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THE FOUNDATION - Departure (1984 / Heavenly Heights)

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 Si existía algún sitio que en los 80 estuvieran pensando todavía en prog rock inundado de teclados, ése era Suecia. Cómo no. Los miembros de Tribute, (que no era una banda tributo, sino una performance multimedia band), se "separan". Pero siguen juntos. Curiosa forma de separarse. Más o menos, como los matrimonios separados de ahora, que viven juntos. A diferencia de éstos,  lo de esta banda no fue un infierno. Bueno, algo sí. Cambian su nombre a The Foundation, por su afición a Isaac Asimov. Y ponen en orden un caótico batiburrillo de ideas y prioridades.  Porque aquello, en un principio,  era un kilombo de gustos diferentes de cada uno de sus miembros. Johan Belín (teclados a mogollón, incluyendo los Yamaha CS-80 y DX-7, MiniMoog, Moog Source o el Roland Jupiter-6).  Jerker Hardänge (guitarras, voz), Roger Hedin (bajo y Chapman Stick) y Jan Ronnerström (batería,  percusión,  voz), serán los valientes proggers 80s, que ya es mérito. Sus fuentes de in...

DANIEL BIRO - 120 One Twenty (2017/ Sargasso)

 No podía escapar de nuestro radar berlinés, el sudafricano Daniel Biro. Nacido en Johannesburg pero ciudadano del mundo en su más amplia expresión. Se formó en los Conservatorios de Mónaco y París. Hoy vive en Londres. Miembro de pop rock bands en los 80 y 90, entre ellas con Dennis Greaves & the Truth. También con los jazz-prog-psych, Mysteres of the Revolution. Ha hecho soundtracks y música para documentales, Danza contemporánea,  Teatro, TV y posee su propio sello de música experimental,  Sargasso Records. 




Su primer álbum instrumental,  totalmente de teclados, apareció a finales de 2017, "120 One Twenty". Daniel colecciona vintage synths e incorpora a su estilo influencias jazz, debido a su amor por el piano eléctrico Fender Rhodes.

Abriendo con "Door" con mucha lógica,  enseguida se aprecia en su electronic prog una faceta melódica muy acusada. Algo así como una simbiosis entre Michael Höenig y Patrick Moraz. Gran captador de descriptiva onírica, crea mundos fantásticos de una extraña plasticidad sonora muy asimilable. Cada pincelada es un detalle para nada puesto al azar. Se nota que lleva un estudio de composición meticuloso, que funciona con natural eficacia. 

Los temas-partes se van sucediendo, "Ancient", "Nimbus", "Itinerarium", "Embark"......La maquinaria secuencial, bien engrasada, forma un todo con el contexto ambiental, integrada perfectamente en unos desarrollos imaginativos y de bella factura, muy sinfónica por momentos. Casi recordando al Alan Parsons Project en tiempos de "Pyramid" o "Eve". Ciertamente el Rhodes forma parte sustancial del estilo de Daniel Biro. Le da ésa guía,  un carril estilístico que lo diferencia del resto. Por el minuto 19' - 20',consigue alguno de los más brillantes pasajes de la actual Berlín School. Y eso se va incrementando con un vasto tejido melódico que la rítmica del secuenciador va implantando y dirigiendo. A la vez que vuelve a escucharse subliminal jazz rock, en el transcurso de la suite. Nivel A. Esto es muy bueno, mis queridos cibercamaradas! Como un primer Weather Report fusionado a la Berlín School!  

El sinuoso solo de sinte por el minuto 30' podría ser un saxo en un contexto ambient jazz de marca Zawinul-Shorter. Siguen sucediéndose tracks-parts....."Levitator", "Barren", "Immortal", "Returning" y "Outside". Ahora con burbujeantes guiños al "Aqua" de Edgar Froese. Pero el relajante Fender Rhodes nos advierte que estamos ante música de Daniel Biro. Con un leve delay, consigue situaciones de melancolía y nostalgia en muy pocas notas. Peter Bardens me viene a la memoria, cuando Camel se infectó de "locura lunar". También a Dave Greenslade. Pero llevado a fantásticos parajes space esculpidos con imaginación ilimitada. Escuchar la delicadeza kosmische hacia el minuto 45" es asistir a algo inusual en éstos territorios. Puro escapismo reinventado de manera magistral.


 

Minuto 50" de partido y algo de la escuela francesa también se nos cuela por aquí,  Jarre + Rhodes piano que ofrece una nueva dimensión al asunto. Porque Daniel Biro se ha propuesto con ésta obra renovar, sin perder nada de la clásica esencia. No sólo lo consigue, es que se ha puesto el listón muy alto. En los últimos momentos de ésta suite de 65 minutos, asistimos tras una explosión de color orquestal, a un limbo cósmico digno de "Alpha Centaury" ,"Atem" o "Zeit".

Uno de los sintetistas más originales y frescos de los últimos años. Joya.

J.J. IGLESIAS


 

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