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Big Gilson With Bruce Ewan & The Solid Senders – Live At The Blue Note (2000)

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El rey del blues, B. B. King, tuvo la oportunidad de ver a nuestro protagonista de hoy, Big Gilson, y declaró lo siguiente: " Cuando veo a un joven tocando blues tan bien y tan lejos de Estados Unidos, siento que mi misión en la vida se ha cumplido ". Con estas referencias, merece toda la atención de Rockliquias. Big Gilson (Gilson Szrajbman) nació en 1959 en Río de Janeiro, Brasil. Su vocación blusera le llegó al escuchar a Johnny Winter. Durante algún tiempo estuvo vendiendo revistas para comprarse su primera guitarra, una Giannini con cuerdas de nailon. Le cambió las cuerdas por unas de acero, de tal forma que dobló un poco el mástil y la guitarra adquirió una acción (altura de cuerdas) descabelladamente alta, lo que solo sirvió para endurecer las manos de Gilson. Con 15 años ya lo tenemos aprendiendo a tocar de forma autodidacta. En los 70, en Brasil, el blues era prácticamente inexistente, por lo cual formó varios grupos de rock. Durante su juventud, y tras contraer matr...

EDGAR WINTER – Jazzin’ The Blues (2004, Steamhammer / SPV)

 R&b, funk, jazz, swing... Parece que Edgar Winter con este Jazzin’ The Blues no nos quería privar de nada en 2004. Y es que así regresaba, tras su inspiradísimo Winter Blues de 1999, un Edgar completamente rejuvenecido, fresco de ideas pero sin querer separarse de la música que le ayudó a crecer como melómano. Unos ritmos, sonidos, cadencias que este instrumentistas sabe interpretar de forma inigualable, situándolo todo un escalón por encima de algunos movimientos revival que poco han conseguido en su campo.



Jazzin’ The Blues es el rincón perfecto para perderse, para dejarse llevar por la imaginación y sentirse en pleno recital en un club de Nueva Orleans. Y es que Winter no sólo tiene un toque único, ya que guarda el poso que dejan los años, algo que aporta a su música esa carga emotiva y sentimental que enseguida cala en el oyente. “Jazzin’ The Blues”, “God Did It” o “Brother Luke” se mueven entre el r&b más desarrollado o el jazz que inspirara en los ochenta a Chick Corea para montar su proyecto Elektric Band. 

Por otro lado, y sin separarnos del hilo conductor, también tenemos buenas muestras de funk relajado (“Hunk O’da Funk”) o de fusión latina (“Here’s 2 Guitars”). Así hasta cubrir una escalera de once tonadas, cuyos dos últimos escalones son las extensas “Keys To Kingdom” y una revisión jazzy a la british de su tremendo “Frankestein” (“Frankenstein (Frankie Swings)”), ambas juegos preciosistas con los soberbios desarrollos instrumentales que sólo la mente de Edgar podía parir.



Un disco sin peros, sin escusas, una obra de gran calidad que no tardará en ganarse adeptos a golpe de sensaciones sonoras. Un músico que no se escapa ante las nuevas modas para subirse a carros prefabricados. Edgar Winter ya lo hizo con delicias como Not A Kid Anymore, The Real Deal o el ya nombrado Winter Blues, y en 2004 regresaba dispuesto a repetir una hazaña que en un artista como él parece sencilla, un reto que sólo consiste en hacer buena música –que no es poco–.

por Sergio Guillén

sguillenbarrantes.wordpress.com











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