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Lurrie Bell – The Blues Caravan Live At Pit Inn (1983)

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 Todos conocemos la historia (o leyenda) de Robert Johnson, quien vendió su alma al diablo en un cruce de caminos (crossroads). Lurrie Bell quiso romper ese mito con su disco The Devil Ain't Got No Music («El diablo no tiene música»). Para él, el blues es puramente espiritual y celestial.   Lurrie Bell nació en 1958 en Chicago, Illinois. Es hijo del legendario armonicista de blues Carey Bell. Creció viendo a Muddy Waters, Eddie Taylor y Sunnyland Slim ensayar en su propia casa. Con seis años comenzó a tocar la guitarra y a los ocho se trasladó a vivir a Misisipi con sus abuelos. A los 17 años volvió a Chicago y formó Sons of the Blues junto a Billy Branch y Freddy Dixon (hijo de Willie Dixon). Durante la década de los 80 cayó en severas adicciones y problemas de salud mental que lo llevaron a vivir en la indigencia. En 1989 publicó su primer disco, Everybody Wants To Win. En los 90 resurgió de sus cenizas lanzando Mercurial Son (1995). De su amplia discografía, de casi una vei...

ANTONY KALUGIN - Stellar Gardener (2021/Caerllysi)

 No todo van a ser chungueces y malos rollos desde Ucrania. El multiinstrumentista Antony Kalugin lleva alegrando la vida del proghead con tendencias sympho desde hace ya un buen puñado de años. Tanto con el alias Karfagen como Sunchild u Hoggwash, más de 50 grabaciones siempre interesantes corren a su cargo. Un fiera.



A su propio nombre firmaba en 2021 "Stellar Gardener". Tocando todo instrumento posible, voz, programación,  coordinación y arreglos. Tan sólo era ayudado por la angelical voz de fondo de Olha Rostovska. Y ésas preciosas portadas obra de Igor Sokolskiy, que atrapan al oyente de éste género al primer golpe de vista.

Dos macro-suites componen éste inmenso Tour de Force."Stellar" (20'04) y "Gardener" (20'53). Aunque se suman cuatro breves bonus tracks. Se diría que aunque el instrumental tocado es el standard de una banda rock, los teclados están aquí en un plano absolutamente protagonista. Kalugin domina los ritmos con soltura y fluidez, tanto percusiones como pulsando las cuatro cuerdas. Igualmente es un fino guitarrista de vieja escuela Hackett. Pero es en la inmensidad teclística donde brilla su talento hasta deslumbrar. Y no sólo por técnica,  sino por su amplitud emocional vía melodías asombrosas. Que conectar sentimientos por medio de sintetizadores va siendo un arte a extinguir, salvo honrosas excepciones.

Su desenvoltura solista trae a la memoria  a Robert John Godfrey, Woolly Wolstenholme, Tony Banks, Nick Magnus, Derek Schulman, John Acock, Taff Freeman o, claramente, Rick Wakeman.

Los pasajes no pierden detalle tanto en momentos románticos,  efusivos, nostálgicos o espectaculares. La voz femenina en modo coral ofrece fantasmagorías oníricas de preciosista belleza y delicado lirismo. Combina brumosos momentos acústico-folkies con grisáceos romanticismos otoñales, dignos de un "Wind & Wuthering". Y eso no está a la orden del día. No todo el prog actual tiene que parecer hecho por IAs, frío como mármol de arte funerario. También cae alguna rítmica en forma de sólido riff hard rock, que refuerza la solemnidad sintetizada. Fastuoso álbum éste,  sí,  plenamente sinfónico. Cargado con la fuerza emotiva de un compositor que sabe conectar con el corazón del oyente sensible (habrá alguno?!!!).

El criticón de turno dirá que esto es "muy sinfo" para la crudeza de nuestra actual realidad. Pero lo cierto es que si trasladásemos  éstas partituras a gran orquesta, podríamos hacer justas comparaciones con Wagner, Schubert, Schumann o Mendelssohn, y colaría sin mucho pestañear. La buena música no entiende de etiquetas ni de prejuicios trasnochados. 



Y "Stellar Gardener" es una epopeya musical magnífica. Lo que viene siendo hasta normal en Antony Kalugin bajo cualquiera de sus nombres.

J.J. IGLESIAS



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