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BATERISTAS EN LA SOMBRA XLII: Cindy Blackman

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 En éstas últimas ediciones de bateristas en la sombra, hemos hecho un pequeño recorrido por las mujeres más simbólicas del Groove contemporáneo, y hoy, completamos en pequeño círculo con otra baterista que a pesar de ser la esposa de Carlos Santana y de poseer un palmarés dotado de reputación, no se escabulle del acecho de la sombra. En próximas entregas, iremos abordando a otros bateristas mucho menos populares que permanecen tanto en activo como fuera circuito, y que han dejado un legado imprescindible para el buen gusto y el criterio. No vamos a descubrir pólvoras humedecidas al hablar de Cindy Blackman Santana, de una baterista virtuosa cuyo arte abarca los ámbitos del Jazz y el Rock en calidad de líder de banda y como músico. Cindy es otra innovadora sonora que persiste en empujar los límites creativos y la exploración del movimiento y el cambio. Es conocida tanto por los matices y colores que aporta en sus notas y por los rellenos elegantes y concisos, y la potencia de su in...

Paidarion – Behind The Curtains (2011)

 Entre las contradicciones paranoicas del mundo musical actual encontramos una absoluta ceguera desnortada sin cauce ni línea a seguir. Hay tanto donde pescar en especies contaminadas por tantos estilos mutantes que resulta difícil encontrar algún pez que esté sano. Nada está sano ya hoy día y en el arte probablemente nunca lo estuvo. Ni en música, ni en cine, ni en literatura, ni en la pintura. La creación humana es en realidad una patología por el inconveniente de haber nacido. Sin embargo, en tiempos pasados las enfermedades creativas al menos eran originales, incluso a veces impactantes. Cierto es también que los inquietos y de cabeza algo complicada intentamos entretenernos al igual que los críos con juguetes nuevos y sensaciones estimulantes. El problema surge cuando los que hemos sido curiosos por naturaleza comprobamos que el mundo se ha estancado creativamente y el agua estancada acaba oliendo mal con demasiadas bacterias y putrefacción.



El actuar en modo “living in the past” es comprensible en los que por edad vamos contando el tiempo restante cada vez más escaso. Por eso es bastante práctico intentar no perder demasiado el tiempo. Estamos inmersos en un mundo cada vez más falso y cruel alentado por las redes sociales y por verdaderos monstruos que ejercen el poder. Cuanto más nos alejemos de este demencial presente mucho mejor.

De todos los estilos musicales, el rock progresivo junto con la música clásica son los más proclives a crear un mundo mental paralelo que permita amplitud y mantenga las neuronas. Por desgracia su desarrollo con las décadas ha avanzado más en la técnica cerebral y en la agresividad que en la composición emocional. Todo en detrimento del estilo. Por eso cuando ciertas bandas intentan ser lo más fieles posibles a composiciones con cierto brillo e interés tienden a mirar al pasado. La falta de ideas nuevas interesantes a la vez que emocionales son a día de hoy misión imposible y por esa misma razón las bandas de corte “vintage” son mayormente apreciadas por los oyentes veteranos.

Muchas bandas escandinavas de las últimas décadas han entendido esto y cuando hay que mirar al pasado para hacer algo decente la respuesta es que la música de hoy no va por buen camino o no sabe evolucionar en términos de calidad e imaginación. Reconozco que me cuesta escribir en el teclado los complicados nombres finlandeses. Como también reconozco su esfuerzo por hacer que la música sea algo mejor. Nuevamente voz femenina que se alterna con una masculina. Sonido caprichoso a veces fuerte otras delicado. Las influencias son diversas y poco previsibles con composiciones bien cimentadas de tiempos cruzados entre lo eléctrico, lo cinematográfico, lo jazzistico y lo acústico que le dan un especial carácter. La música está prácticamente orientada a escenas descriptivas en diez cortes que oscilan entre cuatro y diez minutos. Suenan a veces como una orquesta de cámara, a veces de jazz fusión, muy bien provista de instrumentación y con un estilo atemporal. Hay diez músicos en acción entre fijos e invitados. Nuevamente el término crossover sería aquí aplicable. Hay partes encantadoras de jazz vocal intimista y otras muy clasicistas dentro del prog sinfónico que están muy bien articuladas. Behind the Curtains es su segundo trabajo de los tres editados y su música es cuando menos interesante y muy agradable. Algo que hoy por hoy no abunda y es muy escaso.

Alberto Torró



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