Entrada destacada

All Traps On Earth – A Drop Of Light (2018 / AMS)

Imagen
Pocas bandas han dejado un legado tan inmenso, con tan poco material de estudio, como Änglagård. Su " Hybris " fue quizá, el mayor responsable del Renacimiento Prog de los 90. Y si no fue el único, fue también "Epilog", su segundo.  Todavía colea esa herencia, por fortuna. Y en 2018 vino directamente  de miembros de la legendaria banda sueca. Johan Brand lo ideó todo. Al Mellotron M400 como protagonista , Moogs, órganos, Fender Rhodes, Clavinet, bajo Rickenbaker,  guitarras, voz, percusión y toda la música escrita, arreglada y producida por él mismo.  Y Thomas Johnson, teclista supremo , también de Änglagård.  Erik Hammarström como espectacular batería.  Y Miranda Brand, hija de Johan, como cantante espectral de etérea voz, como un instrumento decisivo más.  Son invitados más músicos a las flautas, clarinetes, saxos y demás vientos. Además de la injustamente poco reconocida guitarra de Phil Mercy, miembro de los británicos Thieves' Kitchen. Así pues, t...

EDGAR WINTER – Jazzin’ The Blues (2004, Steamhammer / SPV)

 R&b, funk, jazz, swing... Parece que Edgar Winter con este Jazzin’ The Blues no nos quería privar de nada en 2004. Y es que así regresaba, tras su inspiradísimo Winter Blues de 1999, un Edgar completamente rejuvenecido, fresco de ideas pero sin querer separarse de la música que le ayudó a crecer como melómano. Unos ritmos, sonidos, cadencias que este instrumentistas sabe interpretar de forma inigualable, situándolo todo un escalón por encima de algunos movimientos revival que poco han conseguido en su campo.



Jazzin’ The Blues es el rincón perfecto para perderse, para dejarse llevar por la imaginación y sentirse en pleno recital en un club de Nueva Orleans. Y es que Winter no sólo tiene un toque único, ya que guarda el poso que dejan los años, algo que aporta a su música esa carga emotiva y sentimental que enseguida cala en el oyente. “Jazzin’ The Blues”, “God Did It” o “Brother Luke” se mueven entre el r&b más desarrollado o el jazz que inspirara en los ochenta a Chick Corea para montar su proyecto Elektric Band. 

Por otro lado, y sin separarnos del hilo conductor, también tenemos buenas muestras de funk relajado (“Hunk O’da Funk”) o de fusión latina (“Here’s 2 Guitars”). Así hasta cubrir una escalera de once tonadas, cuyos dos últimos escalones son las extensas “Keys To Kingdom” y una revisión jazzy a la british de su tremendo “Frankestein” (“Frankenstein (Frankie Swings)”), ambas juegos preciosistas con los soberbios desarrollos instrumentales que sólo la mente de Edgar podía parir.



Un disco sin peros, sin escusas, una obra de gran calidad que no tardará en ganarse adeptos a golpe de sensaciones sonoras. Un músico que no se escapa ante las nuevas modas para subirse a carros prefabricados. Edgar Winter ya lo hizo con delicias como Not A Kid Anymore, The Real Deal o el ya nombrado Winter Blues, y en 2004 regresaba dispuesto a repetir una hazaña que en un artista como él parece sencilla, un reto que sólo consiste en hacer buena música –que no es poco–.

por Sergio Guillén

sguillenbarrantes.wordpress.com











                     Notasi te gusta el artículo compártelo (Facebook, Twitter, g+, etc) pulsando en                                                                                      
que está al final del artículo, de esta forma contribuirás a la continuidad del blog. Gracias






Comentarios