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Biglietto Per L'Inferno - Live 1974 (2005)

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 El verdadero rock and roll es orgánico; la intensidad de una banda se mide en el escenario, en vivo, con músicos que lo dan todo para interactuar con el público a través de su música. La música debe ser simbiótica con todo este escenario, conspirando a su favor, siendo un vehículo de sinergia entre la banda y el público. Este fue el caso de la grabación de uno de los numerosos conciertos de Biglietto Per L'Inferno, a pesar de su corta vida, con su "Live 1974". La fuerza y ​​el poder sonoro de Biglietto Per L'Inferno son innegables, e incluso en su álbum de estudio homónimo, publicado ese mismo año, a pesar de las formalidades de una grabación en estudio, la banda ya había demostrado sus credenciales. Y esta fuerza provenía de sus, como ya se mencionó, intensas presentaciones en vivo, combinadas con el sonido hard rock y progresivo de la banda, revelando una combinación explosiva, inusual para la época, mediados de los 70, con bandas predominantemente sinfónicas, meló...

ANALOG SUNSHINE - The Mountain (2023 /AS)

 Que "la buena música es siempre buena música" empieza a ser un término relativo. Cuestionable. Si se produce fruto de IA (Inteligencia Artificial), es música engañosa. Música tramposa. Hecha a partir de datos HUMANOS previos, manipulados algorítmicamente. Fraude. Todo esto me viene a la mente cuando tengo que hablar de los norteamericanos Analog Sunshine.



Para empezar, prácticamente sin información.  Que un tal Tom Bolton lo hizo él sólo a partir de una convalecencia por accidente grave. Hay un batería que le ayuda, Glenn Welman, dicen. Esto puede rebajar la sospecha, de ser cierto. Las dudas más fuertes vienen cuando se asegura que cada tema viene acompañado por un trabajo visual hecho por Inteligencia Artificial.

Y quién no me dice a mí que la música también? Éste tipo de dudas llevan tiempo asaltándome.  Hasta el punto de que, de no tener plena seguridad de que sea música humana, hecha por el hombre,  me dedicaré a hablar de obras de anteriores décadas. O me pondré un tope temporal antes de la invención de la maldita cosa. Conste que el arte gráfico de éstos vídeos  es bonito, pero fácilmente discernible. O al menos yo lo distingo enseguida, cuando está hecho por IA. Tiene una estética particular para el inmediato agrado estético,  toda muy similar. Imagino que irá evolucionando. Pero en música,  la cosa se pone peliaguda. Démosle en éste caso la duda razonable a Analog Sunshine y su debut (que yo sepa), "The Mountain".

Producción privada USA de claros visos y aspiraciones floydianas.

"As the Miles Pass" (6'23) nos sitúa en los Floyd mid-70s, así como a alumnos aventajados alemanes como Eloy, Jane, Solar Project, los suizos Schizophonia o RPWL. Languidez vocal, floating organ, firmeza y gancho rítmico  y fina guitarra bluesy. Que olé por Tom Bolton y compañía si se lo curra él. "Crimson Plains" (5'16) sigue por ésos parajes desolados de surreal onirismo ideados por la Inteligencia Natural de Hipgnosis. Voz tratada con extraños filtros da un aspecto inquietante, casi de psicofonía. Los finales tienen un desconcertante acabado en brusco fader que no sé yo, Nick....

Ésa atmósfera de funeral cósmico persiste en "Broken" (5'27), con attrezzo kosmische en sintes y guitarra, cercano a Ash Ra Tempel. Space rock del siglo XXI con total herencia del XX y del que hacían en los 90 gentes como Krel, Mooch, Spacehead o Lands End.

"Between Two Worlds" (7'02) permanece en ése limbo stoned-heaven de magnética ingravidez y guitarra gilmouriana. Muy bien respondida por melodías sintetizadas de sello Rick Wright. Suena típico,  pero entra muy bien. Tal vez demasiado. Uno se va a los Eloy de "Ocean" cuando escucha "Life Goes On" (7'29), bien tocado y con el feeling adecuado. Head music bien resuelta, convincente, pero con clásicos clichés que puedes obviar y disfrutar, o criticar y censurar. Es buen space prog pero.......real? Ésa es la cuestión. Más ansiolítico Floyd tenemos en "Outcome Unknown" (5'30), impecablemente facturado. Demasiado perfecto? No en sus bruscos finales, insisto. Roger Waters firmaría algo tan depresivo como "In my Darkest Hour" (4'29) sin dudarlo mucho. Hasta el bajo obtiene aquí más preponderancia. En su oscuridad, es bonita. Vuelve el síndrome Frank Bornemann en "Downin New Orleans" (5'54) con voz femenina (o algo) al final, en plan "The Great Gig in the Sky". Cierra ésta sesión oculta y lunática "The Mountain" (6'38) en otro exponente "atributado" que suena como siempre, muy bien al oído. Demasiado. Esta será la primera y última vez que reseñe un disco nuevo sin garantías de estar hecho por músicos reales. Ustedes me disculparán, pero soy un defensor de la sinceridad y la honestidad. Y en arte, todavía más. 



No tengo ganas de convertirme en un enfermo paranoico.

J.J. IGLESIAS




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