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CRÓNICAS DE LA RESISTENCIA: Øresund Space Collective - Live in Berlin 2018

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 Este ha sido un capricho porque me salgo de mi línea habitual de progresismos sinfónicos y aunque hay algunas bandas de este estilo que me parecen divertidas y locas lo cierto es que al final siempre chocan conmigo por la cantidad de “desbarre” y minutos de relleno de música improvisada muchas veces aburrida y sin sentido.  Improvisar tocando y dar en el clavo en momentos excepcionales solo sucede en escasos minutos de inspiración o acierto. El resto salvo que vayas colocado hasta las cejas y te de absolutamente igual un pedo flatulento o un sintetizador perdido intentando buscar la tonalidad que se sé te ha ido de las manos (casi siempre) puede ser un coñazo insoportable o un aburrimiento mortal para el sufrido oyente. Yo entiendo que como músico uno se “venga arriba” en la desinhibición absoluta. Todos lo hemos hecho alguna vez, pero también hay que aclarar que el que está abajo entre el público no tiene ninguna culpa ni obligación de soportarte y aguantar tus gracietas y o...

STARDUST REVERIE - Ancient Rites Of The Moon (2014, Foque / Avispa)

 ¿De dónde sale este proyecto? ¿Cuál fue la primera chispa de Stardust Reverie? El propio Víctor Banner, padre de la criatura, lo explica de la siguiente manera en el portal oficial del grupo: «Todo esto comenzó con un tema musical que escribí para mi mujer titulado “Catina”. En aquel momento me era imposible llevarlo a los escenarios, así que me olvidé de todas esas melodías y las dejé durmiendo en el regazo de los dioses a la espera del día en que tuviese la oportunidad de convertirlas en realidad». Banner también explica que trece años tras este suceso, y mientras leía Cartas Desde Mi Celda de Bécquer, halló la bendición esperada, la melodía que daría el primer soplo de aire a “Conqueror Of Both”, pieza que ha terminado situada cual corte de apertura de este Ancient Rites Of The Moon.

 


Pero, ¿a qué suena el disco de Stardust Reverie? Los que se dejen guiar por las apariencias, por esos cambios de tesituras, por las partes bucólicas, campestres y un tanto medievales de algunas de las canciones entonadas por las voces femeninas de este álbum, y lo enfrenten al potente sonido de guitarras metalizadas de las otras partes, enseguida creerán que se sitúan ante un remedo de Rhapsody. No necesariamente, aunque los arreglos más tranquilos a veces nos los quieran recordar –también a Blackmore’s Night, y poco tiene que ver la visión de Ritchie con Luca Turilli–. Este es un álbum con un buen número de colaboradores, nombres como Graham Bonnet, Bill Hudson, Lynn Meredith o Melissa Ferlaak, y entre ellos te podrás dar de bruces con un instrumentista cuya militancia musical natural da una más que clarificadora pista. Hablo de Zak Stevens, ex miembro de Savatage, un grupo al que en más de una ocasión parecen evocar las creaciones de Víctor; y hablo tanto de la etapa más heavy del conjunto de Jon Oliva como de la marcadamente progresiva en pasajes.

 Aun así, y aunque hay ganas, buenas maneras e ideas más que aceptables, a algunas composiciones les falta ese picante, esa pizca de pimienta que las redondee. Es, a fin de cuentas, un trabajo idóneamente aposentado y que de seguro servirá para alzar una interesante carrera internacional sobre el mismo.

por Sergio Guillén

sguillenbarrantes.wordpress.com


 

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