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OLIVER WAKEMAN (Parte 1 de 2): Clive Nolan & Oliver Wakeman – The Hound Of The Baskervilles (2002 / Verglas)

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 No cabe duda de que la actual formación de Yes está gafada.  Tras varios intentos reguleros (o alejados del prog, más exactamente), llegan con "Aurora" y editan el mejor disco en tiempos......Que sin embargo, no va a ser el disco Yes del año, por culpa de "From a Page". El doble ahora expandido, con sobrantes de aquel "Fly from Here", tan injustamente tratado. Más en concreto, hacia su auténtico cantante Benoit David, y el hijo de Rick, Oliver Wakeman. Se diría que, sabedores de que "le deben un finiquito justo" y una satisfacción,  le hayan cedido derechos a Wakeman JR. Con producción a su cargo, ha sido editado paralelamente por Mercury/Universal (un hecho algo inverosímil), cuando los actuales Yes están en Sony/Inside Out.  Que las sobras de aquella efímera formación le den cien vueltas al actual (y mejor) disco de Yes en eones, ya dice mucho de todo el embrollo. La alineación actual es un error anti-natura que se empeñan en conservar.  Ni Ge...

Bateristas en la sombra XI:Gar Samuelson

 Para muchos Gar Samuelson sigue siendo el añorado pulso rítmico de Megadeth y Fatal Opera, en lo que a la práctica del Heavy Metal y sus diversos sucedáneos se refiere. Otros siguen inhalando al Samuelson que durante la década de los ochenta deambulaba por la escena del Jazz y la innovación convexa. El caso de los inolvidables The New Yorkers, cuyo pequeño periplo de actividad dejó una intensidad injustamente exenta de la ilustración discográfica, fue entre otros proyectos uno de los ejemplos de profusa vitalidad por los que transitaba el lenguaje baterístico de este neoyorquino fallecido en Julio del año 1999. Y a pesar de que su muerte se refleja en dos fechas en diversos puntos de la red habitados por sedes especializadas en tendencias sonoras.



 Samuelson falleció el veintidós de julio del mencionado año 1999 con tan solo 41 años de edad. Su prematura partida hacia esa otra dimensión no cogió por sorpresa ni a fieles ni a curiosos. La vida de Samuelson no solo transcurrió detrás de diversos kits de baterías de diversas configuraciones, fuera de su oficio eligió quemar su tiempo en el reloj de un Dios… El que sea, como el baterista de Dunkirk estimó oportuno vivirla. Gar Samuelson era íntimo amigo de deambular por esquinas forjadas por aceras de ancha comodidad, pero sin provocar el menor estrépito a la hora de caminar sobre el asfalto. Nunca le cedió rastro al olfato del morbo y su indomable impertinencia para alimentar el aburrimiento de los hijos de la desidia y de otros activistas histriónicos. Por lo tanto, treinta y dos años después de su muerte sigue siendo recordado como un baterista contundente y sempiterno yonki. Y entre algunos de sus ex compañeros de travesía sonora en tiempos de actividades pletóricas de creatividad, no predominan estas impresiones. El guitarrista Chris Poland por ejemplo, siempre mantuvo un profundo respeto por Samuelson como músico y en el ámbito personal. Ambos mantenían una férrea afinidad sonora en la que el Jazz Rock y su vertiente europea con especial hincapié en países como Gran Bretaña y Alemania les sirvió como nutriente elemental inclusive años antes de su experiencia conjunta en The New Yorkers. 



Gar Samuelson se embadurna de la esencia de figuras como Robert Wyatt, Andy Ward, Chester Thompson y de otros disciplinados bateristas contemporáneos militantes en otros subgéneros progresistas como Clive Burr entre una extensa lista. La predilección de Samuelson por las semicorcheas y el rol de seis notas, estuvo patente en sus diversas prácticas sonoras. Al igual que su exquisito gusto y consecuente respeto por las figuras negras y la sutileza de marcar los platos con la técnica de dedos, habitual en batistas de los que aprendió como el caso de Chester Thompson entre otros. Obviamente Samuelson poseía una técnica más que depurada y un concepto avanzado del Groove perfectamente aplicable al Jazz, al Metal y a lo que le echasen porque su lectura musical era precisamente la musicalidad y la interpretación por y para sí misma. Nació para ejecutar la batería sin prejuicios y para evolucionar con el instrumento a merced de la disciplina. 



Treinta y dos años después de su muerte y en pleno siglo XXI donde los excesos de la interpretación llaman al pecado, otros precursores de cuando esta acción era una práctica bendita, forman parte de un oscura habitación aromatizada por el incógnito bálsamo. 

Luis Arnaldo Álvarez (Baterista  y Locutor profesional independiente






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