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Sweetbottom – SweetBottom (1977 / SB)

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 De cómo una banda perdida en el midwest, allá en Milwaukee, va a dar un músico mundialmente famoso. Porque el azar es fundamental, así como la suerte, sin que el ser un talento tenga mucho que ver en un principio. Luego evidentemente, ayuda. En 1973, en plena fiebre jazz rock, dos hermanos van a poner en marcha Sweetbottom. Ellos eran Daryl y Duane Stuermer. Guitarrista excepcional el primero, bajista a la par el segundo. Parece ser que en uno de sus bolos apareció George Duke, allá por 1975, en plan ojeador de fichajes. Alucinó con Daryl y se lo chivó a su amigo Jean-Luc Ponty, que andaba buscando un mástil de ésas características.  Luego vendrían Genesis, y lo demás ya es historia........ Espera un momento. Esto prueba que Genesis estaban por entonces muy interesados en el jazz rock. Y no sólo,  que también,  por el spin off de Phil Collins con Brand X.  Baterías como Bill Bruford o Chester Thompson ya habían sido fichados para la banda. Y que luego fuera Stu...

EDGAR WINTER – Jazzin’ The Blues (2004, Steamhammer / SPV)

 R&b, funk, jazz, swing... Parece que Edgar Winter con este Jazzin’ The Blues no nos quería privar de nada en 2004. Y es que así regresaba, tras su inspiradísimo Winter Blues de 1999, un Edgar completamente rejuvenecido, fresco de ideas pero sin querer separarse de la música que le ayudó a crecer como melómano. Unos ritmos, sonidos, cadencias que este instrumentistas sabe interpretar de forma inigualable, situándolo todo un escalón por encima de algunos movimientos revival que poco han conseguido en su campo.



Jazzin’ The Blues es el rincón perfecto para perderse, para dejarse llevar por la imaginación y sentirse en pleno recital en un club de Nueva Orleans. Y es que Winter no sólo tiene un toque único, ya que guarda el poso que dejan los años, algo que aporta a su música esa carga emotiva y sentimental que enseguida cala en el oyente. “Jazzin’ The Blues”, “God Did It” o “Brother Luke” se mueven entre el r&b más desarrollado o el jazz que inspirara en los ochenta a Chick Corea para montar su proyecto Elektric Band. 

Por otro lado, y sin separarnos del hilo conductor, también tenemos buenas muestras de funk relajado (“Hunk O’da Funk”) o de fusión latina (“Here’s 2 Guitars”). Así hasta cubrir una escalera de once tonadas, cuyos dos últimos escalones son las extensas “Keys To Kingdom” y una revisión jazzy a la british de su tremendo “Frankestein” (“Frankenstein (Frankie Swings)”), ambas juegos preciosistas con los soberbios desarrollos instrumentales que sólo la mente de Edgar podía parir.



Un disco sin peros, sin escusas, una obra de gran calidad que no tardará en ganarse adeptos a golpe de sensaciones sonoras. Un músico que no se escapa ante las nuevas modas para subirse a carros prefabricados. Edgar Winter ya lo hizo con delicias como Not A Kid Anymore, The Real Deal o el ya nombrado Winter Blues, y en 2004 regresaba dispuesto a repetir una hazaña que en un artista como él parece sencilla, un reto que sólo consiste en hacer buena música –que no es poco–.

por Sergio Guillén

sguillenbarrantes.wordpress.com











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