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Sweetbottom – SweetBottom (1977 / SB)

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 De cómo una banda perdida en el midwest, allá en Milwaukee, va a dar un músico mundialmente famoso. Porque el azar es fundamental, así como la suerte, sin que el ser un talento tenga mucho que ver en un principio. Luego evidentemente, ayuda. En 1973, en plena fiebre jazz rock, dos hermanos van a poner en marcha Sweetbottom. Ellos eran Daryl y Duane Stuermer. Guitarrista excepcional el primero, bajista a la par el segundo. Parece ser que en uno de sus bolos apareció George Duke, allá por 1975, en plan ojeador de fichajes. Alucinó con Daryl y se lo chivó a su amigo Jean-Luc Ponty, que andaba buscando un mástil de ésas características.  Luego vendrían Genesis, y lo demás ya es historia........ Espera un momento. Esto prueba que Genesis estaban por entonces muy interesados en el jazz rock. Y no sólo,  que también,  por el spin off de Phil Collins con Brand X.  Baterías como Bill Bruford o Chester Thompson ya habían sido fichados para la banda. Y que luego fuera Stu...

TIBET - Tibet (1979)

 Tras un periodo de dispersión de la banda, con intentos abandonados por parte de su fundador de adentrarse en derroteros musicales muy alternativos, terminarían centrándose y grabando en una serie de 3 sesiones en 3 años, del 76 al 78, su único y homónimo álbum, todo un parto doloroso, que no serviría de mucho. 1979 es uno de los peores años para publicar sinfónico dentro de la vorágine que está surgiendo en la cultura rock, y además un sinfónico anclado en estructuras ya desfasadas que habían sido creadas años atrás. La poca acogida que tuvo fue suficiente para que el grupo no quisiera seguir adelante, una auténtica pena porque el disco contiene bastante calidad.


Se puede decir que son primos hermanos de ELOY, con una personalidad que se corresponde con todas aquellas aventuras que realizó una buena hornada de formaciones alemanas con la etiqueta de "Krautrock", pero con aspiraciones sinfónicas. Y es que además de compatriotas, el estilo de TIBET es calcado al de Bornemann y sus chicos, aunque menos espacial y olvidando el aspecto psicodélico.

Su inclinación es nítida, dominio absoluto de los teclados con variedad de instrumentos en acción que los acerca a paisajes de electrónica progresiva, de hecho son 2 los miembros que se ocupan. Superposición de capas que crean una amplia y densa textura rica e interesante donde el mellotrón tiene su espacio, un sonido directo, muy lineal, nada de complejidad, excesos o recargado y unas melodías muy reconocibles. Largos desarrollos que labran los temas conformando la sustancia del cuerpo principal, acordes prolongados en compases claros y limpios.

Música sin recovecos ni intentos de viajes a lugares poco explorados en busca de un sonido único e irrepetible, que les confiera una identidad específica. Armonías sencillas sin acordes extraños, tensos o atonales, donde la guitarra se ocupará más de participar en patrones de fondo que de un cierto protagonismo, funcionando muy sinfónica en concordancia con los teclados. El pulso y el tempo de las composiciones está guiado por un bajo que actúa con una similitud tremenda a lo escuchado en ELOY, marcado, en tensión y contundente, convertido en punto cardinal de origen.


En definitiva, un todo que nos ofrece dinamismo, efectos, vertiginosidad, atmósferas expansivas y momentos sublimes donde, yo creo, que destaca por encima de todas, "Eagles" que condensa todo lo dicho anteriormente.

Juan Carlos Rustarazo



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