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BACHDENKEL - Stalingrad (1977 / The Initial Recording Co.)

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 Observen un detalle. Un grupo graba dos únicos discos cojonudos, pero siempre habrá un "ilustrado" que les diga que "uno era mejor que el otro". A menudo erróneamente. Siempre. Con Bachdenkel tampoco falla.  Sus dos discos fueron extraordinarios.  El debut "Lemmings" según una fuente, acequia o charco, te dirá que se editó en 1970, 71 o 72. Realmente por Philips en el 73. La confusión con esta banda viene de que dejaron su Birmingham natal, para probar fortuna en Francia. Que digo yo que menuda cagada hicieron.  Así que allí grabaron antes, pero salió en UK después.  Aquel "Lemmings", que siempre lo ponen como "su masterpiece", era un desparrame hard psych prog de mil pares. Una especie de Steamhammer/Groundhogs en mezcla de duro downer rock con el primer Genesis de "Trespass". Reconozco que era algo de lo más personal. El siguiente disco se grabó en 1975, pero no salió hasta el 77. Mala fecha para éstas músicas. "Stalin...

GENTLE GIANT - In A Glass House (1973, Vertigo/WWA Records)

El grupo británico Simon Dupree & The Big Sound, que paría maridajes entre la psicodelia y el r&b, verá la emancipación de su núcleo fundamental cuando los hermanos Shulman conformen Gentle Giant, un nuevo estilo de proceder en el estirón del rock progresivo. De 1970 a 1973 publican cinco LPs, cinco discos de estudio considerados como picos de corona dentro de la carrera del combo, al igual que final de su inspiración. No fue así, pues tras tanta matrícula de honor musical aún quedarían álbumes como The Power And The Glory (74), Free Hand (75) e Interview (76), ediciones que mantenían la inteligencia y unas ocurrencias sonoras tan características como las ya aparecidas en anteriores marcas. 


Sin embargo, In A Glass House fue un giro de timón, un replanteamiento vista la salida de Philip Shulman, quedando Raymond y Derek en el puesto de mando. El ruido de cristales rotos que presentan los primeros segundos de reproducción, tornando en su evolución a un ritmo de suspiro mecánico, avisa que todo es nuevo, y a la postre nada cambia. “The Runaway” con sus guiños sincopados que tienden a la estructura renacida cada paso de nota, acompañados del baterista John Weathers que ilusiona pegada tras otra, se las arregla para no echar de menos aquel saxo que hasta hacía un año tendía una mano en las digestiones. 

“An Inmates Lullaby” les queda experimental, llena de laberintos, mientras “Way Of Life”, “Experience” y “Reunion” maceran de lo medieval a lo medianamente barroco para, en el caso de la primera del trío, cargar la bala de cañón en un artilugio de art pop frenético y de bajo funk. La canción que titula el vinilo es la más acorde con el paso de Octopus a esta definitiva manera de no irse por las ramas tras la deserción de Phil, logrando así continuar con su promesa de cambio y de oleadas rejuvenecedoras para los oídos sinfónicos. 


El por entonces quinteto se adapta a la falta de esa sexta pieza, destacando un Derek Shulman que no reniega de su saxofón alto, al menos para pincelar algún recuerdo a los desarrollos calculados por su hermano, y un Ray que sigue tan a gusto doblándose cual violinista excéntrico y bajista titánico.
por Sergio Guillén
 








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