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Lurrie Bell – The Blues Caravan Live At Pit Inn (1983)

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 Todos conocemos la historia (o leyenda) de Robert Johnson, quien vendió su alma al diablo en un cruce de caminos (crossroads). Lurrie Bell quiso romper ese mito con su disco The Devil Ain't Got No Music («El diablo no tiene música»). Para él, el blues es puramente espiritual y celestial.   Lurrie Bell nació en 1958 en Chicago, Illinois. Es hijo del legendario armonicista de blues Carey Bell. Creció viendo a Muddy Waters, Eddie Taylor y Sunnyland Slim ensayar en su propia casa. Con seis años comenzó a tocar la guitarra y a los ocho se trasladó a vivir a Misisipi con sus abuelos. A los 17 años volvió a Chicago y formó Sons of the Blues junto a Billy Branch y Freddy Dixon (hijo de Willie Dixon). Durante la década de los 80 cayó en severas adicciones y problemas de salud mental que lo llevaron a vivir en la indigencia. En 1989 publicó su primer disco, Everybody Wants To Win. En los 90 resurgió de sus cenizas lanzando Mercurial Son (1995). De su amplia discografía, de casi una vei...

EDGAR WINTER – Jazzin’ The Blues (2004, Steamhammer / SPV)

 R&b, funk, jazz, swing... Parece que Edgar Winter con este Jazzin’ The Blues no nos quería privar de nada en 2004. Y es que así regresaba, tras su inspiradísimo Winter Blues de 1999, un Edgar completamente rejuvenecido, fresco de ideas pero sin querer separarse de la música que le ayudó a crecer como melómano. Unos ritmos, sonidos, cadencias que este instrumentistas sabe interpretar de forma inigualable, situándolo todo un escalón por encima de algunos movimientos revival que poco han conseguido en su campo.



Jazzin’ The Blues es el rincón perfecto para perderse, para dejarse llevar por la imaginación y sentirse en pleno recital en un club de Nueva Orleans. Y es que Winter no sólo tiene un toque único, ya que guarda el poso que dejan los años, algo que aporta a su música esa carga emotiva y sentimental que enseguida cala en el oyente. “Jazzin’ The Blues”, “God Did It” o “Brother Luke” se mueven entre el r&b más desarrollado o el jazz que inspirara en los ochenta a Chick Corea para montar su proyecto Elektric Band. 

Por otro lado, y sin separarnos del hilo conductor, también tenemos buenas muestras de funk relajado (“Hunk O’da Funk”) o de fusión latina (“Here’s 2 Guitars”). Así hasta cubrir una escalera de once tonadas, cuyos dos últimos escalones son las extensas “Keys To Kingdom” y una revisión jazzy a la british de su tremendo “Frankestein” (“Frankenstein (Frankie Swings)”), ambas juegos preciosistas con los soberbios desarrollos instrumentales que sólo la mente de Edgar podía parir.



Un disco sin peros, sin escusas, una obra de gran calidad que no tardará en ganarse adeptos a golpe de sensaciones sonoras. Un músico que no se escapa ante las nuevas modas para subirse a carros prefabricados. Edgar Winter ya lo hizo con delicias como Not A Kid Anymore, The Real Deal o el ya nombrado Winter Blues, y en 2004 regresaba dispuesto a repetir una hazaña que en un artista como él parece sencilla, un reto que sólo consiste en hacer buena música –que no es poco–.

por Sergio Guillén

sguillenbarrantes.wordpress.com











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