La escena del rock progresivo italiano siempre ha sido muy fuerte, creativamente hablando. La década de 1970 en Italia fue un período difícil en cuanto a su panorama político, con climas extremadamente polarizados e intensos, que rozaban la violencia. Muchas bandas tomaron partido, lo que provocó tensos y violentos enfrentamientos en sus conciertos. Debido a este caos político y partidista, algunas bandas sucumbieron, viéndose impedidas de tocar, y muchas desaparecieron por completo de la escena, también debido a problemas relacionados con el escaso apoyo de la industria discográfica. Pero siempre fue muy prolífico. ¡Se publicaron grandes álbumes! Obras magníficas, incluso de producción local, adquirieron relevancia e influencia. A pesar del clima de violencia y polarización que vivió Italia en los años setenta, las bandas eran amigas, se comunicaban entre sí y tocaban juntas. La escena era fuerte y vibrante, aunque algunas bandas lograron mantener una trayectoria discográfica relativa...
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MAGMA - Wurdah Ïtah (1975)
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La primera versión del segundo movimiento de Theusz Hamtaahk sería en un principio considerado como un trabajo en solitario de Christian Vander para una película sobre una versión de Tristan e Isolda, extraño film de la época llamada “arte y ensayo” de un director llamado Yvan Lagrange y se llamaría Wurdah Ïtah. Al poco tiempo sería considerado el quinto álbum de Magma, aunque en esta ocasión el trabajo se reduce a cuatro únicos miembros. Vander tocaría aquí los teclados, piano acústico y Fender Rhodes, además de su batería, percusión y voz, Stella y Basquit a las voces, y al bajo Jannick Top.
Una versión minimalista de Magma aunque en su escucha no lo parezca en absoluto por la riqueza de recursos e imaginación vocal que emplean. Las voces en este disco, sin necesidad de grandes coros y excesos épicos, son realmente fabulosas. Tampoco es un disco fácil, pero es mucho más agradecido y lírico que los anteriores. 12 piezas relativamente cortas que forman un todo a modo de suite y tremendamente variado en melodías, ritmos y estructuras. Vander es un músico total, tan bueno en los teclados como percusionista. Además, su voz es única en todo el panorama de cantantes conocidos y por conocer. Su voz es un instrumento solista capaz de deslumbrar con extrañas improvisaciones como si de un saxo coltraniano se tratase, hay que oírlo para creerlo y en futuras composiciones llegará al éxtasis y entenderéis lo que quiero decir.
El idioma köbaiano en realidad no tiene traducción, aunque algunos lo han intentado. Es una forma fonética exclusivamente creada para su música. Una genial excentricidad sin duda y realmente acabas convencido de que ningún otro idioma, incluso el francés propio se adaptaría a esta forma tan especial de música increíble.
Wurdah Ïtak se iría enriqueciendo en sus posteriores versiones en directo, y como en todas las grandes composiciones magmáticas sus formas se amplían en colorido y en sensaciones constantemente cambiantes. Así pues, la música de Magma en sus casi 50 años de existencia, es una composición constante. La terminología que el propio Frank Zappa empleaba para su música como “continuidad conceptual” es mucho más exacto en el caso de Magma. El mundo de Kobaïa parece no tener ni principio ni fin.
Este quinto álbum te engancha a la primera, aunque también es cierto que yo ya llevaba una buena dosis de escuchas previas de otros de sus discos para estar lo suficientemente “familiarizado” con el asunto. Wurdah Ïtah te recarga las pilas y la serotonina cerebral sin necesidad de Prozak. Ya va incluido. De la mitad hacia el final pareces estar escuchando extrañas y salvajes danzas eslavas de la Rusia ancestral con mi querido Stravinsky incluido (este es un apunte personal) La música es exultante, llena de vida y energía y tiene partes verdaderamente maravillosas que te aíslan por completo de la insulsez de la vida cotidiana. Como un mundo paralelo imposible.
La música de Magma penetra en la piel y los sentidos casi sin darte cuenta y sientes un especial privilegio de haberlos conocido. La pasión que ponen en lo que hacen acaba en una complicidad entre músico y oyente. Es difícil de explicar, hay que sentirlo y esa es la magnificencia de la música, el arte más grande que el hombre ha creado. Creo que soy lo suficientemente explícito.
Alberto Torró
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