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OBIYMY DOSCHU: “Elehia” (2009). “Son” (2017)

En esta ocasión nos vamos a la vecina Ukrania conscientes de que no se llevan muy bien con el vecino invasor y que fueron puteados por el estalinismo sin piedad. 


A Ukrania se la llamó el granero de Europa. Un país con unas riquezas naturales impresionantes y unas chicas preciosas que encandilan a los corazones blandos y a los sinfónicos naturalmente. No conozco a ningún sinfónico que no busque la idealización de la mujer imposible y por ello perder la razón. Peligroso veneno y tumba de todo romántico en todos los tiempos y en todas las épocas. La sensibilidad para la música va a la par que la enfermedad del amor. La perfecta enfermedad mental por excelencia. Ukrania fue también la cuna de mi venerado Sergei Prokofiev el único de los grandes compositores exiliados a occidente pero que incomprensiblemente volvió a la Rusia Soviética. Fue recibido primero con honores y héroe de la patria revolucionaria pero puteado y ninguneado por las autoridades soviéticas en muchas otras. A su primera mujer Lina Lluvera, la mandaron a Siberia por ser extranjera y ajena a los intereses del realismo socialista. Todo extranjero en la URSS estalinista era sospechoso de espionaje. Curiosamente ella le sobrevivió. Masoquismo eslavo. Imagino el cuerpo que se le quedo al querido Sergio por su genial idea de volver.

Obiymy Doschu otro nombre complicado de recordar y supongo que de pronunciar se fundaron en Kiev en 2006: Volodymyr Agafonkin vocals, acoustic guitar, Oleksiy Katruk electroguitar, Mykola Kryvonos bass guitar recorder, Serhiy Dumler drums percussion, Maria Kurbatova keyboards, Olena Nesterovska viola, Olexandra Vydrya violin y Hanna Kryvonos back vocals es decir un nutrido grupo de músicos. Volodymyr es el líder y compositor de la banda y voy a definirlos en sus propias palabras: “lo nuestro es música rock poética, sofisticada, pero increíblemente melódica con arreglos de cuerda y elementos de rock progresivo, neoclasicismo, neo folk y post rock” y algo que me encanta de ellos: “si crees que nuestra música tiene algún valor compártela con tus amigos”. Humildad, algo difícil de escuchar en palabras de músicos. Ya no es que su música tenga algún valor es que sencillamente es extraordinaria.


“Elehia” se grabó en 2009 con un maravilloso encarte y portada invernal. Preciosa fotografía y mejor música. Los textos y la voz están en ukraniano y con caracteres cirílicos pero gracias a la traducción que nos ofrecen las nuevas tecnologías se pueden reproducir los títulos. La primera sensación en la escucha es que el espíritu eslavo está muy acentuado y la música es emocionalmente muy intensa. La versión sinfónica progresiva desde el otro lado. La prominente guitarra acústica tocada con pasión y alma y ese neoclasicismo rock en absoluto siniestro o caótico, pero sí amargo lleno de vitalidad y fuerza. La música es hermosa y siempre triste. La tristeza lírica es algo inherente a las gentes del este. Gente habituada al sufrimiento histórico. 



La palabra griega “Logos” significaría pues el razonamiento de la lógica pero el “Pathos” hace referencia al sufrimiento humano que deviene de la experiencia. El llamado “Pathos” eslavo es la inmisericordia en el destino. Lo implacable. El dramatismo que imprimen puede acercarse estilísticamente al Crimson primigenio por esas densas capas de orquestación monolítica que los King conseguían tan solo con un mellotrón. Aquí la tela es más gruesa especialmente indicada para gente depresiva que odia la alegría y le gusta retozarse en el fango como éxtasis de placer y sufrimiento. 



Tardaron 8 años en grabar “Son” su segundo trabajo en 2017. Un largo programa de composiciones que se va a los 72 mtos. Otra portada esta vez más inquietante pero repleta de refinamiento estético y naturalmente el trabajo es incluso superior al interior. Música de abandono y desesperación al igual que el anterior, algo más agresivo por momentos, pero melódicamente atrayente y doloroso. Música para llegar al placer a través del sufrimiento y con más instrumentación empleada. Más calibre instrumental para ser exactos. Cierta épica siempre vista desde el ángulo de esos países del telón y del frío de las estepas que no siempre concuerda con la épica rimbombante europea. En Europa la épica es de celebración, grandilocuencia, honores o pompa. En otros es guerra, destrucción o desesperación del apocalypsis en paisajes desolados por reacción nuclear.


 La música de “Son” es tan hermosa como a veces devastadora. Apela a las profundidades del alma. A los dolores internos de la condición humana. Tampoco ofrece refugio, esperanza o alivio, pero extrae la belleza quizás allí donde no la hay. La voz del cantante es muy personal. El timbre es agradable pero dramático y las melodías son puramente autóctonas, cosa que veremos más adelante en otros grupos como Little Tragedies. La sensibilidad eslava es muy diferente a la nuestra. La tercera pieza “Razom” es cosa delicada y hermosa para esos corazones sinfónicos que buscan princesas ficticias e imaginarias. Qué bonito si fuese verdad… ahhh mierda de mundo falso y mentiroso. Cuanto daño nos hizo Disney en nuestra infancia.
Alberto Torró



Elehia


Son


Temas
01 (0:00) — Остання мить
02 (8:36) — Крила
03 (18:46) — Разом
04 (26:18) — Темна ріка
05 (37:27) — Назустріч тиші
06 (41:37) — Кімната
07 (46:50) — Інтерлюдія
08 (48:03) — Сон
09 (55:15) — Земле моя мила
10 (1:00:22) — Новий початок
11 (1:04:55) — Янгол





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