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CRÓNICAS DE LA RESISTENCIA: Big Big Train - Summer Shall Not Fade Live at Loreley 2022

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 Mi relación con esta banda británica estuvo llena de prejuicios sin duda injustificados por mi parte y también - debo reconocerlo - por pereza absoluta en cuanto a prestarles la debida atención. Algo debió pasar probablemente. Alguna escucha fugaz que me sonó al irritante Phil Collins. Previsibles estructuras del neo prog de la tercera generación de los 90´s-2000´s. A ciencia cierta no lo sé. Tampoco el nombre de la banda me era atractivo y además el hecho de meter sección de viento en músicas de sinfonismo rock siempre me ha producido cierto repelús y por supuesto la saturación de escuchar músicas aburridas que no te llevan a ningún sitio. Los ingredientes para un maniático como yo no eran los apropiados, pero tengo que decir que uno sabe rectificar. No hay nada más estúpido en esta vida que creerse en poseedor de la verdad o considerar un camino correcto en algo. Conforme uno avanza en conocimiento en esta vida sin sentido, cuanto más sabes más fácil es darte cuenta de que en re...

EDGAR WINTER – Jazzin’ The Blues (2004, Steamhammer / SPV)

 R&b, funk, jazz, swing... Parece que Edgar Winter con este Jazzin’ The Blues no nos quería privar de nada en 2004. Y es que así regresaba, tras su inspiradísimo Winter Blues de 1999, un Edgar completamente rejuvenecido, fresco de ideas pero sin querer separarse de la música que le ayudó a crecer como melómano. Unos ritmos, sonidos, cadencias que este instrumentistas sabe interpretar de forma inigualable, situándolo todo un escalón por encima de algunos movimientos revival que poco han conseguido en su campo.



Jazzin’ The Blues es el rincón perfecto para perderse, para dejarse llevar por la imaginación y sentirse en pleno recital en un club de Nueva Orleans. Y es que Winter no sólo tiene un toque único, ya que guarda el poso que dejan los años, algo que aporta a su música esa carga emotiva y sentimental que enseguida cala en el oyente. “Jazzin’ The Blues”, “God Did It” o “Brother Luke” se mueven entre el r&b más desarrollado o el jazz que inspirara en los ochenta a Chick Corea para montar su proyecto Elektric Band. 

Por otro lado, y sin separarnos del hilo conductor, también tenemos buenas muestras de funk relajado (“Hunk O’da Funk”) o de fusión latina (“Here’s 2 Guitars”). Así hasta cubrir una escalera de once tonadas, cuyos dos últimos escalones son las extensas “Keys To Kingdom” y una revisión jazzy a la british de su tremendo “Frankestein” (“Frankenstein (Frankie Swings)”), ambas juegos preciosistas con los soberbios desarrollos instrumentales que sólo la mente de Edgar podía parir.



Un disco sin peros, sin escusas, una obra de gran calidad que no tardará en ganarse adeptos a golpe de sensaciones sonoras. Un músico que no se escapa ante las nuevas modas para subirse a carros prefabricados. Edgar Winter ya lo hizo con delicias como Not A Kid Anymore, The Real Deal o el ya nombrado Winter Blues, y en 2004 regresaba dispuesto a repetir una hazaña que en un artista como él parece sencilla, un reto que sólo consiste en hacer buena música –que no es poco–.

por Sergio Guillén

sguillenbarrantes.wordpress.com











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