No todo en la llamada escena de Canterbury es simpático, agradable, melódico, interesante o entretenido porque en las músicas que quieren ser “diferentes, arriesgadas y únicas” siempre hay aspectos que yo denomino “hacerlo raro es inmune a la crítica” para atrapar al snob y conseguir una especie de “élite intelectual superior avanzada en el tiempo”. Dejad que me explique o al menos lo intente. No habéis oído alguna vez eso de “no sé si es una mierda o una obra maestra”. Pues todo arte de los últimos cien años se puede denominar así. Lo voy a poner más sencillo. Cuando en los años de la primera mitad del siglo XX se llegó a la conclusión de que los conservatorios y los estudios académicos determinasen la “libertad de formas” y que había que profundizar en el estudio de la música atonal, serial y aleatoria y sus caprichos electrónicos ya fuesen orgánicos o artificiales, de alguna forma hicimos algo bastante habitual en los humanos: complicar innecesariamente el orden natural d...
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MIHA KRALJ - Andrómeda (1980 / PGP - RTB)
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Un sintetista de la antigua Yugoslavia al que se le conoce con el incómodo sobrenombre de "el Jean-Michel Jarre yugoslavo", es nuestro invitado de hoy.
Miha Kralj fue uno de los pioneros en éstas lides en su país, en contar con Mellotron, Hammond, PolyMoog o Roland Jupiter 8. Que en cualquier otra parte igual no sería relevante, pero en la Yugoslavia de los 70, sí. Ignoro cómo pudo hacerse con tan preciado (y caro) equipo, aunque no era un recién llegado. En los últimos 60 ya pululaba con su banda de improvisación Intervali, tocando por pubs.....los había?! Continúa del 69 al 72 con Dekameroni y del 75 al 80 con Prah.
Para su debut, "Andrómeda", ya estaba haciendo sus pinitos como productor y aborda encargos de teatro, ballet o documentales. Su primer disco puede definirse como electrónica que no deshecha una sana comercialidad (de ahí lo de Jean-Michel Jarre), mezclada a veces con raíces inherentes a su país. Esto es evidente en la inicial "Embrio" (5'49), que no deja de tener un encanto autóctono, con ciertos sonidos típicos del primer Jarre. Se diría, que estamos ante un álbum muy abierto de mente, que no se cierra dentro del espectro electrónico, a veces de elitista blindaje. Aquí se oyen corales, algún instrumento de cuerda que no me atrevo a llamar guitarra, (balalaika?), y ganas locas de ser reconocido a nivel mayoritario.
"Simfonija C Mol" (6'12) tiene un tratamiento sonoro con sabor a fría estepa, con coral al estilo "Coros y Danzas del Ejército de San Petersburgo", (inolvidable el coñazo que me tuve que tragar una vez a éste respecto), pero con vintage armatostes que lo hacen sonar interesante, sin caer en la parodia kitsch (aunque casi). De hecho es ése constante flirteo el que me atrae de "Andrómeda"!
Comienza bien "Apokalipsa" (6'19), de nostálgico fondo ambiental, pero Kralj se nos hace el moderno e incorpora una de aquellas horrendas cajas de ritmo que lo jodian todo y que hoy suenan a juguete de bazar chino. Signo de los tiempos, que no ha envejecido nada bien. Sin embargo el tema cuenta con una construcción jarreniana muy resultona, que nos hace olvidar la plomiza caja rítmica.
En el lado opuesto, "Andrómeda" (8'00) podría pasar por una estampa musical navideña, con sus inútiles luces iluminando la nevada ciudad de suelo mojado y resbaladizo.....y los zombies llenos de paquetes como manda el sistema por esas fechas. Venga del lado político de donde venga. Obligando a los infelices a pensar que son felices y qué suerte que tienen de poder comprarse cuatro mierdas que al mes siguiente ni recordarán. Siento irme del bolo de ésa manera, pero entre ésta música, y que estamos en vísperas de zombificación, me revuelvo como una cobra cuando la tocas con un palo. El tema, en su light condition, no está mal, conste. Otra cosa es lo que me sugiera a mí y la mala leche que me pone mi propia paranoia. De la que ustedes no tienen culpa alguna.
"Wizard" (5'16) demuestra una vez más la influencia que ejerce el francés sintetista en Miha Kralj, y éste la resuelve con ingenio, melodías para todos públicos (no hay nada malo en ello), y más "coros y danzas" mellotrón icas que entran bien al oído. No hay peligro de acidez de estómago, si acaso de empalague de electro-merengue, pero nada que no se escuche con curiosidad y cierta sonrisa socarrona. Finaliza la sesión "Pegaz" (6'28), con jolgorioso funk-disco electrónico que me lleva inevitablemente a Giorgio Moroder y sus prestidigitaciones sintetizadas. Otro del que pilla inspiración el yugoslavo para sus pseudo kitsch correrías. Algo que continuará en "Odyssey" (82) y "Electric Dreams" (85). Como con Moroder, la escucha se hace divertida, cuando no estás por la labor de oficiar misa electrónica excesivamente seria y necesitas algo más ligero y hasta canalla. Me encantan éste tipo de discos, no lo puedo remediar .......
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