia no ha conseguido dejarnos completamente fríos e indiferentes. Naturalmente todo seguirá como la rueda y el hámster: el ruido, las novedades, tendencias, snobs, músicas y ocurrencias alternativas y la IA y los logaritmos diseñando tu vida moderna o en el más entretenido de los casos exterminándote como predican por ahí. La música actual y las bandas que algunos llaman prog parecen encerradas en una habitació...
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GENTLE GIANT - In A Glass House (1973, Vertigo/WWA Records)
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El grupo británico Simon Dupree & The Big Sound, que paría maridajes entre la psicodelia y el r&b, verá la emancipación de su núcleo fundamental cuando los hermanos Shulman conformen Gentle Giant, un nuevo estilo de proceder en el estirón del rock progresivo. De 1970 a 1973 publican cinco LPs, cinco discos de estudio considerados como picos de corona dentro de la carrera del combo, al igual que final de su inspiración. No fue así, pues tras tanta matrícula de honor musical aún quedarían álbumes como The Power And The Glory (74), Free Hand (75) e Interview (76), ediciones que mantenían la inteligencia y unas ocurrencias sonoras tan características como las ya aparecidas en anteriores marcas.
Sin embargo, In A Glass House fue un giro de timón, un replanteamiento vista la salida de Philip Shulman, quedando Raymond y Derek en el puesto de mando. El ruido de cristales rotos que presentan los primeros segundos de reproducción, tornando en su evolución a un ritmo de suspiro mecánico, avisa que todo es nuevo, y a la postre nada cambia. “The Runaway” con sus guiños sincopados que tienden a la estructura renacida cada paso de nota, acompañados del baterista John Weathers que ilusiona pegada tras otra, se las arregla para no echar de menos aquel saxo que hasta hacía un año tendía una mano en las digestiones.
“An Inmates Lullaby” les queda experimental, llena de laberintos, mientras “Way Of Life”, “Experience” y “Reunion” maceran de lo medieval a lo medianamente barroco para, en el caso de la primera del trío, cargar la bala de cañón en un artilugio de art pop frenético y de bajo funk. La canción que titula el vinilo es la más acorde con el paso de Octopus a esta definitiva manera de no irse por las ramas tras la deserción de Phil, logrando así continuar con su promesa de cambio y de oleadas rejuvenecedoras para los oídos sinfónicos.
El por entonces quinteto se adapta a la falta de esa sexta pieza, destacando un Derek Shulman que no reniega de su saxofón alto, al menos para pincelar algún recuerdo a los desarrollos calculados por su hermano, y un Ray que sigue tan a gusto doblándose cual violinista excéntrico y bajista titánico.
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