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ATMOSPHERES featuring CLIVE STEVENS & FRIENDS - Voyage to Uranus (1974 / Capitol)

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 En 1973, el saxofonista Clive Stevens reunió un dream-team sólo posible para poseedores de artes místicas propias del Dr. Strange. Era el boom del jazz rock. Y atrapar en pleno cénit de la Mahavishnu Orchestra, a su sección rítmica, fue una hazaña imposible para un mortal normal. Sí,  me estoy refiriendo a Billy Cobham y Rick Laird. Por si fuera poco, se trajo (con artes hipnóticas,  no cabe duda), a tres prodigios del mástil: John Abercrombie, Steve Khan y Ralph Towner. Bien es cierto que éste último se dedicó al teclado. Rol no tan conocido en él, pero de efectividad garantizada. Aquel homónimo álbum, como no podía ser de otro modo, resultó ser un disco apocalíptico. De hecho siempre se menciona éste,  cuando el siguiente estuvo a la altura, si no incluso fue más completo. Mantener aquella banda no podía durar mucho. Al año siguiente, sólo John Abercrombie (guitarra) y Ralph Towner (piano eléctrico,  clavinet, 12 string guitar), quedarán del anterior equipo d...

EL PROGRESIVO DEL SIGLO XXI - 5: Proud Peasant (USA)

 USA siempre será el jazz afroamericano que es la base fundamental de la música moderna y también de sus extraordinarios compositores clásicos de principios-mediados siglo XX. La música clásica norteamericana tenía la ventaja del jazz y la espectacularidad rítmica. Léanse Aaron Copland, George Gershwin, Samuel Barber, George Antheil, Paul Creston, Leonard Bernstein, Walter Piston, Howard Hanson, Duke Ellington. y un larguísimo etc que aburrirá a la mayoría y pido disculpas. El país “de la libertad y oportunidades” y de “cantando bajo la lluvia” en la actualidad no pasa por su mejor momento precisamente. Los europeos tampoco y el resto del mundo casi mejor no hablar. Reconozco que a mi edad ya me resulta difícil separar lo que es el mundo del ocio y la cultura con la actual desastrosa situación histórica y política del planeta. De momento no podemos construir una nave de salvación que nos saque de este despropósito así que no queda otra que aislarse en islas imaginarias al margen de la tormenta o “apagar definitivamente la luz” dejando ese dilema filosófico en el aire.



Reconozco que en cuanto a bandas de progresivo provenientes de América siempre he sido algo reacio e indiferente. Frank Zappa es la excepción, sin que se le pueda clasificar en progresivo, porque él en sí mismo ya fue un estilo y un rara avis en el mundo de la música. El de Baltimore me ayudó mucho a escuchar música compleja e inteligente, aunque muchos de los músicos contratados en sus filas que lo tuvieron que aguantar no lo pasaron nada bien. Pero esa es otra historia. 

Esta visión particular hacia el progresivo USA posiblemente sea por una imagen estereotipada y prejuicios por mi parte hacia ese tipo de vida y sus peculiaridades. Como europeo aburrido y tranquilo que soy y que raramente sale de su zona de confort realmente prefiero la vagancia al mindfulness neoliberal y también pasar desapercibido y relajado inmerso en el onanismo ilustrado porque veo con horror, el “way of life” y la velocidad cotidiana muy alejado de mis gustos. El mundanal ruido.

Quizás sea un tópico, lo más seguro, pero imagino enormes camiones, ruidosas motos, calurosas autopistas, tipos duros y violentos entre rudos y peligrosos paisajes. Mucho alcohol y sustancias. Gente que solo piensa en trabajar y acumular pasta y una forma terriblemente materialista y superficial de vivir que solo ayudan al estrés y la ansiedad. 

Vivir al límite. El ratón corriendo en la rueda. Nada interesante para un jubilado escéptico en todo que lo único que le preocupa en realidad es que el dolor muscular y las articulaciones no estén dando por el culo día sí y al otro también. Envejecer es algo maravilloso.

Pero como la música es de las pocas cosas que ha hecho relativamente bien el ser humano, me centraré hacia lo único que me interesa. Puede parecer un contraste curioso que muchos de los compositores que antes he mencionado y viniendo de una sociedad tan agresiva supieran expresar en música esos enormes paisajes Apalaches con sus ríos y montañas de manera magistral y por eso mismo reconozco que hay unas cuantas bandas hoy que me tienen enganchado y además siento sana envidia cuando a veces por you tube veo tocar a estudiantes jovencísimos de la Berkley School Of Music norteamericana y me dejan asombrado haciendo covers de bandas prog o sinfónicas con un nivel y delicadeza increíbles.

Para encontrar bandas como esta hay que rebuscar mucho y la mayor parte de las veces dependes de la casualidad. La ventaja de estar  apartado del mundanal ruido es que dispones de tiempo y la contrapartida es que conforme envejeces vas perdiendo interés por la mayoría de las cosas. Incluso las que antaño te gustaban.

Proud Peasant son un quinteto de Austin, Texas, que hacen un tipo de progresivo muy alejado de los estereotipos de la música norteamericana. Una rareza hacer una música así en esa parte del mundo y más teniendo una influencia musical completamente europea y clásica en el sentido del término. En sus tres trabajos hasta la fecha puedes comprobar una forma bastante original y caprichosa de hacer una especie de symphonic rock con todos los ingredientes necesarios. Complejidad, melodías, cambios constantes y además prácticamente todo instrumental, aunque a veces emplean voces en los arreglos con un variado y amplio empleo de instrumentos de todo tipo. La música transcurre entre paisajes descriptivos, viajes imaginarios y un delicado gusto por la forma en la composición. Si buscas los típicos fuegos artificiales y la potencia directa para impresionar al personal es posible que te aburras. Si solo quieres escuchar buena música bien realizada y sin aspavientos bienvenido seas.



“Flight” su primer trabajo y con tan solo tres largos temas relativamente relajados se grabó en 2014. “Peasantsongs” de 2021 es un avance considerable pero muy cortito en duración: 31 mtos de música, un EP prácticamente en la misma línea. Sorprende una versión live del “Red” crimsoniano. La lista de invitados es casi una orquesta de cámara y la música contiene más ímpetu y fuerza que el anterior, más guitarra eléctrica y fuerza rítmica, pero sin perder la esencia. La variedad de instrumentos empleados consigue un efecto de música envolvente y muy atractiva entre bucolismos con instrumentos de viento y cuerda acústicos que contrastan con alguna arrancada rock esporádica. Como dos visiones opuestas y complementarias al mismo tiempo. Lástima que el disco sea tan breve. En 2023 aparece “Communion”, último hasta la fecha. En la misma línea, pero evidentemente más maduro, complejo y movido y quizás más del “prog” que ya nos resulta familiar al oído y menos “campestre” que los dos anteriores. Los intrincados 19 mtos de “The Fall” complacerá a los adictos a vericuetos y cambios. Un giro casi completo con sus primeras grabaciones. Por primera vez aparece una ocasional voz solista. Bonitas portadas que no molestan a la vista. 

Alberto Torró



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