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Santiago - Walking the Voodoo Nights (1978 / EMI Electrola)

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 Unos chilenos en la Alemania 70s, codeándose con la creme del kraut autóctono? Se llamaban Santiago, por aquello de no olvidar sus raíces.  Su base de operaciones estaba en Colonia y publican su primer álbum,  "New Guitar" (1974 / Basf), con producción y mecenazgo nada menos que de Dieter Dierks. Y con invitados tan legendarios como Ringo Funk (Atlantis, Frumpy, Jeronimo,  Karthago) o Rainer Marz (Wyoming, Atlantis, Jeronimo,  Supermax, Schoenherz, Epsilon). Nada mal.  Con una fuerte querencia vocal en armonías Laurel Canyon / CSNY que hace del disco, del todo recomendable. Graban otro que no llega a salir, pero me figuro que será ese posterior "Lost Tapes" que circula ahora por ahí.   Y después de algunos cambios en la formación, fichan con toda una EMI para el excelente "Walking the Voodoo Nights" de 1978. Mantienen la banda los fundadores Tato Gómez (bajo, voz, ex-Embrujo) y Mario Argandoña (batería, voz). Entran John Parsons (guitarra solista...

Bateristas en la sombra XVIII: Juan Ángel Sanchez

 Warlock podrían ser considerados como el primer grupo español de Hard Rock con estética e influencia satánica y ocultista. Su germen, Necrophagus, oscuro grupo surgió en Madrid en 1974 con Victor al frente quien estaba altamente influenciado por bandas como Black Sabbath, Lucifer’s Friend o Hawkwind y con un sonido que hoy sería considerado como Proto Doom.



Durante su corta existencia que abarcó desde 1977 a 1979, Warlock fueron teloneros de la Ian Gillan Band en el Teatro Monumental de Madrid en 1979. También participaron en numerosos festivales y compartieron escenario con grupos y artistas de la época como Burning, Cai, Teddy Bautista & Canarios, Azahar, John Martyn, Eduardo Bort, etc. No obstante la historia de Warlock y el rescate de sus ensayos mediante el sello Guerssen forma parte de las reseñas discográficas de esta misma página Web. 



El singular baterista Juan Ángel Sánchez se identificaba con el culto al satanismo en un nivel digno de ser consultado, pero su dislocada quijotera no era cuanto menos un obstáculo para sostener a pleno pulso escabrosos medios tempos rítmicos, para los que se requiere precisar de agilidad matemática y relajación. Juan Ángel no poseía el kit de batería más destacado en gama de Madrid, pero lograba hacer sonar hasta un cojín sintiendo predilección por el riesgo expansivo en el ritualismo tímbrico y su constante expansión en el abordaje de aventuras rítmicas de procedencia británica, sin la necesidad inclusive de ser conocedor de la existencia de los Warlock de Detroit. 



Juan Ángel Sánchez era intuición y pura energía orgánica en su concepto y aplicación de la más compleja sencillez para un estilo musical que requiere de una interpretación tan tensa como sosegada. Sin llegar a poseer una técnica depurada por el filtro de la disciplina, Juan Ángel era preciso, resolutivo y sabio entendedor de que las carencias y limitaciones de recursos no interfieren en la práctica del coloquio de estilos en los que ser musical comulga perfectamente con insignificantes acotaciones técnicas. Además, Juan Ángel era aplicado y su evolución como baterista tuvo un sobresaliente y saludable progreso entre los años 1975 y 1979. Y un baterista que no esté más abollado del cráneo que la cantimplora de un vietnamita, por mucha formación y sacrificio que haya desempeñado en su aprendizaje y evolución, nunca logrará ser un buen músico. Juan Ángel supo cómo hacer relucir la mugre y como conseguir anestesiar fantasmas con un solo un compás. 

Luis Arnaldo Álvarez (Baterista  y Locutor profesional independiente








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