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LA ESCENA DE CANTERBURY 2 (Soft Machine)

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 1970 sería el año clave y probablemente el más imaginativo dentro de la historia de la música. Tuve la suerte de crecer con ello y vivirlo. Con 16 años todo era música, sorpresas y experiencias nuevas. La adolescencia marca los gustos mucho más de lo que creemos, porque es el recuerdo de las puertas que se abren y el pico ilusionante de la sensibilidad y la emoción en todos los aspectos. Son los últimos atisbos de la inocencia y la ingenuidad. La mente asimila todo sin filtro con entusiasmo. Las primeras hostias serias de la vida están todavía por llegar y no van a tardar para empezar a alegrarnos la existencia. En definitiva, la creatividad y el gusto de ésa época va a marcarnos de por vida.  Sin embargo y como ya os comenté en la semana anterior, la música creada en ese año no llegaría a España hasta pasado un tiempo y solo algunas cosas. Recuerdo un doble LP que se editó en 1971, precisamente con el escueto título “Rock 71”. La horrible portada de ese vinilo abierto la ocu...

Bateristas en la sombra XVIII: Juan Ángel Sanchez

 Warlock podrían ser considerados como el primer grupo español de Hard Rock con estética e influencia satánica y ocultista. Su germen, Necrophagus, oscuro grupo surgió en Madrid en 1974 con Victor al frente quien estaba altamente influenciado por bandas como Black Sabbath, Lucifer’s Friend o Hawkwind y con un sonido que hoy sería considerado como Proto Doom.



Durante su corta existencia que abarcó desde 1977 a 1979, Warlock fueron teloneros de la Ian Gillan Band en el Teatro Monumental de Madrid en 1979. También participaron en numerosos festivales y compartieron escenario con grupos y artistas de la época como Burning, Cai, Teddy Bautista & Canarios, Azahar, John Martyn, Eduardo Bort, etc. No obstante la historia de Warlock y el rescate de sus ensayos mediante el sello Guerssen forma parte de las reseñas discográficas de esta misma página Web. 



El singular baterista Juan Ángel Sánchez se identificaba con el culto al satanismo en un nivel digno de ser consultado, pero su dislocada quijotera no era cuanto menos un obstáculo para sostener a pleno pulso escabrosos medios tempos rítmicos, para los que se requiere precisar de agilidad matemática y relajación. Juan Ángel no poseía el kit de batería más destacado en gama de Madrid, pero lograba hacer sonar hasta un cojín sintiendo predilección por el riesgo expansivo en el ritualismo tímbrico y su constante expansión en el abordaje de aventuras rítmicas de procedencia británica, sin la necesidad inclusive de ser conocedor de la existencia de los Warlock de Detroit. 



Juan Ángel Sánchez era intuición y pura energía orgánica en su concepto y aplicación de la más compleja sencillez para un estilo musical que requiere de una interpretación tan tensa como sosegada. Sin llegar a poseer una técnica depurada por el filtro de la disciplina, Juan Ángel era preciso, resolutivo y sabio entendedor de que las carencias y limitaciones de recursos no interfieren en la práctica del coloquio de estilos en los que ser musical comulga perfectamente con insignificantes acotaciones técnicas. Además, Juan Ángel era aplicado y su evolución como baterista tuvo un sobresaliente y saludable progreso entre los años 1975 y 1979. Y un baterista que no esté más abollado del cráneo que la cantimplora de un vietnamita, por mucha formación y sacrificio que haya desempeñado en su aprendizaje y evolución, nunca logrará ser un buen músico. Juan Ángel supo cómo hacer relucir la mugre y como conseguir anestesiar fantasmas con un solo un compás. 

Luis Arnaldo Álvarez (Baterista  y Locutor profesional independiente








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