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MARCO MENDOZA - Casa Mendoza (2010, Mascot Records)

 Glenn Hughes, una vez se desvinculó de bandas con renombre, ya fuese la formación de culto Trapeze o los reconocidos a nivel mundial Deep Purple, decidió que su estilo cual solista no distaría en excesivos metros del funk que ya le subyugaba en los años setenta. Así, poco a poco, y entre escapada para colaborar con Tony Iommi en unos Black Sabbath reinventados o carrerilla para poner cuerdas vocales al servicio de amigos y conocidos, Hughes conjugó el verbo tocar con disciplinas como el r&b, el rock, el blues o el hard, aunque siempre con ese deje funky que no abandonaría el fondo de sus grabaciones en larga duración. Marco Mendoza, también bajista y cantante, tiene casi sin saberlo un lazo de unión que le ata a ese Hughes solista. Como Glenn, Marco ha sido miembro de formaciones importantes –Blue Murder, Thin Lizzy o Whitesnake–, aunque él siempre desde la posición del mercenario contratado para solventar la cita de un bolo o una gira más o menos extensa.



Casa Mendoza, la propuesta como líder de un combo que firma con su nombre, es una vez más el nexo que se podría esperar entre ambos artistas. Tal vez Mendoza no llegue a las tesituras de ese ex Deep Purple que mientras punteaba las cuatro cuerdas de su instrumento conseguía unos registros altísimos –en el caso de Marco, sus chillidos emotivos de soul tienen más que ver con el desparpajo del tremendo Terence Trent D'Arvy–, pero sí es cierto que este natural de San Diego (California) toma todos los referentes del portento british... aunque sea para meterlos todos dentro de cada una de las canciones. La batidora la pone a funcionar en cada tema y estos alardes parecen requerir, a su entender, cambios en el tempo y estructuras con forma de montaña rusa. 



En la escucha de tanteo lo que priman son sus tres versiones, ante todo la del “Living For The City” de Stevie “Talentoso” Wonder y la de ese “Suzy Q” escrito por el tridente Hawkins, Lewis y Broadwater. Aquí parece que cada giro, que cada curva, que cada nuevo enfoque tiene cual meta el desfigurar la montura original para llevarla a un terreno extremo en mezcolanzas, una tierra perdida en la que el jazz puede tirotearse con el funk o con los arreglos virtuosos a guitarra de esputo materializado en metal. En definitiva, pastos en los que apetece quedarse a vivir con los ojos como platos –y los pabellones auditivos ídem–. Luego, y siguiendo el camino en segundas y terceras pasadas, la cosa toma cierta coherencia en su totalidad, aunque siempre hay aciertos y errores. Lo importante es que esta locura es suya, única y exclusivamente; nada de paralelismos con los grupos en los que se ha tenido que emplear haciendo suplencias por un puñado de dólares. Esto es Marco Mendoza al cien por cien, y siempre es bueno independizarse a tiempo.

por Sergio Guillén

sguillenbarrantes.wordpress.com











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