The Day The Earth Stood Still (1951) soundtrack

 Tras haber pasado una jornada de Sábado en grata compañía con la visita de un noble y viejo amigo, el día ha traído consigo largos debates a cerca de la adquisición de teclados análogos, digitales... Polifónicos... Versátiles... Productivos y jugosos con sus inevitables comparaciones a través del amplio expositor de demos hallado en la extensa red, ha habido tiempo inclusive para recordar el film   Ultimátum A La Tierra. La referencia que excelencia en el año 1951 asentaba las bases del cine de ciencia ficción. Pero además de la importancia que Ultimátum a la tierra tuvo en la historia del cine en general, y del estadounidense en particular, contó con un valor agregado en la banda sonora, ambientación que corrió a cargo del prestigioso Bernard Herrmann, que fue llamado personalmente por el director Robert Wise quien lo conocía desde los tiempos de Ciudadano Kane en el año 1941. Wise había sido el responsable de montaje de Orson Welles y Herrmann había compuesto la música del mítico clásico, obteniendo un éxito impactante.



Para fundar el nuevo género había que inventar un sonido enfocado a sustituir la tradición musical sinfónica de Hollywood. Herrmann enfiló su trabajo hacia esa búsqueda y, como primera medida, descartó utilizar los repetitivos clichés del cine de terror, decantándose hacia una orquestación basada en la creación de sonidos electrónicos en sustitución de la sección tradicional de cuerdas, aunque no renegó de la utilización de otros instrumentos de orquesta clásica, es decir, cuatro pianos y cuatro arpas, más una sección completa de vientos que incluía cuatro tubas, sumada a otra gran sección de percusión con címbalos y tam-tam. A esta división le sumó violines y contrabajos eléctricos, dos órganos Hammond, un órgano eléctrico de estudio, tres vibráfonos, dos glockenspiels, y el instrumento que se convirtió en la estrella de la partitura, el Theremín.



Este artefacto electrónico desarrollado en los años veinte por el científico ruso León Theremin fue sin duda, un verdadero acierto de Herrmann, dado que le insufló personalidad a la banda sonora y creó una sonoridad que sería imitada hasta el hartazgo en posteriores películas del género, junto a instrumentos electrónicos fusionados con orquestaciones sinfónicas. Herman J. Stein utilizaría estos recursos en su partitura para las bandas sonoras de Llegó del más allá del año 1953, y posteriormente, el matrimonio de compositores Louis y Bebe Barron experimentarían los límites de la electrónica en;  Planeta Prohibido de 1956, pero ninguno llegaría a destacar sobre el trabajo de Herrmann, dotado de gran calidad, absolutamente innovador y pionero en su estilo, ni siquiera su colega Dimitri Tiomkin lo lograría ese mismo año 1951 con su partitura para El enigma de otro mundo, en la que también utilizó el Theremin. Se puede decir que Herrmann fue el creador del sonido del espacio y los extraterrestres.

El tratamiento musical que Herrmann imprimió a esta banda sonora centrado en reflejar una sonoridad que no pudiera ser identificada con nada del planeta Tierra, un sonido inhumano y distanciado que resulto ser un contrapunto efectivo entre lo alienígena y la civilización occidental. Para ello fue fundamental el Theremin (en realidad empleó dos, ejecutados por los especialistas Samuel Hoffman y Paul Shure), pero a su vez el uso de instrumentos perfectamente reconocibles que fueron ejecutados mediante una inusual orquestación de registros convencionales, como la sección más grave de los pianos, trasladando la violencia a la percusión y la frialdad a los metales.

El reto de Herrmann era caracterizar a un hombre de otro mundo y la música debía reflejar una sensación no terrestre sin tener que recurrir a sencillos trucos. El resultado tuvo éxito y ciertamente predijo las formas en el lunes guaje del uso y aplicación que se harían con la música electrónica. El compositor de la gran Manzana busco un equilibrio entre la orquesta convencional, compuesta por piano, arpas, metal…con una amplia sección que incluía dos theremins, un violín, contrabajo y una guitarra electrónicos. No había instrumentos de viento de madera.



 Cualquier innovación trae aparejada la duda y la desconfianza. Los métodos de un sistema probado con éxitos de gran magnitud no podían cuestionarse. Es de imaginar la sorpresa que se llevaría el director musical del estudio, el gran Alfred Newman, y los ejecutivos, cuando Herrmann les presentó el requerimiento para formar una orquesta con instrumentos tan inusuales. Sin embargo, los temores ante el peligro se vieron aliviados rápidamente cuando escucharon la extraordinaria música que el neoyorquino había engendrado. Enseguida se dieron cuenta de que había encontrado la sonoridad precisa para la película. Las oscilaciones del Theremin, con su distorsión electrónica, transmitía una sensación de estar en presencia de una entidad extraterrestre, un sonido no convencional, ajeno, espacial, extraño, que provocaba con sutil facilidad un temor a lo desconocido, una atmósfera melódica hostil, y se alejaba del lirismo tradicional y del propio estilo que el compositor había cultivado en su carrera.

El propio Robert Wise reconoció que le había sorprendido la música de Herrmann, quien tardó casi cinco semanas en componer y grabar la banda sonora de Ultimátum a la tierra (fue compuesta entre el 25 de junio y el 28 de julio, y grabada en agosto de 1951), de hecho su trabajo incluyó la supervisión personal en la confección de muchos de los efectos sonoros del film, como por ejemplo, el novedoso sonido del rayo con el que el autómata Gort desintegra las armas de los soldados en la escena inicial, y los que acompañan las secuencias de la paralización de la Tierra junto con los cortes de electricidad en el mundo.

En la grabación se utilizaron técnicas inusuales de sobregrabación y de inversión de cintas para crear el efecto alienígena. Y pese a que en esa época aún no existía el sonido estereofónico, la 20th Fox fue pionera en una técnica multipista que permitió a los ingenieros de grabación trabajar en el balance de la pista musical monoaural resultante. La mayoría de los temas se registraron en dos canales, y si Bernard Herrmann quería que ciertos instrumentos tuviesen más presencia (como por ejemplo los theremins), se microfoneaban por separado para, ser grabados en otra pista óptica. Más tarde el ingeniero de sonido de la remezcla establecería el mejor balance, en acuerdo con Herrmann. Todas las pistas que incluían los theremins se grababan en tres canales (dos para la orquesta y uno para los theremins).



La partitura original de Ultimátum a la tierra, que consta de 56 páginas, se encuentra actualmente en la Universidad de California, en Santa Barbara, en el tercer piso de la Biblioteca Davidson que alberga el Archivo Bernard Herrmann. Una versión en microfilm de la partitura escrita también está disponible allí (abierta al público con fines de investigación). Otro microfilm se encuentra en la División de Música de la Biblioteca del Congreso en Washington, D.C., entidad en la que también se halla preservada la película, considerada “cultural, histórica y estéticamente significativa”.

20th Century Fox reutilizó más tarde el main title de Herrmann en el episodio piloto original de Perdidos en el espacio (Lost in Space), la serie de TV de 1965 de Irwin Allen. Danny Elfman señaló que la partitura de The Day the Earth Stood Still inspiró su interés en la composición de música de películas, y lo hizo fan de Herrmann.



Tras la banda sonora de Ultimátum a la tierra de Bernard Herrmann, ya nada sería igual en la música del cine de ciencia ficción.

Luis Arnaldo Álvarez (Baterista  y Locutor profesional independiente)


 
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