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THE FLOWER KINGS - Flower Power (1999)

Acabando el siglo XX la banda de Roine Stolt se “había venido arriba” de tal manera que repetiría la fórmula monstruosa de otro CD doble llenando casi al límite la capacidad de tiempo de un compacto. En los tiempos presentes con la revitalización del vinilo hablaríamos de un posible cuádruple LP. No ha sido realizado que yo sepa, pero menudo caramelo sería para los adictos vinílicos. 



Al final de la década de los 90´s toda la crítica prog del momento auparon a los altares a la banda sueca en términos que solo emplearían los romanos de la antigüedad hablando de sus dioses. Aquello fue tremendo y por un momento parecían eclipsar al resto de mortales mellotrónicos sinfonoides.  No esperaban semejante respuesta de los fans progresivos y evidentemente la vanidad sonora se hizo palpable en su cuarto trabajo “Flower Power” donde todo exceso fue poco. Recuerdo que hasta los más afines del grupo dijimos “se han pasado cuatro pueblos”. 

La primera brutalidad es la pieza “The Garden Of Dreams” y dura exactamente 59´57 minutos interminables. Una canción progresiva de una hora ya es rizar el rizo. Bueno esta subdividida en 18 departamentos ininterrumpidos, con mil y un vericuetos y la música como no, está tocada de maravilla, pero permitidme una opinión personal sobre esto: cuando un compositor quiere hacer una sinfonía o una super suite sinfónica de la muerte, lo primero que tiene que plantear es una disciplina de organización y un sentido compositivo. Si os digo la verdad este jardín de los sueños es más un jardín paranoico de productos vegetales de mil colores, sabores y formas. Si metes en una licuadora 40 bandas progresivas famosas, lo trituras todo bien y te sale un zumo concentrado es el resultado de este disco floripondio. Soportar una audición ininterrumpida de “Flower Power” es un ejercicio de fe y paciencia litúrgica que va más allá de lo sensato. Si le buscas un sentido a la composición solo encontrarás un puzzle tremendo, una falta de aire absoluta y un agotamiento sonoro que necesita al final cuidados paliativos. Eso sí, no hay tiempo para el aburrimiento pero sí para la esquizofrenia y pesadez sonora. Esta fórmula la desarrollarían a lo grande la super banda Transatlantic más con el fin de impresionar técnicamente al oyente que de perfilar una música prog con sentido. La desmesura no es buena. Puede apabullar al neófito sinfónico que acabe de descubrir las bondades y espectacularidad del estilo, pero no al veterano sinfónico curtido en mil batallas. Todo es tan grandioso como híbrido superficial y ese es el problema. Es curioso que acusaban de exceso a las antiguas bandas progresivas, pero ellos no hicieron nunca un corta - pega como producto de marqueting para impresionar. 

Las composiciones tenían un desarrollo, una melodía, un sentido y un orden independientemente de su complejidad y por supuesto eran originales. Pero la complejidad vacua y vacía no dice absolutamente nada. Como no dice nada el típico guitarrista ultra técnico que recorre el mástil a mil por hora en un derroche de notas. No quiero decir con esto que “Flower Power” no entusiasme en bastantes momentos porque la calidad técnica de los músicos está por encima de toda duda y desde luego vas a encontrar bonitas melodías y encantadores pasajes instrumentales con todas las influencias habidas y por haber desde lo más pastoral a lo más hard pasando por espectaculares teclados, ritmos complejos, ramalazos madre zappa, crimsonadas, yeses, génesis, hippilandias, space rock, fusión, vanguardias, marcianadas y pirotecnia circense. Todo bien agitado y metido en vena hasta el colapso. 


En el segundo disco hay más concreción, son temas separados con una estructura más definida y con más lógica en la composición. Encuentro algo más de dureza rock que en anteriores discos y también ecos psych. La música está algo sobrecargada y ya avecina los caminos que seguirá el prog moderno en el siguiente siglo. Los eventuales respiros del órgano y partes ambientales de Bodin restan la adrenalítica estela que va dejando la escucha de este disco. En definitiva, demasiada sobrecarga de ideas, demasiadas prisas por grabar y demasiado estrés. Terminas la audición de este doble álbum completamente agotado y aturdido. Mi sensación es como que intentan recuperar todos los años de sequía progresiva vomitándolo todo a la vez. Ante todo es preferible mucha calma. Podían haber desarrollado las ideas de este disco con más contención, analizando cada pasaje para darle un sentido y un equilibrio que lo necesita. Las prisas nunca son buenas o ese principio minimalista de menos es más. Es preferible una pared completamente blanca que abarrotada de cuadros y chismes colgados inservibles. Incluso muchas veces el silencio absoluto.
Alberto Torró









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