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LA ESCENA DE CANTERBURY 16. Las cenizas itinerantes y final

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 El cambio de década hacia los 80 y en adelante tan solo dejaría a una banda de la escena en los terrenos del rock-pop y esa sería Caravan con sus altibajos y discos bastante mediocres solo para fans (yo incluido). Lo que entendemos por “Sonido Canterbury” de base como una derivación británica del rock progresivo no pasaría de la década de los 70´s. Todas las bandas a excepción del señor Pye Hastings, Geoff Richardson y demás colegas desaparecerían de las formaciones originales para trabajar en diferentes proyectos individuales o bien con otros músicos de la misma línea, pero con una inclinación prácticamente y principalmente basada en el jazz. La excepción synth-pop Sería Dave Stewart y su señora Barbara Gaskin que ya nada quieren saber de complejidades con la excepción de alguna colaboración puntual en la banda de Phil Miller In Cahoots. Phil Miller (1949-2017) fue el guitarrista de la escena por excelencia. Lo podemos encontrar en el culebrón canterburiano en multitud de ocasion...

The Tangerine Zoo – The Tangerine Zoo (1970)

Billete directo a un viaje psicotrópico es lo que nos ofrece esta banda poco conocida, compuesta por miembros con una media de 20 años, pero que demuestran un temple, profesionalidad y madurez envidiables. Originarios de Boston conseguirían mantenerse apenas 3 años, en los que aportaron 2 lp's. Los dos han sido reeditados, perdurando su interés gracias a la calidad que encierran.



Las tendencias en las que se mueve la banda serán el garaje, el pop, y por encima de todo la psicodelia que fluye por los cuatro costados, con material altamente corrosivo alimentado por todos los miembros de la banda. También muestran predilección por cosas realizadas en Europa y en concreto por lo que provenía de lo que se llamó "British invasión", quedando patente al incluir un par de versiones, una de ellas "Gloria", que elevó a los altares al grupo THEM y que están situadas al principio y final del vinilo.

Su sonido en algunos trances se torna oscuro y sofocante , creando atmósferas algo angustiosas que unidas a los desarrollos psicodélicos generan ambientes extraños y algo delirantes. El órgano grave y áspero, magnífico, es el instrumento que domina la escena realizando auténticos desparrames y lanzando con frecuencia cargas de profundidad y riffs ácidos. El bajo también es un instrumento muy remarcado, desde un principio realiza un ataque directo, un pulso que bombardea sin descanso, creando una tensión a modo de latido que confiere vigor a los temas. Las guitarras no se van a quedar atrás, la psicodelia es su idioma, establecen un combo entre Benevides y Gagnon fabricando un compuesto de alucinógenos que se entremezcla con el órgano del que brotan momentos instrumentales fantásticos.



Ritmos obsesivos que nos mantienen conectados girando en torno a determinadas frases o riffs con pasajes de inspiración excelente, música en estado puro, genuina, donde no hay lugar para arreglos. Temas rotundos bajo la sombra de un órgano que se muestra descarnado y que dejan entrever una producción algo deficiente que se traduce en altibajos en el volumen de los instrumentos que intervienen.

En resumidas cuentas, un disco que merece ser descubierto y que no defrauda. Por algo se sigue reeditando. 

Juan Carlos Rustarazo



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