En un principio la banda se iba a denominar "Jam", termino inglés derivado de "jam session", pero justo antes de uno de sus conciertos, la encargada de presentarlos confundió el nombre por el de "Dżem", palabra polaca que fonéticamente se pronuncia parecido a jam. Ryszard Henryk Riedel (voz) nace en 1956 en Chorzów, Polonia. En 1973 se une a Adam (guitarra) y Benedykt Jan "Beno" (bajo) Otręba y Paweł Berger (teclados) para formar Dżem. Debutan discográficamente con "Dzień, w którym pękło niebo" (1985), grabación del concierto realizado en en el Anfiteatro de FAMA en Świnoujście. Al año siguiente publican su primer disco en estudio " Cegła. Los problemas con las drogas del vocalista Riedel llevan a la banda a sustituirlo temporalmente por Tadeusz Nalepa en la gira del 87. Con este cantante graban "Numero Uno" (1988). El grupo continua editando grabaciones con su cantante original hasta su muerte en 1994 por una ins...
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MAGMA - Wurdah Ïtah (1975)
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La primera versión del segundo movimiento de Theusz Hamtaahk sería en un principio considerado como un trabajo en solitario de Christian Vander para una película sobre una versión de Tristan e Isolda, extraño film de la época llamada “arte y ensayo” de un director llamado Yvan Lagrange y se llamaría Wurdah Ïtah. Al poco tiempo sería considerado el quinto álbum de Magma, aunque en esta ocasión el trabajo se reduce a cuatro únicos miembros. Vander tocaría aquí los teclados, piano acústico y Fender Rhodes, además de su batería, percusión y voz, Stella y Basquit a las voces, y al bajo Jannick Top.
Una versión minimalista de Magma aunque en su escucha no lo parezca en absoluto por la riqueza de recursos e imaginación vocal que emplean. Las voces en este disco, sin necesidad de grandes coros y excesos épicos, son realmente fabulosas. Tampoco es un disco fácil, pero es mucho más agradecido y lírico que los anteriores. 12 piezas relativamente cortas que forman un todo a modo de suite y tremendamente variado en melodías, ritmos y estructuras. Vander es un músico total, tan bueno en los teclados como percusionista. Además, su voz es única en todo el panorama de cantantes conocidos y por conocer. Su voz es un instrumento solista capaz de deslumbrar con extrañas improvisaciones como si de un saxo coltraniano se tratase, hay que oírlo para creerlo y en futuras composiciones llegará al éxtasis y entenderéis lo que quiero decir.
El idioma köbaiano en realidad no tiene traducción, aunque algunos lo han intentado. Es una forma fonética exclusivamente creada para su música. Una genial excentricidad sin duda y realmente acabas convencido de que ningún otro idioma, incluso el francés propio se adaptaría a esta forma tan especial de música increíble.
Wurdah Ïtak se iría enriqueciendo en sus posteriores versiones en directo, y como en todas las grandes composiciones magmáticas sus formas se amplían en colorido y en sensaciones constantemente cambiantes. Así pues, la música de Magma en sus casi 50 años de existencia, es una composición constante. La terminología que el propio Frank Zappa empleaba para su música como “continuidad conceptual” es mucho más exacto en el caso de Magma. El mundo de Kobaïa parece no tener ni principio ni fin.
Este quinto álbum te engancha a la primera, aunque también es cierto que yo ya llevaba una buena dosis de escuchas previas de otros de sus discos para estar lo suficientemente “familiarizado” con el asunto. Wurdah Ïtah te recarga las pilas y la serotonina cerebral sin necesidad de Prozak. Ya va incluido. De la mitad hacia el final pareces estar escuchando extrañas y salvajes danzas eslavas de la Rusia ancestral con mi querido Stravinsky incluido (este es un apunte personal) La música es exultante, llena de vida y energía y tiene partes verdaderamente maravillosas que te aíslan por completo de la insulsez de la vida cotidiana. Como un mundo paralelo imposible.
La música de Magma penetra en la piel y los sentidos casi sin darte cuenta y sientes un especial privilegio de haberlos conocido. La pasión que ponen en lo que hacen acaba en una complicidad entre músico y oyente. Es difícil de explicar, hay que sentirlo y esa es la magnificencia de la música, el arte más grande que el hombre ha creado. Creo que soy lo suficientemente explícito.
Alberto Torró
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