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Vía Láctea – Vía Láctea (1982 / Momia)

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 Sobre 1980, se ponían en marcha dos proyectos paralelos entre pesos pesados del mexican prog, Carlos Alvarado y Jorge Reyes. El primero fue Chac Mool, de raíz más progresivo-psicodélica. El segundo, vehículo creativo de Alvarado, fue Vía Láctea. Totalmente inmerso e influido por el kosmische germánico. Único álbum,  de estela legendaria, por cuanto era la primera vez que en México se tanteaba ése género (que yo sepa). En realidad la cosa ya venía de más atrás,  con anteriores cintas autoeditadas de forma marginal. Que verían luego la luz en el box-set triple, "Recordings 1977 - 1982". Y culminó en éste álbum de prensaje privado, muy respetado, en el propio sello de Carlos Alvarado, Momia Records. Para su creación,  fue indispensable un buen arsenal electrónico al uso:  Orquestador Crumar, ARP Odyssey, ARP Axxe, Moog MS20, Korg Vocoder, piano preparado, flauta y cintas. Fue grabado en 8 canales ya en 1980. Era lógico esperar un artefacto de esta índole en tierra...

CHRIS DUARTE AND BLUESTONE CO. - 396 (2009, Provogue)

 Para 2009, The Savoy Truffle, la agrupación nipona de blues y southern rock, llevaba un tiempo funcionando como Bluestone Company. Ellos, extraños adalides del rock rural yanqui en la Tierra del Sol Naciente, conforman uno de los nombres más seguros en cuanto a música del terruño se refiere. Toshihiro Sumitomo era en ese momento, para muchas revistas especializadas en las seis cuerdas, el clon japonés del personal Warren Haynes. Con esto y un buen fajo de álbumes sobresalientes editados desde 1998, The Savoy Truffle sufre un cambio de chaqueta en nombre, que no en intenciones.



Chris Duarte recibe con los brazos abiertos a una banda que no sólo lo acompaña, igualmente trabaja codo con codo y aporta un cincuenta por ciento. 369 incluye tanto temas compuestos por la agrupación como por el músico tejano, al tiempo que algunos de los cortes se pergeñaron a pachas en esa comprensión que todos poseen dentro de la tradición estadounidense. 



La obra es fácil de resumir en tres vías bien delimitadas: blues rockerizado, funk rock y algo de manduca southern rock en la línea de Gov’t Mule. Sin embargo, este escueto tratado de entendimiento directo con el que catalogar el disco es mera pegatina, si lo que realmente se busca es toparse con la savia del robusto árbol. Duarte y sus nuevos compañeros ofrecen un talento tan desbordado que imposible resulta medirlo con adjetivos superfluos. Esculpen la simpleza de lo bien hecho en un estilo que seguramente no dará para muchos cambios experimentales, aunque sí para inagotables satisfacciones.



Un viaje por la Norteamérica del pasado, de cuando los trabajos discográficos se horneaban con cariño artesanal. Estos instrumentistas le ponen la pimienta de los últimos recursos y Mike Varney una producción a la altura de la casa Mascot. Es hora de enfundarse en los vaqueros desgastados, subirse a un imaginario 1965 Ford Mustang Fastback y apretar el acelerador.

por Sergio Guillén

sguillenbarrantes.wordpress.com










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