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STEVE EARLE - I’ll Never Get Out Of This World Alive (2011, New West Records)

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 I’ll Never Get Out Of This World Alive podría considerarse el mazazo definitivo de lo que un anterior martillazo de Train A Comin’ significó. Las raíces pedían su valor pretérito, su base incuestionable, al igual que ciertos reflejos del folclore irlandés. Entre baladas y hermanamientos con el último Tom Waits, Steve va haciendo este último camino planteado.   Esto se podría traducir en un corazón que firma sobre la línea de la entrega, pero cojeando ahora en el campo de la rabia rápida y cruda a la que no temió cuando cantaba “Snake Oil”. La producción de T-Bone Burnett marca demasiado, aunque la resolución de recuperar “God Is God” y “I’m A Wanderer”, piezas que pergeñó para Joan Baez, es uno de sus grandes aciertos en este 2011. Una senda para analizar ese cerrojo que concluye con la vida del ser humano. «Son todas, de una manera u otra, piezas sobre la mortalidad; la muerte como misterio en lugar de como signo de puntuación», ha asegurado recientemente el propio Earle sobre este m

Txomin Artola – Belar Hostoak (1978/ Xoxoa)

 Recuerdo a los poperos new wave enamorados de la moda juvenil en los primeros 80 y lo que ellos llamaban "pop fresquito". Nunca supe qué era eso. Y hoy la ciudad arde. Así que echaré mano del "prog fresquito", que eso sí sé lo que es. O al menos lo que para mí simboliza. La cohesión aplastante y lógica del prog folk vasco de los 70. 



Tuvo su ramificación "cantautor", y entrecomillo porque en su mayoría,  ofrecían mucho más que lloros y protestas con cuatro acordes de una acústica de quinta mano, sobre una silla de madera. Como Benito Lertxundi, Iñaki Eizmendi, Urko y unos cuantos más.  A mí siempre me ha dado por equipararlos a los Roy Harper, John Martyn, Nick Drake, Michael Chapman y demás británicos  Que a base de folk avanzado, indagaban en la amplia jungla creativa psico-progresiva. Txomin Artola  era otro de aquellos destacados. Tras empaparse de aquel ambiente británico de primera mano, regresa y forma en Haizea. Histórica banda del gremio basque prog. 

Debutó en solitario en 1975 con "Olaxta". Y en el 78 continuó con "Belar Hostoak". Álbum que recogía la rica poesía de Walt Whitman y la trasladaba al universo introspectivo de Artola. Con un impresionante adorno musical del propio cantante (y acústicas + flauta).  Junto a Jean Phocas (bajo), Beñat Amorena (batería), Mixel Ducan (guitarra eléctrica) y Robert Suhas (piano y órgano). Inevitable situarse en parajes de frondoso y húmedo verdor (que tanto echo en falta ahora mismo), y que acompañan bucólicas poesías de bella escritura y no menos fantasiosa música. "Abereen Artean" (6'10) nos introduce en la mágica Euskadi con flauta y remanso acústico, que huele a mitología pagana, amor y muerte. Delicadeza filosófica trabajada con sumo cuidado, tratando de elevar la belleza a una forma de vida como único modo de aguantarla. La banda ya entra de pleno en "Ez Naiz ezpazioa" (4'35) con la deliciosa voz de Artola y un cierto aire al primer Al Stewart "pre-Cat". Su toque a la acústica  es de solista consumado,  para nada el cantautor al uso. Sólida rítmica y fondos de sinte de cuerdas (puede que del mismo órgano), colorean con calidez. La melancolía obligada del estilo viene con "Aintziva eta Leku" (4'00), con suave dueto en arropo de acústica y Fender Rhodes, casi de aire medieval  por su aporte en flauta. Otra delicia.

"Baserriko ate Zabalak" (4'20) posee un aire Brassens, que me trae al recuerdo a mi paisano Joaquín Carbonell, maestro que fue en esos menesteres. Con cierto aire ragtime en acústicas y ritmo arrastrado de escobillas,  mientras la eléctrica fuerza tímidamente West Coast vibraciones. Los hippies se van de zuritos. 

Damos la vuelta al Xoxoa-artefacto. "Lur osoaren erasoak"  (4'08) es otro bálsamo psicológico.  Puede que su letra cuente todo lo contrario, (el euskera no es lo mío), pero a mí me transmite paz y quietud como si de un James Taylor de Pasajes hablasemos. Ahora será Neil Young quizá,  para la extensa "Arrastirian hondartzan" (9'09), y una fuzz guitar que aporta nervio y reivindicación. Además de armónica y forjado en rock band de sólido mimbre y explícito desarrollo. Mixel Ducan reluce con su electricidad de seis cuerdas, abandonando sutilezas campestres. Es un excelente tema que toma por igual dosis psych & prog.

Vuelve el prado para "Hator esan zidan" (3'47), de pastoral nostalgia y todo un fuerte en el modo de expresión de Txomin. Algo que definía por sí sólo el prog folk vasco.



Finalmente  "Gogoeta hauek" (2'10) nos traslada con grabaciones de campo, ganado pastando y flauta de la tierra al mismo centro de éstas músicas. Spoken word recitado por Artola despide un álbum delicado y con clase, que simboliza todo un estilo. "Ttakun Ttakun" (1979) pondrá el fin de la década. Que no tendrá seguimiento hasta "Orbela", en los mediados 80. Claramente otros tiempos. Guerssen reeditó "Belar Hostoak" en 2002. Siempre hay gente con buen gusto.

J.J. IGLESIAS


 

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