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CRÓNICAS DE LA RESISTENCIA: Øresund Space Collective - Live in Berlin 2018

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 Este ha sido un capricho porque me salgo de mi línea habitual de progresismos sinfónicos y aunque hay algunas bandas de este estilo que me parecen divertidas y locas lo cierto es que al final siempre chocan conmigo por la cantidad de “desbarre” y minutos de relleno de música improvisada muchas veces aburrida y sin sentido.  Improvisar tocando y dar en el clavo en momentos excepcionales solo sucede en escasos minutos de inspiración o acierto. El resto salvo que vayas colocado hasta las cejas y te de absolutamente igual un pedo flatulento o un sintetizador perdido intentando buscar la tonalidad que se sé te ha ido de las manos (casi siempre) puede ser un coñazo insoportable o un aburrimiento mortal para el sufrido oyente. Yo entiendo que como músico uno se “venga arriba” en la desinhibición absoluta. Todos lo hemos hecho alguna vez, pero también hay que aclarar que el que está abajo entre el público no tiene ninguna culpa ni obligación de soportarte y aguantar tus gracietas y o...

QUIET EARTH: Dragons and Butterflies (2018)

Dragones y mariposas es un título cursi sin duda y tampoco refleja, aunque lo intenta, una dicotomía siempre recurrente entre la definición del bien y el mal. En realidad, nunca han existido esos dos conceptos salvo en las mentes bienintencionadas e idealistas. Conforme el mundo avanza vemos que el concepto del bien parece un chiste retorcido. En todo el transcurso de la historia intento recordar un acto de bondad por parte del ser humano y encuentro que es una hazaña imposible. Cada día que me levanto de un plácido sueño veo el mismo sumidero de mierda en las noticias del planeta que va a más y sin frenos. Yo creo que por eso inventamos el humor en todas sus facetas: negro, absurdo, sarcástico, tonto, burlón etc.



De todas las actividades evasivas que realizamos tanto la música y los músicos representan el mayor de los logros positivos. La menor de las torpezas. Lo que denominamos arte, solo es un deseo de escapar del mundo real. En la mayoría casos es un mundo imaginario, inventado, edulcorado. En otros es la representación realista y trágica de nuestra condición. Siempre he defendido que la música debe ser un mundo gentil y agradable, aunque absolutamente y necesariamente falso en el lado de la invención y la fantasía. La música es a veces nuestra única salvación mental siempre y cuando no se vaya al terreno del horror y la violencia. Casi todo el mundo que escucha rock progresivo, folk o música clásica entenderá perfectamente lo que quiero decir. En otros estilos no puedo decir lo mismo.



Quiet Earth es un sexteto alemán que al parecer hicieron sus pinitos en 1980 aprovechando que la música se iba al traste y que se debían reivindicar aquellos irrepetibles 70´s. No salió bien la cosa. Esta situación es bastante familiar en muchos músicos que luchan contracorriente. Cosas del azar consiguieron reunirse ya mayorcitos a juzgar por las fotos y grabaron este “Dragons and Butterflies” en 2018. No ha habido continuación así que imagino que era cuestión de sacarse la espinita por grabar un álbum de rock progresivo completamente atemporal. Siete temas, cinco de ellos largos hacia los 10-12 mtos componen esta grabación conceptual con buen despliegue de instrumentos. Te pueden sonar tanto a los Floyd y aledaños de la época, como al neo prog de Marillions y Pendragones. La temática es la previsible del género. Épica, luchas, bichos medievales y cierta cinematografía. Hay momentos entretenidos y una guitarra a lo Gilmour- Latimer que ofrece momentos melódicos. Las voces quizás demasiado oscuras, forzadas y dramatizadas. Personalmente siempre prefiero lo instrumental a lo cantado salvo que el front-man o acompañantes se salgan de la media y ofrezcan alta calidad vocal, cosa de la que pocas bandas progresivas pueden presumir.

Alberto Torró

 


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