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TONY KAYE - End of Innocence (2021/ Spirit of Unicorn)

 Uno de los dos únicos miembros originales de Yes en activo. A sus 75 años pone en marcha su primer álbum en solitario. Y lo hace como obra conceptual sobre el "atentado" (ejem), al World Trade Center de 2001. Veinte años han pasado. Estaba yo en la pelu, arreglándome las puntas. Nunca más volví. En realidad, también es el transcurso de un amor. De Kaye y su esposa Dani Torchia, a la que conoció una semana después del terrible incidente. Parece que acomete el espinoso tema desde la versión oficial. Ninguna sorpresa. Hubiera preferido algún planteamiento cuestionado, algo más valiente, pero lo políticamente correcto manda desde siempre en el seno de Yes y derivados. 



Tanto Daniela Torchia (voz), como el batería Jay Schellen (actual guardaespaldas de Alan White), aparecen en el disco. Portada magnífica y sorprendente de Roger Dean. Con cierto regusto a sus texturas viejunas irrepetibles. En los primeros momentos de "Twinkle Twinkle Little Star" / "Twilight Time" ya se ofrecen recuerdos afirmativos, por la voz de Torchia. Si bien no se prodiga demasiado, siendo un álbum en que lo instrumental predomina. Puede que con éste álbum se borre de una vez por todas,  ése falso cliché que dice de Tony Kaye que "es sólo un organista". Hace años que espabiló y abrazó la tecnología de síntesis.  Desde su segunda vuelta a Yes en los primeros 80. Ahí están proyectos más actuales como Yoso o Circa para comprobarlo. Aunque su Hammond sea su amor real, inolvidable en bandas como Flash, Badger, Detective o Badfinger. Por supuesto, en los primeros Yes dejó huella indeleble e histórica. 

En "911 Overture" la música transcurre bajo una calma orquestal tensa y solemne, en un estilo de banda sonora que compitiría con el propio Trevor Rabin. Por cierto, se agradece la no inclusión del omnipresente Billy Sherwood. Su sonido hubiera aflorado de un modo u otro, vulgarizando el resultado. Y que tenga una banda llamada World Trade,  no procede en éste caso! Un blues algo desquiciado es "NYC Blues". El primer corte largo viene con "Battle Cry" (7'08), y ya se vislumbra la acción terrorista al modo de un soundtrack. Música explícita y descriptiva,  con aromas árabes, pero sin renunciar a la prog-teclistica. Que me recuerda bastante  a las historias narradas a golpe de teclados, por Patrick Moraz.  Hasta con algún escape de piano jazz, y guiño al "Close to the Edge". Su amado Hammond entra perfectamente en escena. Y aporta ése toque vintage tan necesario en el sonido de Kaye. En cambio el midi se adueña  de "285 Fulton Street", con emulaciones de guitarra y saxo, (recordar a Vangelis se hace inevitable). Tiene un aire más moderno y urbanita. Dominada por Grand Piano, "Let's Roll" (6'32) capta esencia Wakeman en el tipo de composición.  Y no se maneja mal Kaye en éste jardín. Algo de exploración de síntesis,  de matiz dramático,  es bienvenido . Muy bien calculada. 

Mas oscuros pensamientos en la breve "Tug of War", de explícito sinfonismo Yes. El musculoso kit de Jay Schellen cobra vida para recrear el "Flight 11", bajo aires arábigos y tensión de texturas descriptivas necesarias. De nuevo el Hammond tiene un papel definido. Y no sobra. La siguiente es "Towers Fall". Con su título lo dice todo. Aunque en mi visión, yo le hubiera dado una sacudida violenta y cacofónica. Kaye opta por solemnizar el momento, a lo Vangelis. Tiempo de un poco de paz, con "Sweetest Dreams", en la agradable voz de Dani Torchia, y un clima muy Jon Anderson en solitario. Para "Aftermath" vuelve el sinfonismo tenso. "Heroes" es un homenaje en clave elegíaco, lleno de cuerdas y sentimiento solemne. Imagino que "The Battle" (11'23) se refiere ya a la respuesta de EEUU, a modo de tormenta bélica,  (justo lo que buscaban, vaya). Sonidos de helicópteros,  disparos e infierno de la guerra, bajo música sintetizada que desemboca en excelentes arranques de Hammond. Su desarrollo tiene chispas melódicas  de notable acierto. Kaye no es un virtuoso, aunque sabe atrapar la atención del oyente con su experiencia y buenas artes al teclado.

Las finales "Hope and Triumph" / "Homecoming" /"Ground Zero" son previsibles en su supuesto "final feliz", algo patriotero e incómodo.  El balance es un disco entretenido, nada del otro mundo, pero con algunos buenos momentos. Se deja escuchar. Y para la edad de nuestro hombre, es ya todo un logro. Sobre todo viendo lo que hacen el resto de la Yes family actualmente.

J.J. IGLESIAS









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